El coltan es un mineral, combinación de niobio y tantalio, hasta hace poco desconocido.
Como resultado de investigaciones, está siendo usado como insumo en la industria electrónica.
En el mundo hay plantas que trituran el coltan para extraer tantalio y niobio, empleados en la fabricación de condensadores y chips, requeridos por computadores, celulares, juegos electrónicos, armas, etc.
El tantalio es un superconductor que puede almacenar carga eléctrica y liberarla cuando se requiera. Es además bastante resistente a la corrosión.
Las mayores reservas mundiales están en el Congo, donde su explotación y tráfico ya han generado una guerra fratricida para obtener su control.
También hay yacimientos en Australia, Brasil, China, Venezuela (Chávez ordenó la militarización de la zona donde están los yacimientos, declarándolos bien nacional), Bolivia y Colombia.
En Colombia, los yacimientos están en la Orinoquia, en los departamentos de Vichada y Guainía. Es una realidad que ya se está extrayendo coltan en esa región, pero sin Dios ni ley.
Lo más grave es que los grupos subversivos se adueñaron de los yacimientos y han reclutado población indígena para hacer la explotación.
Ninguna autoridad competente está enterada del asunto y mucho menos encargada de reglamentar su explotación, que se está haciendo, con seguridad, de forma antitécnica y sin normas de cuidado ambiental.
Como la explotación no es legal, no se pagan regalías e impuestos y más de uno se está llenando de dinero, sin que las autoridades se den por enteradas. Una tonelada de coltan en el mercado internacional se cotiza entre 140 y 180 millones de pesos, precio bastante atractivo para los mercaderes del comercio mundial.
El Gobierno ha dicho que es urgente incrementar los ingresos fiscales para adelantar programas que favorezcan la equidad. Aquí hay una fuente insospechada de recursos que se está perdiendo por la desidia oficial.
El coltan que se está extrayendo sale del país quién sabe de qué manera y por qué rutas.
Y como todo lo nuestro es así, cuando se quieran tomar cartas en el asunto, con seguridad será demasiado tarde. Esto es que esta fiebre del coltan, no genere otra guerra más en nuestro país.
Nada raro que los grupos ilegales se apoderen de los yacimientos para reemplazar los ingresos de la coca, a los que estarían renunciando estratégicamente en los diálogos de paz.
Habrá también que abrir el ojo para que las tierras donde están localizados los yacimientos no sean las que inversionistas extranjeros están interesados en comprar, para luego beneficiarse con la explotación.
¿Por qué seremos así de negligentes: con la riqueza en la mano y por falta de gestión y reglamentación, dejamos que otros la usufructúen. O será que ya hay intereses oscuros detrás de este asunto?.
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