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¿Llegará hoy a su fin la pesadilla nuclear?

En la ONU se vota un acuerdo que obligaría a eliminar y prohibir este tipo de armas, si el boicot de las potencias no lo vuelve utopía.

  • Desde este avión fueron lanzados los ataques nucleares contra Hiroshima y Nagasaki. FOTO ARCHIVO
    Desde este avión fueron lanzados los ataques nucleares contra Hiroshima y Nagasaki. FOTO ARCHIVO
Prohibición de armas nucleares
07 de julio de 2017
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La humanidad guarda en la memoria del horror la imagen de lo ocurrido hace siete décadas en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Entonces, dos ataques nucleares provocaron la muerte de 214.000 personas, hirieron a 120.000 y generaron casos de leucemia y de otros tipos de cáncer por el envenenamiento de la radiación.

Aquellas gigantescas nubes en forma de hongo sobre el cielo nipón, los cuerpos calcinados y la destrucción en tierra (que ardió a 4.000 grados celcius) no volvieron a verse. Sin embargo, “nunca habíamos estado tan cerca de repetirlo como ahora”, advierte John Loretz, director de programa de la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear (IPPNW), una organización reconocida con el Premio Nobel de Paz en 1985.

Según los análisis de su organización, solo una de las 15.000 ojivas nucleares (armas de destrucción masiva) que nueve países tienen en su poder hoy (ver margen derecho de la infografía) explotaría 20 ó 30 veces con más potencia que las lanzadas en 1945 por Estados Unidos en los poblados japoneses.

Loretz y su equipo también determinaron el efecto del desastre: una bomba actual formaría una gigantesca esfera de fuego a solo una milésima de segundo de ser lanzada. Después de 3 kilómetros de distancia, empezaría a andar en todas las direcciones y se calentaría tanto como el Sol. A una distancia de 6 kilómetros, los carros se derretirían y el calor sería tan intenso que todo lo inflamable (papel, tela, gasolina, plástico, madera) ardería. Después, cantidades masivas de humo y hollín podrían hasta alterar el clima de la Tierra, acabar con las posibilidades de conseguir alimentos para 2 mil millones de personas y producir una contaminación radioactiva que permanecería activa durante milenios.

En ese escenario de pesadilla, la raza humana estaría en peligro de extinción. Por eso justamente es que la IPPNW es una de las organizaciones que lidera hoy en la sede de las Naciones Unidas de Nueva York la negociación para votar “un instrumento legalmente vinculante que prohiba las armas nucleares y lleve a su total eliminación”.

Eliminación: el fin

El objetivo suena a utopía, teniendo en cuenta que Corea del Norte acaba de lanzar por primera vez un misil intercontinental con capacidad de llegar hasta Alaska y que las grandes potencias, sobre todo Rusia, China y Estados Unidos, reconocen y aprovechan los efectos disuasivos del poderío nuclear.

De hecho, para Mauricio Jaramillo, internacionalista de la Universidad del Rosario, si ni siquiera es posible una reducción de ojivas (en marzo Donald Trump anunció que aumentará el arsenal de su país), menos probable será la eliminación. Además, si bien convendría un mundo libre de armas nucleares, mucha gente las defiende como manera efectiva de garantizar la paz. “Tiene efectos discursivos, mantiene equilibrios difíciles de lograr de formas en que ni la negociación, ni la vía económica y cultural logran”, comenta el experto, para quien la paz no puede ser solo un imperativo moral, sino racional.

Al pesimismo de la academia, se suma el de algunos gobiernos. Todos los estados poseedores de armas nucleares (y sus aliados), excepto Corea del Norte, han emprendido un boicot contra la negociación del tratado, que se inició en noviembre del año pasado. Hasta Japón, el único país que ha sufrido ataques nucleares y que hoy se encuentra amenazado por las pruebas con misiles de su vecino comunista, parece que se abstendrá en la votación con el objetivo de cuidar su amistad con Washington, Londres y París.

Entretanto, el periódico The Guardian denunció que Australia está liderando el lobby para descarrilar los alcances del tratado. “El país proporciona arriendos para los principales sistemas de satélites y radares utilizados por Estados Unidos para los puestos de mando y control de armas nucleares, y ha tenido una serie de gobiernos que tienden a apoyar los objetivos estratégicos y militares de Washington”, explica Loretz, y detalla que los activistas de su organización en Sidney, mediante solicitudes de la Ley de Libertad de Información, documentaron la colaboración entre ese gobierno y funcionarios estadounidenses para obstruir toda iniciativa de impacto humanitario y las negociaciones de prohibición de armas nucleares.

“Ninguno de estos países ni sus aliados está listo ahora para negociar la eliminación de su arsenal nuclear. Ellos creen que cualquier progreso debe hacerse sobre la base de incremento de poder”, afirma Alicia Sanders-Zakre, coordinadora de la Iniciativa para el Control y la No Proliferación de las Armas en el Instituto Brookings.

De acuerdo con la investigadora, si la negociación de hoy produce un tratado, éste tendría poco efecto práctico sin la participación de los estados poseedores de armas nucleares, mientras que no es clara la capacidad de mantenerse unidos de los países que no poseen dichos arsenales.

Para completar, el diálogo real que permitió tener este viernes un documento para someter a votación entre los países miembros de la ONU, en una conferencia que hace las veces de Asamblea General, duró apenas cuatro semanas, cuando las negociaciones sobre la Convención sobre las Armas Biológicas tomaron tres años (1969-1972); las de la Convención sobre las Armas Químicas, ocho, y el Tratado sobre el Comercio de Armas, dos.

Reproche: el efecto

En diciembre de 2016, cuando la Comisión Primera de la Asamblea General de la ONU aprobó que se hiciera la conferencia de hoy en Nueva York para someter a escrutinio entre los miembros de ese órgano la eliminación de las armas nucleares, las posiciones quedaron en evidencia: 48 países dejaron clara su falta de apoyo a la causa o se abstuvieron de mostrar una opinión.

Sin embargo, 113 restantes (más de los dos tercios necesarios para aprobar el tratado) se han mantenido en su decisión de apoyar las negociaciones, lo que frena a los estados poseedores de armamento nuclear de bloquear el acuerdo, aunque éstos queden sin participación y puedan continuar con sus arsenales.

Ahí entonces radica la gran debilidad del proceso: ¿de qué vale que un centenar de países sin ojivas nucleares logren un consenso contra estas, si las potencias seguirán multiplicando su armamento?

“El tratado logra eliminar el prestigio político que solían tener las potencias, estigmatiza su posesión de armas nucleares, provee una fuente de presión legal, política, ética, económica y de la sociedad civil sobre los estados armados nucleares y alienta a las instituciones financieras a despojarse de las compañías productoras de armas nucleares”, sugiere Tilman Ruff, fundador de la Campaña Internacional para la Abolición de las Armas Nucleares (ICAN, por sus siglas en inglés).

A lo anterior se suma que, finalmente, las armas nucleares, “las más destructivas, inhumanas e indiscriminadas de todas las armas”, quedarán sobre la misma base legal que las biológicas, químicas y antipersonales, añade el experto.

Y es que si el tratado se aprueba, como se espera, se prohibirá (solo entre los firmantes) desarrollar, probar, producir, fabricar, poseer, transferir, almacenar y amenazar con armas nucleares.

También se comprometerá a los Estados a abordar los derechos y necesidades de las víctimas de pruebas nucleares y de la rehabilitación de entornos contaminados.

Así las cosas, para Peter Hayes, director del Instituto Nautilos para la Seguridad de la Universidad de Berkeley (California), el alcance de las negociaciones de hoy es “cero”. Según dice, el creciente enfrentamiento entre Corea del Norte y Estados Unidos es muestra de ello. “Los dos están acumulando inmensas cantidades de violencia potencial en ambos lados, que podrían utilizarse casi sin tiempo de aviso y en un espacio relativamente pequeño”, advierte el experto, para quien el lanzamiento el martes pasado de un misil intercontinental y las subsecuentes exhibiciones de amenazas de Washington solo agravaron esa situación (ver parte inferior de la infografía).

Pese al escepticismo y al boicot, hay quienes creen que el tratado de prohibición debe ser visto como un paso intermedio hacia la desnuclearización mundial. “Es el segundo bloque de construcción hacia un mundo libre de armas nucleares”, insiste Loretz, esperando que quienes ostentan con el poder de las ojivas terminen sintiéndose aislados del resto y “en el lado equivocado de la moralidad”.

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