Su pasión es una: compartir el mayor tiempo posible con su hijo Juan Martín, de apenas dos años y medio. Ese es el dolor de cabeza de Juan Manuel González, elegido el mejor piloto nacional de automovilismo.
Su vida es sencilla, prima la familia de la cual hace parte su esposa, Manuela Garcés, y ahora no ve le hora que llegue febrero, mes que debe nacer Julia.
Capítulo aparte merece su padre, Jorge Darío, de quien habla maravillas y le debe todo lo que es, no solo en el deporte, también en su vida personal.
Su pinta es de niño, no aparenta los 24 años que tiene y es de esos que muchas mujeres denominan “tumba locas”.
Nació entre los motores, trató de llegar a ser un piloto de gran talla internacional, pero las grandes inversiones económicas que tenía que hacer, frenó sus intenciones.
Por eso, muy juicioso se levanta todos los días para dirigirse a la universidad Eafit y seguir el camino, que lo debe llevar en unos dos años a graduarse en Administración de Empresas.
“Tengo una vida muy clara. Antes sólo vivía para montarme en un carro y salir a altas velocidades, sin muchos temores. Hoy ya pienso en mi familia y entiendo que es lo primero. El automovilismo, casi que es un hobby, porque sé que ya no paso de ser el mejor en Colombia. Eso lo tengo muy claro. A los 15 años me destacaba en competiciones y tenía todas las condiciones para salir, pero no se pudo, ahora es casi que imposible”.
“Juan Manuel es diez en todo. Como piloto tiene todas las condiciones y como persona igual, con un gran amor por la familia. Le faltó apoyo para ir al exterior. A su edad, nadie le gana”, dice su padre Jorge Darío.
Su mayor alegría es cuando no tiene mucho trabajo en la tarde, pues labora con su padre en la comercialización de disolventes para pinturas, pegantes y resinas. Tiene todo el tiempo para jugar con Juan Martín.
“Me copa la mayor parte de mi tiempo libre. A su edad le gusta jugar mucho y yo trato de aprovechar estos ratos con juegos didácticos y algunos otros para su motricidad, como que corra por la casa. Uno queda como un “chupo”, pero satisfecho, porque los hijos son una bendición de Dios. Los fines de semana los tengo reservados para él y mi señora. Normalmente salimos a comer, es como un ritual”.
También sabe que otra de sus funciones es llevar a su hijo a la guardería y cuando pueda recogerlo, ir al parque con él y bañarlo.
Cuando el trabajo y su familia no lo tienen ocupado, aparece su otra gran pasión: la bicicleta. Y llega a tanto que hasta se buscó un grupo de amigos (son quince), que de manera infaltable salen a montar de lunes a viernes por Las Palmas y los fines de semana cambian de rumbo ya sea para Bolombolo, San Jerónimo o Llanogrande.
“Ya casi que digo que me gusta más la bicicleta que los autos. Esta disciplina me ha servido mucho para la parte física. Es la mejor manera de comenzar el día, porque queda uno listo para realizar cualquier función. Me hace falta salir a montar. Por eso siempre a las 6:00 de la mañana ya estoy fuera de la cama”.
Para tener esa disciplina, su vida ha sido muy sana. Ni siquiera cuando estaba joven, era de rumbas, trasnochadas o salidas con amigos. Era de acostarse temprano. De no saber qué es una copa de licor.
“Desde muy pequeño me dediqué al deporte, gracias a la herencia de mi padre y eso me enseñó a llevar una vida muy sana, muy tranquila, no de sacrificios, porque son cosas que le gustan a uno y lo hacen feliz. No quiere decir que somos unos bobos por no parrandear o beber, no, somos antes personas que respetamos nuestro cuerpo y la vida”.
Cree que la gente piensa que montarse en un auto de carreras es como salir por la autopista o ir por una transversal, con aire acondicionado y manipulando una dirección hidráulica. Cuando lo que viven es algo muy diferente, como calor intenso, dirección mecánica, tensión y mucha fuerza en hombros y brazos. “Eso nos obliga a estar preparados física y mentalmente, como debe suceder en todos los actos de la vida”.
Es de los que no tiene en su menú la comida “chatarra”. Su alimentación es una prioridad, debe ser muy sana con mucha ensalada. Muy de vez en cuando se come una hamburguesa o toma gaseosa. Frutas, pastas y carnes blancas, son prioridad en el mercado.
“No por ser un deportista de élite hay que comer bien, es una costumbre y además es por salud. En ese sentido sí soy muy estricto y trato de comer a horas”.
En lo otro tema que se cuida es en la forma de vestir, tratando de estar siempre bien presentado porque considera que la presencia es muy importante, sin tener que ser marquillero.
“Me gustan mucho los jeans, las camisetas con cuello, los zapatos sport y cuando toca cachaco, hay que colocárselo”.
Sencillo, amable con la gente y con un amor profundo por la familia, es el mejor piloto del año en Colombia.