Por Ramón Javier Mesa Callejas Colaboración especial*
Chile y Perú, países netamente exportadores de productos mineros en la región, representan para Latinoamérica dos buenos ejemplos de progresos en competitividad durante los últimos años.
Ambas naciones han acumulado por largo tiempo una importante estabilidad económica, sobre todo Chile, que pese a la dependencia que tienen del cobre y el oro, les ha permitido en medio de la inestabilidad propia del precio internacional de estos bienes, mantener bajos niveles de inflación, crecimiento económico continúo, manejo adecuado de las finanzas públicas y altas reservas internacionales. Esto ha facilitado, además de la presencia de la inversión extranjera directa, emprender importantes reformas para mejorar el desempeño de sus mercados, especialmente los de bienes y financieros.
Pese a lo anterior, estas economías presentan debilidades estructurales que limitan las ganancias de la estabilidad económica y no permiten mejores resultados. Entre ellos podemos resaltar, deficiencias en algunos requerimientos básicos como la calidad institucional, la salud y la educación; poca eficiencia en relación con el mercado laboral y la preparación tecnológica; y retrasos en los factores de innovación y sofisticación.
Chile
Desde hace rato es el país Latinoamericano mejor posicionado en el ranquin de competitividad del Foro Económico Mundial –FEM-, pese a que en los últimos años viene perdiendo posiciones, puesto 34 en 2014 frente al puesto 30 en 2010 y el 22 en 2004.
A partir de 2010, fue el primer país sudamericano en ser el miembro número 31 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico –Ocde-. La calidad de sus políticas públicas, el buen desempeño de la economía y el fortalecimiento de sus instituciones democráticas, sirvieron de base para este importante reconocimiento.
En la actualidad, uno de sus mayores retos se concentra en la modernización de las reformas sociales, especialmente en lo que se refiere a la calidad de la educación en todos los niveles. Igualmente, dado que el 57 por ciento de sus exportaciones totales corresponden al cobre, aumentar los montos de inversión en innovación en el sector privado, se convierte en un reto valioso para convertir a Chile en una economía basada en el conocimiento.
Perú
Su ascenso continuo en el ranquin de competitividad en los últimos años, pasando del puesto 86 en 2008 al lugar 61 en 2014, es una muestra de los progresos de esta nación. Sus principales fortalezas, al igual que Colombia, están por el lado de su entorno macroeconómico que luce bastante positivo por tener baja inflación, un sistema financiero sólido y una protección adecuada a la inversión nacional y extranjera.
Pese a esto, la economía peruana presenta fuertes debilidades que la ponen en lugares de retaguardia según los datos del ranquin del FEM 2014, principalmente, por su atraso en temas como: instituciones, puesto 118, infraestructura, puesto 88, salud y educación primaria, puesto 94, tecnología, puesto 92, e innovación, puesto 117.
Estas falencias en un país donde la informalidad supera el 71 por ciento de la población económicamente activa, representan un obstáculo importante para avanzar en la ruta de obtener mejores puntajes en el escalafón de competitividad mundial, obligando al gobierno a poner el acelerador en reformas que busquen elevar la calidad institucional, aumentar el capital humano, estimular la infraestructura e impulsar la tecnología y la innovación. Cualquier parecido con Colombia es pura coincidencia.
*Decano, Ciencias Económicas, Universidad de Antioquia.