Dicen que las películas nos transportan a los lugares aún sin conocerlos y que cuando llegamos a estos es inevitable no recordar esas icónicas imágenes cinematográficas. Con Roma pasa que solo hay que maravillarnos al darnos cuenta de que era igual o más hermoso de lo que nos mostraron los afamados directores. Federico Fellini fue uno de los que quiso reflejar una inmensa Fontana di Trevi en su película La Dolce Vita cuando Marcello Mastroianni y Anita Ekbergn caminaron dentro de ella. William Wyler, en otro clásico, se dedicó a las históricas calles de Roma con Audrey Hepburn y Gregory Peck montados en una moto vespa en la cinta Roman Holliday. Y esas son apenas dos de las tantas obras del cine que tienen a la capital de Italia como escenario. Porque Roma es belleza para la pantalla grande, pero también para los miles de visitantes que la ubican en el lugar número 14 del mundo en cuanto a visitas turísticas se refiere.
La roma moderna
Desde que se llega a Roma, las enormes paredes de piedra que enmarcan la ciudad son evidencia de que miles y miles de años de historia, documentada y estudiada, han pasado por ese espacio.
Bien lo dice una de las guías que reparten en las decenas de puestos turísticos: “Roma es un parque temático y urbano, donde uno se puede imaginar estar viviendo en la época de cónsules y emperadores, sacerdotes y simples ciudadanos”.
Los recorridos
Son tan variados como combinables, dependiendo del gusto como la idea del viajero. Se puede caminar la Roma arqueológica durante todo un día; otro más dedicarlo a las plazas y fuentes que enriquecen la ciudad; alejarse de los caminos clásicos y buscar la Roma cosmopolita y moderna en una jornada o adentrarse en el tema religioso y artístico por varias horas.
Por eso a la hora de caminar por Roma tenga a la mano un buen mapa, programe su recorrido con tiempo y déjese llevar por la majestuosidad de la ciudad, la amabilidad de los romanos y el orgullo que tienen de saberse lugareños de una tierra tan única como llena de vida.
Fabrizio Panone, uno de esos habitantes de Roma que saca pecho de su origen, es quien me explica cómo moverme por este inmenso lugar, nada como un habitante de la ciudad y su familia para recomendar espacios. Para empezar escojo el recorrido religioso que también tiene mucho de arte y que por practicidad y tiempo comienza en Ciudad del Vaticano. Una recomendación que recibí de Claudia, la hija de Fabrizio, antes de pisar Roma, era comprar la entrada a los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina por internet para evitar largas filas y esa recomendación la agradecí, con el impacto que produjo ver la fila de más de 5 cuadras que bordeaba la parte lateral de la Plaza de San Pedro y subía hasta la entrada de los museos.
Allí había una entrada, vacía, para quienes habían comprado su tiquete por internet. Ya adentro Los Museos Vaticanos, para mi gusto, deben recorrerse con una audioguía que venden a la entrada, a no ser que sea un erudito en arte y conozca con precisión las grandes obras que tiene la Capilla Sixtina (La Creación y El Juicio de Miguel Ángel), así como las del Museo Egipcio, el Museo Pio Clementino, el Museo Etrusco, la Galería Pio V, la Colección de Arte Religioso Contemporáneo, el Museo de la Biblioteca Apostólica Vaticana, la Pinacoteca con obras de Leonardo Da Vinci y el Museo Gregoriano, entre otros. Todo un placer sensorial lleno de historia, arte y belleza.
Al salir de los Museos Vaticanos el camino es hacia la Basílica de San Pedro, allí hay que hacer fila, y muy larga, pero se mueve y vale la pena no solo para entrar a uno de los espacios sagrados del catolicismo, la iglesia cristiana más grande del mundo (con una superficie de 2,3 hectáreas), sino para subir a la cúpula y ver una increíble panorámica de Roma, la Ciudad del Vaticano y la Plaza de San Pedro, una de las postales de memoria.
Arquitectura, historia y arqueología
Al aterrizar en Roma no hay otra idea que no llegue al imaginario que esa de estar en una ciudad antigua llena de mitos, leyendas y cuentos desconocidos. Solo pararse al frente del Coliseo Romano, una edificación que se entregó en el año 80 d.C y saber que su inauguración duró tres meses y en ella murieron 20 mil personas y 9 mil animales, es completamente abrumador.
Esa es la otra Roma que hay que recorrer: el Palatino, lugar en el que Rómulo fundó la llamada Ciudad Eterna en el 753 a.C; el Foro Romano, la zona arqueológica más importante de la ciudad; las Termas de Carcala, inauguradas por Nerón en el año 217 d.C y que podían albergar hasta 1600 personas en sus baños de agua caliente y fría; los Foros Imperiales, toda una ciudad debajo de la avenida con el mismo nombre, y el Panteón de Roma o Panteón de Agripa, erigido entre los años 118 y 125 d.C.
Llama la atención en el recorrido nocturno por esta zona, porque también la noche tiene una luz especial para estos monumentos, ver la cantidad de gatos que deambulan por las zonas históricas. Explica Fabrizio en el recorrido por uno de los Foros Imperiales, que estos se ven debajo de la calle, que son los únicos habitantes de esos lugares, pero además que son protegidos por los romanos. Una particular imagen en medio de las ruinas, las columnas y altares.
Esa Roma subterránea tan grande y misteriosa y que alberga catatumbas, cementerios, red de túneles, galerías y hasta ciudades enteras es lo que ha impedido que el “subte” o Metro de Roma sea más grande. “Cavar era encontrarse con ruinas históricas que se han preferido conservar, por eso encuentras tantas opciones de rutas de buses porque por abajo no es viable”. Y en ese devenir del turista en donde además se recorren Plazas y Fuentes, se visitan lugares mágicos como Castelgandolfo, residencia papal, un sitio tranquilo y plácido.
Comer en los barrios
“La gastronomía de Italia es mucho más que pasta y pizza”, dice Giancarlo Brava, el jefe del restaurante Sa Sartiglia, ubicado la vía Tirreno en el sector de Montesacro, y añade, “cuando en Roma se abre un menú ten la certeza de que será bueno”. Y es que la gastronomía de Roma es emblemática, incluye arroces, ensaladas, carnes y pescados que son muy apetecidos en los restaurantes, preparaciones en las que no pueden faltar ingredientes tan tradicionales como el tomate siempre fresco, el aceite de oliva, el orégano, romero, perejil, el tomillo y la pimienta.
Otro recorrido gastronómico obligado y que el olfato agradece es caminar de noche por la famosa zona llamada Trastevere y, aunque se entienden las palabras de Giancarlo, no es recomendable irse de Roma sin probar una pizza italiana. Fabrizio recomienda Ivo a Trastevere, un lugar donde dos experimentados cocineros preparan las pizzas a la vista del público. Lo hacen ver fácil, no hay duda, pero la buena pizza tiene su truco y ese lo conocen con maestría los romanos. La pizza es delgada, crujiente, nada exagerada en queso ni mucho menos grasosa y se come de noche. Todo un ritual para los italianos. Tampoco puede dejar de desayunar en Pompi, el reino del Tiramisú, según Fabrizio el mejor de Europa porque en Roma la colazione o el desayuno es dulce.
Es imposible dejar de comer en la mañana un suave profiterol o un croissant con crema, todo acompañado de un buen café, porque en Italia en general este se aprecia y degusta con placer. Menos aún puede irse de Roma sin ir al cafetín más popular de la ciudad, se llama San Eustaquio, cerca al Panteón y a la Plaza Navona, que data de 1938 y en donde además venden las famosas cafeteras italianas y algunos souvenirs para los turistas. Los helados los encontrará muy fácilmente, son otro de esos productos que llenan de orgullo a los romanos y que sirven, siempre, de manera generosa. No importa la edad ni la profesión o la pinta, siempre se verá infantil tratando de evitar que el helado, sobre todo en verano, se derrita más rápido, pero en esas están todos, alrededor de las gelaterías, y gozan y ríen regresando a la infancia y saboreando a lengüetazos los gelatos italianos.
No se puede olvidar la típica conversación con los italianos que hablan usualmente en voz alta mientras mueven las manos. Se entiende la pasión por el fútbol, el orgullo del idioma que solo se habla allí y el gusto por la buena cocina de la mayoría, y sin duda se comprende el orgullo de los romanos al nacer en una tierra única, portentosa y suntuosa en la que prevalecen el valor de la familia y el cariño por lo propio. Bien dice el adagio popular que “todos los caminos conducen a Roma”, porque cuando se conoce Roma, queda claro que se debe regresar.