El mensaje es claro para los países de Medio Oriente, para las potencias y en general para toda la comunidad internacional: como los kurdos fueron el factor clave para torcer la balanza contra la barbarie del Estado Islámico, ahora quieren su recompensa, la largamente esperada independencia y la formación de una República.
El lunes, 3,3 millones de habitantes del Kurdistán iraquí acudieron a las urnas a suscribir democráticamente su opinión. Esto es un 75 % de participación, y aunque todavía no se conocen ni los resultados parciales del referendo independentista, el gobierno autónomo aseguró que es previsible un “sí mayoritario”.
Tras ello, en la noche del lunes salieron caravanas masivas de gente en las localidades de la región iraquí celebrando la votación con banderas, ruido de vehículos y pólvora, aunque ya ayer las calles de Erbil, la capital kurda, volvían a la cotidianidad. No obstante, la opinión de la mayoría de sus habitantes no cambiaba.
“Somos el pueblo kurdo, no somos árabes, no somos persas. Somos kurdos y lo seguiremos siendo siempre” exclamó ante la AFP Ahmad, un residente de Erbil.
Entretanto, el primer ministro iraquí, Haider al Abadi, dio un plazo de 72 horas el martes para que los efectivos kurdos entreguen vías y aeropuertos de dicha región. “Este referéndum puso los intereses de los países de la zona en peligro”, añadió.