El escolta no le estaba secando el sudor al Papa Francisco, como muchos pensaron: el Sumo Pontífice se golpeó con el vidrio del papamóvil y en menos de cinco de minutos, ya tenía un morado debajo de su pómulo izquierdo.
El accidente ocurrió cuando el jerarca de la Iglesia Católica se desplazaba en el papamóvil entre la plaza San Francisco de Asís y la casa de doña Lorenza, en un barrio popular de Cartagena.
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Una persona salió corriendo detrás del vehículo y le acercó a un niño pequeño, de dos o tres años de edad, pero cuando el Papa trató de tocarlo para darle la bendición, perdió el equilibrio y se golpeó la cara con el vidrio delantero del papamóvil.
El Papa no le dio importancia al incidente y siguió saludando a los fieles, aunque el guardia que lo acompaña lo auxilió de inmediato.
Ni el golpe ni el calor de Cartagena lograron opacar la sonrisa de Francisco, que esta tarde rezará el Angelus y oficiará la última misa en territorio colombiano antes de partir para Roma.
A la salida de la casa de doña Lorenza, el Papa les dijo entre risas a los periodistas “me di una puñada, estoy bien”, y siguió su camino.