Santiago Arroyave Cañas tiene más razones que sus compañeros para sentir que el fútbol es su deporte: no tiene brazos.
Incluso así, “abraza” la vida y los sueños cada día, como si fuera el último. A las 6:00 de la mañana, luego de salir de su casa, localizada en el barrio Serramonte, suroccidente de Bello, camina siete cuadras para tomar el bus que lo lleva, a diario, a su destino, el lugar donde es feliz: el campo de entrenamientos de la plantilla profesional de Leones, en Ditaires.
Es de los primeros en llegar, se pone su uniforme, ayudándose de la boca y de la única extremidad que tiene (la derecha) y así salta del camerino a la cancha. Unos segundos antes, alguno de sus compañeros se convierte en el ángel guardián amarrándole los guayos.
Santi descresta en el campo. La habilidad que tiene en sus piernas y la inteligencia para jugar hacen que, por momentos, todos se olviden, incluso él, de las limitaciones que enfrenta desde que nació: de la focomelia, malformación de origen, que consiste en la ausencia huesos y musculos en miembro superior o inferior, quedando reducido a un muñón.
El dominio que tiene de la pelota es único, no va al choque porque sabe que está en desventaja, pero con sus pases pone, como dicen en el fútbol, a cobrar a cualquier delantero.
Hace 4 años inició su proceso en las divisiones menores de Leones. Lleno de fortaleza y sin complejos llega todos los días a entrenar. Ya suma 15 sesiones con el equipo profesional que dirige Juan Carlos Álvarez.
“Desde el 2016 lo hemos llevado a trabajos con el grupo profesional, ha asumido el reto y, como dicen por ahí, cuando Dios le quita a uno algo le da el doble en otras cosas. Así es Santi, habilidoso con el balón y muy inteligente para jugar”, sostiene Álvarez, quien resalta también la nobleza y calidad humana del muchacho de 18 años de edad.
El muchacho afirma que desde los 6 años descubrió que el fútbol era su pasión, anhela sentir la gente alentándolo en un estadio y se queda sin palabras cuando intenta describir lo que el balompié significa en su vida.
Creció admirando a Ronaldinho, su magia y su alegría, aspectos que busca alimentar cada día como futbolista y persona.
Una lesión lo llevó, el año pasado, a vivir una crisis, pero rápidamente pasó de la tristeza a la esperanza, ya que mientras no podía entrenar decidió, con la ayuda de su madre, Olga Cañas, hacer videos de motivación y subirlos a Instagram.
“Me gusta hacer grabaciones para demostrarle a la gente que si yo puedo lograr cosas, todos podemos, pero tienen que asumir una actitud positiva. Por eso los invito a que se levanten con ganas de hacer realidad lo que quieren; mi mamá me enseñó a ser valiente, siempre me ha dado mucho amor, nunca me he sentido rechazado”.