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Nacho, el zocalista de Guatapé

EN MENOS DE tres años, este pueblo antioqueño cambió totalmente su pinta y el gran artífice de la obra es Ignacio Suárez, todo un artista.

  • Nacho, el zocalista de Guatapé | Róbinson Sáenz | En cada casa de Guatapé, el zócalo le rinde homenaje a algo especial relacionado con el dueño del inmueble, ya sea por su oficio, por un recuerdo de un ser querido o por el amor a su pueblo.
    Nacho, el zocalista de Guatapé | Róbinson Sáenz | En cada casa de Guatapé, el zócalo le rinde homenaje a algo especial relacionado con el dueño del inmueble, ya sea por su oficio, por un recuerdo de un ser querido o por el amor a su pueblo.
19 de noviembre de 2011
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Está hermoso Guatapé y más colorido que nunca. En menos de tres años, este pueblo del Oriente se convirtió en uno de los más bonitos y exóticos de Antioquia y el artífice de este milagro es un sencillo artesano de nombre Ignacio Suárez García, Nacho.

Aunque en el pueblo hay otros artesanos -en total 22- que se dedican a lo mismo, a decorar zócalos, sin duda entre todos el más popular es Nacho, pues además de ser pionero en el oficio, ya se convirtió en todo un artista y a la vez maestro de aprendices.

Desde que hace unos tres años el alcalde, John Jairo Martínez López, decidió decretar que todas las casas de Guatapé debían tener un zócalo, Nacho se ha deleitado ejerciendo a sus anchas este oficio. Y lo ha hecho con tanta filigrana y refinamiento, que en poco tiempo lo convirtió en un arte.

-Ya no es el mero zócalo con un motivo sencillo, tradicional, como flores, la piedra de El Peñol y figuras geométricas-, como era antes, sino algo conceptual, ligado a la historia de las casas y los personajes que las habitan, señala.

Así, por ejemplo, para inmortalizar a sus tres abuelos -uno arriero, otro comerciante y el otro cafetero-, Rubén Osorio hizo pintar en ambas paredes del zaguán de su casa un gran mural para destacar los oficios que ellos desempeñaron en vida.

Rubén, a pesar de ser ciego, quiso que los personajes de la pintura quedaran hasta parecidos a sus abuelitos, ya fallecidos, y Nacho logró darle gusto.

-Yo no puedo ver el zócalo, pero lo palpo y todos me dicen que quedaron muy parecidos-, anota Rubén.

Ahí está la historia
Pero no es sólo pintura lo que tienen los zócalos. La mayoría de estos o prácticamente todos son elaborados en alto relieve, lo que implica moldear figuras de cemento que se hacen sobre el mismo muro y allí son talladas, pulidas y pintadas.

Nacho explica que él llega a cada pared, la divide por cuadrantes, hace mediciones geométricas del espacio y cuando tiene todo listo y el motivo a pintar, procede al vaciado del cemento.

-Hay que dejarlo secar media hora y ese es el punto para empezar a tallar las figuras-, explica.

Sus grandes alumnos son su propio hijo Nigdan y Juan Gabriel Castaño, un joven de 20 años con quien por estos días elabora el zócalo de un parqueadero a la entrada del pueblo.

Sin egoísmos, Juan Gabriel reconoce todo lo que le ha enseñado Nacho y este a su vez admira los progresos del joven.

-Desde niño me gustaron la pintura y el dibujo y estoy feliz trabajando en esto, porque es ejercer mi arte-, comenta Juan, que ya tiene zócalos propios regados en muchas casas y locales.

Incluso, uno está en su propia vivienda. En él les rindió homenaje a los arrieros paisas. Lo propio hizo Nacho en su vivienda, donde pintó su pasado de lanchero.

Las obras que más orgulloso tienen a Nacho son tres: el acuario en la casa de Arturo Tabares, que quiso eternizar su oficio de cultivador de peces. Otro es Realismo Mágico, un mural de imágenes surrealistas elaborado en la vivienda de María Isabel Correa, que es todo un cuadro expuesto a la vista de los transeúntes. Y el otro es del centro gerontológico, donde pintó la historia de una persona desde que nace hasta que envejece.

-Están el bebé, el joven, los novios, el matrimonio, la tercera edad y la vejez y todo lo que los viejitos usan, como sillas de ruedas, muletas, camas especiales-.

En Guatapé, con los zócalos, que ya son verdaderos murales, se está escribiendo la historia del pueblo, pues cada obra es una especie de biografía del dueño del inmueble.

Así se ven caballos en la casa del caballista Orlando Salazar; muros, palustre y hachuela en la vivienda del albañil Duván Piedrahíta, y hasta una pantera rosa en la casa de un muchacho al que desde niño le pusieron este apodo.

Tribilín, la Pequeña Lulú, la abejita Maya, un rapero cantando, rosas en el jardín de una señora de nombre Rosa y hasta imágenes de Cristo y la Virgen en otras viviendas, son otros de los motivos que se observan cuando se camina por las calles.

Todos están ligados a la historia que se escribe en cada casa.

-Es algo ya conceptual y tenga la seguridad de que esto va a trascender al mundo-, afirma Nacho.

No hay que dudarlo. Tal vez en Antioquia no se le ha dado a esta obra la dimensión que tiene. Cuando todo el pueblo esté pintado, y de esto sólo falta un 15 por ciento, se inscribirá a Guatapé para el récord Guinnes como el pueblo con más zócalos del mundo.

El alcalde electo, dicen en el municipio, piensa extender la norma a las viviendas rurales y así Guatapé será todo igual de encantador.

Lo que asombra es la extremada sencillez de los artistas que han logrado este milagro, como Nacho o Manuel Macana, un pintor de academia que también ha construido murales memorables.

-Yo quisiera irme a hacer esto mismo a otra parte, al exterior, porque ya me han invitado muchos extranjeros que llegan acá y se enamoran del trabajo, habrá que esperar-, dice Nacho.

Ya le llegará esa hora. Y no sólo el pueblo de los zócalos lo recordará.

Por esos muros que son "mi taller", como él mismo lo dice, su historia trascenderá, pues lo que hace no sólo está en la memoria sino también en cada pared de ese pueblo multicolor que para muchos ya es el más hermoso de Antioquia: Guatapé, donde Nacho no nació pero sí ancló para sembrar su amor y dejarle como herencia lo mejor de su arte.

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