Al verla montando el monociclo da la impresión de ser una experta malabarista. Se mueve con facilidad de un lado para otro sin el menor temor a caerse. A sus 8 años, Nicole Foronda Castro no sabe qué es jugar con muñecas, pero ya es toda una campeona mundial de bicicrós, obsesionada con seguirle los pasos a la campeona olímpica Mariana Pajón.
Desde que tiene algo de uso de razón, se inclinó por los juegos didácticos. Y a diferencia de otras niñas de su edad, en su cama de habitación, muñecas y peluches brillan por su ausencia.
Lo que sí no ha faltado allí es el triciclo. A los 13 meses de nacida ya se paseaba por todos los corredores de la casa exhibiendo una sonrisa y pidiendo que la empujaran, cuenta su madre Gleider Elibeth, quien también la ha visto bajar rauda por las calles del barrio.
Cuando ajustó los tres años de edad recibió el regalo, que sin querer, le marcó el inicio de su carrera deportiva: una bicicleta, a la postre, causante de que sus padres se quedaran con las ganas de verla en una escuela de ballet.
Y todo porque consideraban que el bicicrós, y el ciclismo en general, es un deporte para hombres. Pero debieron olvidarse de la disciplina de movimientos lentos y elegantes, para observarla en una pista a altas velocidades, pasando morros y esquivando curvas.
Y Nicole, que creció “de la mano” de una bicicleta, descrestó el día que pisó la pista Antonio Roldán, porque con soltura pasó todos los resaltos y a gran velocidad. En ese momento sus padres se dieron cuenta que ella era para el bicicrós. “No nos quedó más remedio que comprarle la bicicleta y el uniforme”, dicen ellos al unísono.
Ya es campeona mundial
Dos años después de haber empezado esta práctica, la niña de escasos 1.32 metros de estatura, 34 kilos de peso y ocho años recién cumplidos, es toda una campeona mundial. En Zolder, Bélgica, el pasado mes de julio, una británica, Lucy Hutt, y una australiana, Portia Eden, debieron inclinarse ante su categoría.
Gracias a sus condiciones comenzó a cosechar elogios en cuanta prueba femenina se inscribía en el país y por enfrentarse con varones para subir de nivel. De ahí que no fue sorpresa ver su nombre en la Selección Colombia para competir en un Suramericano, su primer reto internacional.
Gleider recuerda que fueron 27 horas de viaje acompañando a su hija, pero lo disfrutaron demasiado. Luego vino Bélgica, después Perú y, a principios de este mes, Estados Unidos.
En solo dos años esta niña, que nació y ha crecido en el barrio Castilla, sigue los pasos de una grande en el mundo, Mariana Pajón, precisamente a la que no se saca de la mente, porque quiere ser igual a ella y darle muchos triunfos al país. “Yo voy a ser como Mariana”, lo dice Nicole con firmeza.
Es tímida, le huye a los micrófonos y a las preguntas de los periodistas. Sin embargo, tiene a un ángel guardián -su madre- para sacarla de todos los apuros. “Mamá, ¿qué digo?”, es una pregunta constante que pronuncia.
Gleider, quien ya hizo el duelo por no tener una bailarina en su hija, se siente igual de orgullosa por los logros de la pequeña en el BMX.
“Todos estamos aterrados, porque en solo dos años ha conseguido muchas cosas. Ella siempre quiere estar en la pista y corriendo con hombres, porque, dice, así sube su nivel”.
Madrugones deportivos
Nicole sabe que su camino ya es diferente, que su nivel la obliga a tener una agenda y una disciplina férreas, con madrugones a las 6:00 de cada mañana para ir a la pista de Belén a entrenar de mañana y tarde, sin descuidar el estudio.
En ambas actividades es sobresaliente. En el colegio Jesús María El Rosal, en Castilla, varias veces ha tenido mención de honor, de ahí que su paso al tercer grado, haya sido con notas muy altas.
“Es una niña muy responsable, juiciosa, de la cual estamos muy orgullosos tanto su hermanito, como su papá y yo”, asienta Gleider.
En el barrio es toda una figura, sus amiguitas se sienten muy orgullosas y hablan maravillas de ella. “Me mandan cartas y me felicitan. Yo me mantengo con ellas, siempre estoy con Luciana y Catalina”, es de lo poco que dice Nicole, porque lo único que quiere es estar sobre el monociclo, sin preguntas, pero demostrando cuánto se divierte.
Igual sucede en la pista. Cuando se monta en la bicicleta está atenta a todo lo que le diga su entrenador César Acevedo, el mismo del equipo W-Élite, que agrupa a varios campeones y se ha convertido en la posibilidad para que muchos bicicrocistas se muestren en el panorama nacional e internacional.
“Voy a ser la mejor”
Ya más suelta y dejando el temor que le significa hablar con extraños, empieza a contar que “gracias al equipo ya he podido salir sin que mis padres tengan que poner plata, como sucedió ahora para el viaje a E.U. Ellos se preocupan mucho por todos nosotros”.
Y prosigue: “mi técnico me dice que voy muy bien, pero que tengo que entrenar y trabajar mucho para llegar a ser como los grandes. Yo quiero ser igualita a Mariana”.
Y esa es su “obsesión”, así tenga que hacer sacrificios, como en la comida, porque si fuera por ella, todos los días consumiría chicharrón y “mecatearía”, especialmente helados, antes de que empiece una dieta deportiva consistente en verduras y carnes blancas.
Por ahora, ese no es un gran problema, a medida que crezca y sea una deportista de élite, sus costumbres van cambiando y así lo entienden sus padres. “No es fácil con estos niños cambiarles los hábitos alimenticios, pero nosotros le hemos ido modificando el menú para que tenga una alimentación más sana”, revela su padre Luis Guillermo, mientras Nicole escucha atenta.
Por lo pronto va por el camino correcto.
“No hay dudas que en su categoría no tiene rival en Colombia y el mundo y si sigue así, va a ser la mejor en todas las divisiones”, remata Martín Posada, gerente de la Comisión de Bicicrós de Antioquia.
Por algo sería que Nicole dejó las muñecas para ser la número uno del bicicrós mundial en su categoría.