Cuando vi su nombre, hojeando un libro desconocido, no sabía su historia. Pensé que se trataba de algún pariente del general Uribe Uribe. Luego sentí vergüenza de mi ignorancia. Era un científico. Había nacido en Medellín en 1900. Era hijo de un gran botánico y, además, había sido sacerdote. Tenía noticias de varios clérigos como él, dedicados a la ciencia en la época colonial, pero en el siglo XX? ¡muy pocos!
Su historia me dejó conmovido. Su nombre era Antonio Lorenzo Uribe Uribe . Sus alumnos lo llamaban el padre Lorenzo. Era hijo del botánico Joaquín Antonio Uribe , nacido en Sonsón, y Carmen Uribe. Estudió bachillerato en la Universidad de Antioquia. Entró a la Compañía de Jesús en 1916. Después de estudiar filosofía en Bogotá, viajó a España a estudiar teología. Pero desde 1927 ya había decidido que, además de sacerdote, iba a ser un hombre de ciencia y, como su padre, empezó a recolectar plantas en las orillas de los ríos de la sabana de Bogotá. Dicen que a través de los años alcanzó a coleccionar unas siete mil muestras que ordenó, preservó y describió en su herbario. Fue ordenado sacerdote en Holanda, en 1930. Luego, estudió Ciencias Naturales en la Universidad de Friburgo y Filosofía y Teología en la Universidad Gregoriana de Roma, donde recibió el título de doctor. Después de la muerte de su padre, en 1935, su primera gran tarea fue ordenar y acabar el libro inédito que él dejó, titulado "Flora de Antioquia". Este fue publicado por la Imprenta Departamental en 1940.
En Colombia, el padre Lorenzo dedicó el resto de su vida al oficio de don Joaquín. Fue maestro en la Compañía de Jesús en Bogotá y al mismo tiempo escribió varios libros de biología que se volvieron textos escolares clásicos. En 1952 se vinculó a la Universidad Nacional como profesor e investigador del Instituto de Ciencias Naturales. Allí trabajó durante 28 años, seis de ellos como director. También dirigió la revista científica Caldasia. Su labor más importante fue seguir la ruta del sabio José Celestino Mutis en Colombia y emprender la gran edición de "La flora de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada", con la ayuda de los gobiernos de Colombia y España. Durante varios años, fotografió en el Real Jardín Botánico de Madrid más de 5.300 láminas de los dibujantes criollos de la Expedición, consideradas uno de los tesoros históricos y artísticos más importantes de Colombia. La monumental obra fue publicada en Madrid en 1954. Él fue autor de los volúmenes XXX y XXXI y de varios artículos.
El padre Lorenzo murió en Bogotá en 1980. Cerca de 75 colecciones de plantas recolectadas por él resultaron nuevas para la ciencia y, en su memoria, veinte especies llevan su nombre. Una de ellas es la planta número 200 mil del Herbario Nacional. Su vida muestra que los caminos de la ciencia son largos y están llenos de señales: las huellas de los que antes los trasegaron.
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