José Bernardo Alzate le cuenta entre 120 a 150 años de tradición. Su madre lo hacía, la abuela y la madre de ésta, pasando de una a otra cocinera, de años en años, de generación en generación.
Son 7 capas de felicidad. Cinco de frutas y dos de bizcochuelo. Demora 12 o 15 días en estar listo, como deben ser las cosas bien hechas, con tiempo.
La primera capa es la roja. Papaya madura con piña y coco. Después sigue el bizcochuelo, luego va el cubrimiento de brevas caladas en panela, viene un manto de arequipe, otra lámina de bizcochuelo, un revestimiento de papaya verde calada en panela y por último el más demorado, cáscara de toronja con piña y coco.
Siete capas artesanales, naturales, a punta de mecedor y todas empapadas en ron y vino. ¿Lo ve complicado? Le tengo la solución. Viaje a Jericó, visite al señor Alzate en la Pizzería de José y disfrute una rebanada, o en familia el postre entero.
No sienta remordimientos, comer es el único arte donde el admirador puede incorporar la obra. Además lo convido a que visite en el mismo municipio el café El Saturia.
El nombre hace honor a la abuela de los pujantes dueños. Allí le venden el café para acompañar el postre. Puede escoger entre 10 marcas de café de origen. Todos deliciosos.
En el mismo sitio lo tuestan con la curva adecuada. Lo puede pedir de la montaña o de la vecindad con el río Cauca, pero despreocúpese, le recomiendo todos.
Son producidos por los campesinos aledaños, personas de corazón limpio, amantes del servicio, de mirar honesto y trato cálido, como el clima jericoano... y de buen gusto.
Cada día estoy más convencido de la calidad de nuestros platos, de nuestras recetas, de nuestros sabores y de nuestras gentes.
Ojalá deje de ver tanto volcán de chocolate y tiramisú mal hechos en las cartas de los postres y comience a encontrar en los restaurantes delicias y cafés como los narrados.
Si vamos a apoyar a los campesinos, por aquí comenzamos.
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