Desde ese periscopio gigante y gris se ve el Oriente de Medellín, con sus casitas anaranjadas, un solo edificio y el final no habitado de las montañas. Desde el Parque Biblioteca Doce de Octubre, y casi a la misma altura, a lo lejos se ve el metrocable y esa piedra que es el Parque Biblioteca España, uno de los primeros que se construyó, de los nueve que hay hasta ahora.
El Doce de Octubre –el más reciente– no se ha inaugurado, no obstante, desde el 19 de agosto de 2013 –tres años estuvo en construcción– empezaron a ir y a venir niños y señores y muchachas y así sin pensar si son grandes o pequeños. Unos leen, otros navegan en internet, algunos bailan y hay quienes tocan guitarra o cuidan huertas caseras.
El diseño del periscopio es de Verónica Ortiz, Carlos Puerta y Diego López. La idea de hacer alusión a ese instrumento de visión que tiene un tubo alargado y espejos, y que en los submarinos los tripulantes usan para mirar lo que hay en la superficie del agua, tiene la idea –explica Juan Carlos Rodríguez, gestor de servicios bibliotecarios del parque–, de dar una visual de 360° al territorio. Si hacia el Oriente está la ciudad, hacia el Occidente está el cerro El Picacho. Al Sur y al Norte se ve el barrio.
Es un parque con muchas ventanas, que además de la visual, buscan conectar con el territorio, que no solo implica directamente al Doce de Octubre, sino además a Santander, Progreso No. 2, El Triunfo y otros de las comunas 5 y 6. En la seis, que tiene 201.730 habitantes, según cifras de la biblioteca, es donde se ubica. Aunque hasta allá han llegado usuarios de Envigado, Medellín, Bello y otras partes más lejanas.
Adentro hay cinco niveles. El quinto es para los niños. Un salón para leer y aprender, y computadores en los que hacen tareas y juegan. Al día pasan por allí unos 70 pequeños, muchos que son frecuentes visitantes, tanto que a veces la profesora llama a decir que no deje jugar a uno de sus alumnos porque tiene todavía un trabajo por terminar.
La responsabilidad, precisa Andrea Sierra, técnica en Cultura Digital, es acompañarlos, no solo a hacer la tarea, sino a responder sus preguntas.
Los procesos de formación pasan por ese piso y por el de adultos, porque son conscientes de su papel formador. No se trata de que en los 34 equipos para préstamo de la sala de internet para mayores, que se abre 11 horas y por la que pasan unas 400 personas, se navegue solo en internet y se abran redes sociales –“no podemos ir contra la corriente, sin embargo”, comenta el gestor–, sino que aprendan y exploren. A veces la sala se cierra al público, porque hay un taller.
Mientras tanto, en el cuarto piso está la biblioteca para adultos, con la mayoría de los libros. Por el tercero se entra, se lee el periódico y se presta el material bibliográfico, mientras en el segundo está el teatro.
Este parque, que no está inaugurado, parece inaugurado. Lo que falta, y por eso no ha pasado –la comunidad lo quiere hacer cuando esté completo–, es el teatro, al que le queda por hacerle la adecuación de luces y sonido, y la tramoya. Las sillas para más de 300 personas están puestas. De lejos parece que se pudiera usar. Otra cosa que no funciona aún es el ascensor.