Ese viernes, 30 de septiembre de 2016, para ser exactos, el Papa Francisco sorprendió a Colombia con un juramento: “Yo prometo que cuando este acuerdo sea blindado por el plebiscito y tenga el reconocimiento internacional, yo iré a Colombia para enseñar la paz”.
Era un día convulsionado. Indígenas peruanos quemaron viva a una mujer de 73 años. Donald Trump, en el fragor de la campaña electoral por la presidencia de EE. UU., buscaba atacar a su contrincante Hillary Clinton con escándalos amorosos de su esposo Bill Clinton. Francia bombardeaba posiciones del Estado Islámico en Mosul, Irak. En Colombia, el domingo siguiente, sus habitantes acudirían a las urnas para decirle “Sí” o “No” a un Acuerdo de paz que polarizó al país.
Por eso las palabras del Sumo Pontífice fueron, como el evangelio que profesan los católicos, “un bálsamo de paz”, y se entronizaron aún más, cuando el domingo 2 de octubre de 2016, 6.424.385 colombianos no aprobaron lo pactado entre el Gobierno y las Farc.
Desde ese momento, el compromiso de una visita papal a un país con 53 años en medio de la guerra, fue visto como el empuje para continuar en la búsqueda de una paz esquiva. Como planteó el mismo Papa Francisco: “no tenemos derecho a permitirnos otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación”, y con esas palabras dio más luces a un país que busca terminar el conflicto armado por la vía del diálogo.
El director de estudios políticos de la facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Pontificia Bolivariana, UPB, Freddy Santamaría, percibe en esta visita del máximo jerarca de la Iglesia Católica, un respaldo a todo lo que se viene realizando en Colombia, no solo en procesos de paz con las guerrillas, sino también en otras políticas construidas en el país.
“Él es un líder religioso y político, y su llegada a esta nación es un apoyo al camino de la reconciliación, nos guste o no. Lo que no entienden los opositores de la paz es que debe ser un proyecto de todos los colombianos. Esto se debe arreglar de una y mil formas, y una figura como la del Papa Francisco puede ayudar”.
Ese impulso es latente en el respaldo al Acuerdo con las Farc y el proceso que se adelanta con el Eln. En primer lugar, con las Farc, por la aceptación del Gobierno y la guerrilla sobre las consideraciones y aprobación del Papa, que llevaron a proponerle a Su Santidad nombrar un delegado para que participara en la elección de los magistrados para la Jurisdicción Especial para la Paz.
Otro factor que permite ver la ascendencia en la reconciliación del país se ve con el Eln, ambas delegaciones están de acuerdo en acelerar del diálogo para tratar de concertar un cese el fuego bilateral antes de la llegada del Papa a Colombia.
Hasta los miembros del Eln en entrevista con EL COLOMBIANO reconocieron la posibilidad de acallar sus fusiles para la visita del Papa como un correspondencia “al esfuerzo que él hace. La mejor manera de recibirlo es con un gesto de paz”, fueron las palabras de Pablo Beltrán, jefe de la delegación negociadora de esa guerrilla en los diálogos en Ecuador.