Desde lejos el Parque Biblioteca España se ve como tres piedras incrustadas en la montaña, porque era la intención del arquitecto Giancarlo Mazzanti, que se conjugara con el paisaje. Aún se ve así, aunque de cerca, en algunas partes, tenga una pijama negra que la cubre. La biblioteca de Santo Domingo Savio se prepara para la restauración de la fachada.
“Este edificio se puede ver casi desde cualquier lugar de la ciudad –explica María Cristina Álvarez, gestora coordinadora–. No es solo mostrar que allá hay un edificio gigante, sino una biblioteca, un punto de encuentro. Es hacer visible a una comunidad a la que durante mucho tiempo le dimos la espalda”.
Así fue. El parque biblioteca ha ayudado a visibilizar a esta comuna en la que, no obstante precisa ella, la cultura ha estado presente siempre. “Lo que sucede en Santo Domingo es gracias no al parque biblioteca, sino a las personas. Lo que ha permitido este lugar es hacer visibles esas prácticas culturales que no se habían podido identificar antes. Hacer visible a un grupo humano con potencialidad, que antes estaba oculto”.
Por eso no hay preocupación porque el parque biblioteca se cierre desde finales de agosto para que sea arreglado. En los 18 meses que dicen durará el proceso, hay un plan que ya está funcionando. Lo llaman Biblioteca andante.
La estructura física se clausura, pero no los servicios, aunque el auditorio y la terraza ya están cerrados, y se haya ido la ludoteca para la Casa de la Justicia. “No se ha suspendido ningún proceso”, resalta María Cristina. Porque antes que ponerse tristes, lo que han hecho es ser creativos y ver oportunidades: con la descentralización llegarán a personas hasta las que no han llegado antes.
Varias ideas, que ya están funcionando. Biblioteca en casa es un servicio de préstamo para personas en situación de discapacidad. Con 11 familias empezaron a probar el proyecto desde abril, con una visita semanal para contarles las posibilidades de acceso al libro, mirar qué les gusta y acercarlos a la lectura. El próximo paso, que será pronto, es prestarles un paquete con libros. Pretenden ampliarlo a más usuarios.
Llevar los libros es parte de movilizar la colección que tienen. Para ello también hacen las carpas literarias, en las que pasan una mañana o una tarde en un barrio elegido. Desde agosto, con la UVA La Esperanza van a hacer el Libro móvil. Todos los sábados van a estar allí prestando libros, para que las personas de los barrios puedan conocer la colección. La intención, no obstante, es hacerlo en más espacios como en el atrio de la iglesia o el patio de un colegio.
Los aliados son muchos. En la ludoteca, que está a una cuadra del parque, siguen con los programas para los más pequeños. En la biblioteca Granizal estarán con proyectos bibliotecarios y hasta van a extender sus horarios. Otro proyecto más es el de Parque al barrio, con el que van a los lugares más alejados.
No será lo mismo tener el parque cerrado, pero María Cristina es positiva. “Creo que va a ser divertido, moviéndonos por toda la comunidad”.
A la biblioteca los que más la visitan son jóvenes. Algunos interesados por el internet, aunque muchos se han quedado en el club del cómic, en el de electrónica y, en el que tiene más fieles participantes, el de lectura y escritura.
También los adultos, sobre todo las mujeres, han encontrado la posibilidad de salir de lo cotidiano, de darse cuenta que tienen un saber y mucho para compartir. Les gusta experimentar con la cocina, las plantas –tienen macetas rodantes– y descubrir su talento para ser abuelos cuenta cuentos.
“Para muchos habitantes de Santo Domingo, Medellín es algo lejano. Conocer otras expresiones artísticas, otras personas que llegan de otros lados, llevarlos a una Fiesta del libro, les abre otra visión del mundo. Creo que desde ahí se da una transformación significativa”, comenta la gestora coordinadora.
Hay niños y señores que están desde hace ocho años, cuando se inauguró el parque. Pequeños a los que han visto crecer o que se la pasan de vez en cuando, como Geraldine Uribe y Mariana Jaramillo que estaban retándose en parqués y que van de visita “porque uno se entretiene. Puede jugar, leer y contar historias sobre la casa de uno, sobre lo que nos pasa”. Van señoras como Luz Dary Fernández, que solo le falta la cobija para amanecer allí. “Me gusta mucho porque uno se encuentra con las amistades, con muchas cositas para aprender. Vengo casi todos los días. Aquí tengo una familia”.
Historias que se cuentan en esas tres piedras, pero que además, están ellos seguros, se pueden contar con lo que es el España: la gente. Luz Dary lo sabe bien. Ellos se van, y “yo me voy con ellos”.