Fotos Donaldo zuluaga
El río Atrato es como un dragón. Un monstruo invencible que no vomita fuego sino toneladas de sedimentos que van a dar a las playas de Urabá, dibujando un panorama similar al que dejaría un pequeño tsunami.
En total, está contado, son 11,26 millones de toneladas al año. Entre los ríos Chigorodó, León, Vijagual, Grande, Zungo, Apartadó, Carepa, Currulao, Guadualito y Turbo, afluentes del Atrato, se amasan 4 millones más, para un total de 15,4 millones de toneladas, revela el Instituto de Investigaciones Marinas (Invemar).
Antioquia tiene 425 kilómetros de playa y es el segundo departamento con más costa en el Atlántico. La tiene en los municipios de Arboletes, San Juan, Necoclí y Turbo, pero casi inexplotadas turísticamente. En la vida cotidiana de los pobladores sí está arraigado el mar. Gran parte de sus habitantes vive de la pesca y cerca a las playas se asientan las poblaciones.
Pero los municipios no abocan la tarea de frenar la erosión ni los sedimentos. Es lo que la población pueda hacer, los dolientes civiles que se angustian con el panorama desolador. Individualmente hacen esfuerzos por frenar la avalancha.
Ana Caicedo, estudiante de oceanografía en la sede de Ciencias del Mar de la Universidad de Antioquia en Turbo, afirma que eligió la carrera porque “vivo en Turbo y me preocupa el problema de las playas y deseo conocer la dinámica del océano”. Asegura ser consciente de que las problemáticas son grandes.
Alfredo Jaramillo Vélez, coordinador del programa de Ingeniería Oceanográfica de la Facultad de Ingeniería, detalla que la Alma Máter, está formando allí a estudiantes en ingeniería oceanográfica, ecología de zonas costeras, oceanografía e ingeniería acuícola, aunque aclara que en la seccional se ofrecen programas de otras áreas del saber.
“La idea es darles un ámbito de formación, estamos formando gente útil para todo el Caribe y el Pacífico colombiano”, en donde pueden aportar sus conocimientos para ayudar a resolver problemas, asegura el ingeniero Jaramillo Vélez.
En un recorrido por las cuatro costas, EL COLOMBIANO comprobó que en ninguna localidad se ejecutan obras para reducir el impacto de la erosión y los sedimentos. Todas las playas de Urabá registran alto grado de contaminación, pero la gente entra al mar y se divierte. Mar y playa, al fin y al cabo, son riquezas naturales y hay que disfrutarlas, dicen los turistas que se ven por allá....