Cuando el pequeño Julián Acosta, un chico de 12 años, oriundo de Caucasia e integrante del equipo Sporting Turiano de este municipio, tuvo de frente y estrechó la mano de Miguel Ángel Borja casi queda congelado. Así lo recuerda hoy, días después de haber sido uno de los “visitantes” de honor a la casa finca del recién coronado Mejor Jugador de América, en Tierralta, Córdoba.
“Fueron momentos maravillosos. Los muchachos regresaron contando esa experiencia, satisfechos y agradecidos”, dice Xiomara, la madre de Julián, goleador -como Borja-, en el equipo pony de Caucasia.
Suerte contraria vivió Arley Antonio Avilés, el máximo artillero del Sporting, quien por un viaje de fin de año, al lado de sus padres, se perdió la cita con el cotizado jugador.
Valores como la humildad y el temor de Dios fueron destacados por padres de familia, entrenadores y pequeños jugadores durante un intercambio amistoso y futbolero que promovió en ese municipio cordobés, donde Borja nació, durante las festividades de Navidad y Año Nuevo.
Chicos que hacen parte de la escuela de fútbol de Caucasia, con un año y medio de fundación, tuvieron la oportunidad de compartir no solo con el artillero del Atlético Nacional sino con otros jóvenes prospectos, justamente promovidos por el jugador y que hacen parte de la fundación que lleva su nombre.
José Zabaleta, entrenador de fútbol y quien en el pasado militó en el fútbol venezolano, del que trajo el nombre del equipo -Sporting Turiano-, admitió que todos sus muchachos terminaron felices. “Fue una experiencia maravillosa. Se tomaron autógrafos, selfies, le pidieron consejos y hasta le demostraron condiciones”.
Acosta, el pequeño goleador, hizo coro de los demás integrantes del plantel caucasiano. “Yo quiero ser goleador y humilde como Borja”, sentencia que se repitió entre otros tantos muchachos, según cuenta Juan David Zabaleta, asistente técnico de este equipo. “Fue una experiencia única y emocionante; no solo porque compartimos con él sino que tuvimos el privilegio de estar en su casa y conocer, de primera mano, las virtudes que tiene: un hombre sencillo, humilde, social, carismático y con temor de Dios”, señala.
Todos vivieron, en efecto, una experiencia singular. Además de los autógrafos, las selfies, los abrazos y las palabras de Borja, brindándoles consejos, e impulsándolos a conocer a Dios y a ser mejores hombres, compartieron alimentos y fútbol, regalos y utensilios deportivos. “Jamás olvidaremos ese día, hoy somos más hinchas de Borja, finalizó el joven Acosta .