De repente en mis redes casi todos pensamos de manera similar, los contradictores se esfuman, algunas personas con las que podía intercambiar opiniones, que en internet no es fácil, hacen muy poca presencia en mi muro, casi todos los días veo a los mismos, el sistema decide qué debo hacer, selecciona mis compatibles y anticipa, según él, mis intereses. Una buena amiga me lo recordaba esta semana: “una de mis más grandes alumnas, que veo poco, es mi detractora profunda, nos hablábamos en Facebook, pero como no se parece a mí, el algoritmo la desapareció”.
No hay nada más perverso que el dichoso algoritmo, porque hace aparecer como ciertas lo que no son más que verdades a medias, nos hace creer que el mundillo en línea es el mundo y que la burbuja...