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El "chico" Tréllez tiene la Turbina encendida

EL HIJO DE John Jairo Tréllez quiere que lo reconozcan por sus condiciones y no por la calidad de su padre. Santiago tuvo que pulirse en Argentina y Brasil para ganarse un puesto en el Independiente Medellín, a los 21 años.

  • El "chico" Tréllez tiene la Turbina encendida | Cortesía Óscar Cardona, Revista Dime, Independiente Medellín | John Jairo Tréllez nunca se vistió de rojo en el fútbol colombiano, pero está feliz porque su hijo Santiago figura en el Independiente Medellín. En este caso y como se dice popularmente, hijo de tigre, sale pintado.
    El "chico" Tréllez tiene la Turbina encendida | Cortesía Óscar Cardona, Revista Dime, Independiente Medellín | John Jairo Tréllez nunca se vistió de rojo en el fútbol colombiano, pero está feliz porque su hijo Santiago figura en el Independiente Medellín. En este caso y como se dice popularmente, hijo de tigre, sale pintado.
20 de octubre de 2011
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Lo que menos querían sus familiares era que jugara fútbol. Lo visualizaban como un doctor, porque desde niño le ha encantado la Medicina. Sin embargo, Santiago Tréllez siempre le pidió balones y guayos al Niño Dios y desde los cinco años decidió que sería futbolista.

Su derroche de personalidad también le ayudó a asimilar a temprana edad que por ser hijo de un jugador reconocido como John Jairo "me exigirían el doble que a otro".

El no haberle prestado mucha atención a las comparaciones con la Turbina Tréllez fue determinante para que Santi abriera camino y a sus 21 años aparezca como una de las revelaciones en el país con Independiente Medellín.

La clave está, cree él, en "tener buenas condiciones y no en llegar, por sugerencia, recomendaciones o favores de tu papá". Partiendo de ese concepto Santiago se demoró cinco años para ganarse un espacio y está feliz al creer que hizo el debido proceso para llegar al grupo principal del DIM, en el que además muestra seriedad y visión al ahorrar e invertir pensando en el futuro.

Para no dejarse afectar por "tener un apellido famoso", apenas pagó la novatada en el Ponyfútbol con Envigado y adquirió los principios tácticos durante tres temporadas en el club rojo se fue a probar fortuna al fútbol argentino cuando apenas tenía los 16 años.

Fue en el sur donde tuvo la etapa de sufrimiento que fortalece a todo ser humano y le tocó hacer cosas que en su casa estaban vedadas, debido a que todo se lo hacían. En la actualidad los servicios públicos corren por su cuenta.

"Durante el año que estuve en River Plate, la temporada que milité en Flamengo de Brasil y el tiempo que jugué en la segunda del Vélez Sarsfield ni sabían que era hijo de la Pantera y me tocó lavar mi ropa, arreglar el cuarto y aprender a cocinar; claro que cuando tenía dudas llamaba a mi abuela, María Eugenia Euse, a Medellín a que me diera la receta".

Recuerda que fueron tiempos duros y que las maletadas de comida colombiana que le llevaba su mamá Margarita Vivero, la mano que les dio la madre de James Rodríguez y la colaboración que le brindó también Luciano Ospina mitigó la incomodidad.

Le agradece a Dios haberlo puesto en esa situación, porque a partir de ahí estructuró más su personalidad, adquirió su técnica y aprendió a aprovechar mejor sus fortalezas. Y sin proponérselo comenzó a parecerse más, deportiva y técnicamente, a su papá, aunque con una gran diferencia: "mi padre también era veloz, técnico, guapo y efectivo, pero su fuerte era la pierna izquierda, mientras que el mío es la derecha".

Construir su nombre, sin la ayuda de la familia y sin la presión de las comparaciones con la Pantera, fue la misión de Santiago en el exterior y, así no haya figurado allá, cree que la alcanzó.

No se quedó en Argentina porque tuvo una lesión de ligamento cruzado. Después volvió y estaba jugando bien, hasta completar 10 partidos y anotar varios goles en la reserva. "Pero, al ver que pasaban los días y la promesa de actuar en la Primera no se cumplía, me empecé a aburrir; la cabeza me daba vueltas y fui consciente de que necesitaba un aire urgente, razón por la que no dudé en llegar a un acuerdo con Medellín".

El retorno a casa y al club que lo formó fue determinante para que este admirador de Ronaldo, Kaká, Cristiano Ronaldo y Lionel Messi empezara la consolidación como profesional en el fútbol colombiano con su talento y sin la necesidad de un guiño de su progenitor que, regularmente, se le ve haciendo fuerza o festejando las actuaciones de su retoño en el Atanasio Girardot.

"Mi papá me dice que juego bien -comenta Santiago-, pero que necesito estar más tranquilo en la cancha; tener paciencia cuando las cosas no se dan, trabajar el doble en las malas, apoyarme en los compañeros y en todo momento hacer tu función bien".

Apoyado en ese respaldo incondicional de John Jairo y tratando de aprovechar al máximo su gambeta, velocidad y buena ubicación en la cancha, Santiago ratificó, con el elenco rojo de Antioquia, sus progresos haciendo goles que pusieron a soñar a su club este 2011.

La falta de continuidad lo ha privado de un aporte mayor en el club (suma seis anotaciones este año), pero su fe en Dios -los domingos siempre va a misa y ora antes de acostarse y cuando se levanta- y los conocimientos que acumula leyendo las novelas de Gabriel García Márquez y el brasileño Paulo Coelho lo mantienen firme.

Y la claridad sobre "las condiciones que tengo para hacer mi propio camino" están haciendo que la familia del fútbol mire a Santiago por su talento y no por ser el hijo de John Jairo Tréllez, sin desconocer que hace rato afina las turbinas para volar como él.

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