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Porfirio, a escena entre humo y licor

A escena subirá su poesía. Y su personalidad impetuosa y engreída, dominada por la bohemia y el hedonismo.

  • Porfirio, a escena entre humo y licor | Porfirio Barba Jacob era también periodista, orador y un eximio conversador. FOTO CORTESÍA
    Porfirio, a escena entre humo y licor | Porfirio Barba Jacob era también periodista, orador y un eximio conversador. FOTO CORTESÍA
14 de mayo de 2014
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Como en el teatro La Hora 25 acostumbran realizar montajes de obras de autores clásicos, ahora tienen la temporada de Porfirio Barba Jacob, el hombre que parecía un caballo. Porque este poeta es uno de nuestros clásicos

"Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,/ como las leves briznas al viento y al azar(....)". Sí, ese mismo. El poeta nacido en Santa Rosa el 27 de julio de 1883. Bautizado con el nombre de Miguel Ángel Osorio Benítez. Trasladado muy pronto a Angostura. Dueño de plantas inquietas que lo sacaron de Antioquia siendo niño, lo pusieron a errar por Centroamérica y el Caribe cuando joven, y lo llevaron a morir a México, el 14 de enero de 1942, sin apenas envejecer.

El actor que lo interpreta, Gustavo Montoya, halló en ese escritor un personaje singular. No solo por su poesía delirante, sino porque todo en él es muestra de una personalidad encantadora, no siempre sana.

"Voz sonora, actuar impetuoso, personalidad engreída, como él mismo lo decía. Porfirio era un personaje completo, con características llamativas para llevarlo al teatro", dice Gustavo, quien ha estudiado al personaje durante más de diez años.

Todo comenzó con un pequeño trabajo, una lectura dramática, cuando Montoya estaba vinculado a Ateneo Porfirio Barba Jacob, ese espacio cultural situado en el subsuelo de las Torres de Bomboná. Era más un acercamiento al dueño del nombre del sitio. Pero con el tiempo, con el estudio, la experimentación y el asombro, Gustavo ha conseguido montar un drama centrado en los últimos años del escritor, enfermo y decadente.

Y a quienes le preguntan si la poesía sí tiene lugar en el escenario, él les contesta que el teatro puede ser muchas cosas, entre ellas, poesía.

"Mi vaso lleno —el vino del Anáhuac—/ mi esfuerzo vano —estéril mi pasión./ Soy un perdido —soy un marihuano (...)". Más grande que Lorca, según el mismo Lorca, de acuerdo con lo que se lee en El Mensajero, la novela de Fernando Vallejo, Porfirio se le reveló al actor como un ser fascinante. Pagaba a quien lo insultara de manera ingeniosa, se enajenaba con marihuana, alcohol y poesía y en esas ensoñaciones seguía creando.

"No sé por qué soy tan enfermo, si en realidad tengo sífilis y tuberculosis. Si soy un marihuano y morfinómano y homosexual, y apenas me emborracho tres veces al día", decía Barba cuando reconocía su estado grave.

"Conectado a tanques de oxígeno pesadísimos que debían subirle hasta un piso alto, cuando se le acababa el licor recurría al alcohol del reverbero", cuenta el actor.

Ricardo Pastor Montoya, "mi padre, tenía un gran parecido con Porfirio y en Envigado le decían el Hombre Caballo", revela Gustavo, cuya semejanza física con el poeta también es notable.

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