El 23 de octubre de 2019 se cumplirán 100 años del día en que nació Rodrigo Arenas Betancourt, en la casa de Uvital, en Fredonia. El 14 de mayo de 2015 se cumplieron 20 años de la muerte del artista, en una clínica de Medellín.
Veintiún años, tres meses y tres días después, en la casa-taller de Arenas Betancourt todavía hay manuscritos, proyectos escultóricos sin terminar, piezas de la última serie que hizo, Los amantes, obras que esculpió tras su secuestro en 1987, maquetas de estudio en yeso, más de 200 dibujos, fotografías y trabajos que están en moldes, de los que ni siquiera se sabe la figura.
Objetos que recuerdan al artista y, a su vez, que hablan del olvido. María Elena Quintero, su tercera y última esposa, expresa que ese trabajo de tantos años del artista se está desapareciendo en la casa-taller por el tiempo y la humedad. Muchos de los dibujos, por ejemplo, tienen hongos.
La obra está en riesgo. Eugenio Prieto, director del Área Metropolitana, señala que hay bocetos que son inéditos y están regados, hay obras de yeso, muchas próximas a desmoronarse, y varias publicaciones en peligro por la humedad.
La intención, por eso, es que para 2019, en los cien años, pueda decirse que su obra está salvaguardada. En ese sentido va el anuncio del gobernador Luis Pérez el día de celebración de la Independencia de Antioquia (11 de agosto): un museo para el maestro Arenas Betancourt. “El director del Área Metropolitana y la gobernación de Antioquia se comprometen para trabajar rápidamente para que Antioquia y Colombia tengan un nuevo museo”.
Una idea
El anuncio sorprendió a muchos, incluso a María Elena Quintero, quien llevaba un buen tiempo llamando la atención sobre la casa y el deterioro de las piezas del artista. En un artículo en EL COLOMBIANO, en marzo de 2013, ya se quejaba, y recordaba que la Ley 748 de 2002 que aprobó el Congreso de la República se había quedado en el papel: al ser una ley de honores, no es de obligatorio cumplimiento.
Fue sorpresa porque, cuenta María Elena, fue a un homenaje que le iban a rendir al maestro, que incluso quedó hecho atril de barro en La Alpujarra, con una obra con sus manos y una placa, y no a escuchar el anuncio de Luis Pérez: “Yo quiero que Antioquia le rinda un homenaje a un gran hombre de la cultura, ensayar la cultura como instrumento de desarrollo. Vamos a revivir su memoria mediante la recuperación de su casa en el municipio de Caldas, donde hacía sus esculturas”.
Una noticia que le devolvió las esperanzas, porque ya había creído que “eran súplicas que nadie escuchaba. Creo que el gobernador acumuló la información de estos años y dio la coincidencia de que fue amigo de Arenas, de parrandas y tertulias, y pienso que esos clamores lo acongojaban”.
El proceso apenas empieza. La primera reunión será la próxima semana. Eugenio Prieto, quien precisa que lleva un tiempo trabajando en un proyecto para celebrar el centenario del maestro Arenas, comenta que es importante que en ese octubre de 2019 se pueda hacerle un homenaje, que incluya recoger la obra que se está perdiendo.
Hay que empezar, por tanto, por revisar el alcance de la propuesta, cuáles serían los terrenos tanto en Caldas como en Fredonia, cuál sería el diseño arquitectónico, el modelo de construcción, cómo harían la contratación, la elaboración del cronograma del proyecto, la agenda investigativa para revisar los bocetos, las imágenes, los manuscritos que se incluirían en el museo y los eventos para poner en marcha el proyecto.
Todavía no hay hechos concretos pero, continúa el director del Área, “lo más importante es que la ruta ya ha comenzado, que ya el gobierno departamental dijo que asume una participación y nosotros también en el Área lo vamos a hacer, porque, ¿cómo no vamos a proteger la memoria de uno de los más grandes artistas de nuestro territorio?”
En ese sentido hay que empezar a hacer preguntas. ¿Van a comprar la casa-taller?, por ejemplo.
Prieto explica que son los temas que se van a revisar y que no hay que precipitarse. “Cuando se tenga en cuenta el alcance, sabremos si nos quedamos o no con la casa, si va a ser por separado, una parte en Caldas y otra en Fredonia, si va a ser una sola organización, cómo lo vamos a trabajar, qué otros socios vamos a tener. Creo que hay varios temas que forman parte de la elaboración del proyecto”.
María Elena igual va con cautela. Sabe, sin embargo, que si a la casa, donde ella vive con su familia, le van a hacer restauraciones, hay que salir de allí.
Si se trata de vender, se debe tener en cuenta que es una casa de 120 años, comenta ella, que es patrimonio arquitectónico, y que a eso se le suma que fue la casa-taller del maestro. Otro proceso será por tanto avaluar la propiedad, con sus características particulares. En el artículo publicado en 2013 contaba ella que la familia había hecho cálculos de unos 9 mil millones de pesos, sin contar la clasificación, la restauración y la construcción.
No obstante, precisa ahora que esa es solo una cantidad aproximada, y que no se atreve a decir que esa sea la cifra. Mejor esperar.
Mientras tanto, mucho por hacer, y el mismo gobernador lo insinuó con el anuncio: “Yo conozco la casa, he ido en varias ocasiones, aun cuando él estaba vivo, y es una casa que hay que restaurar y naturalmente hay que poner un arquitecto especial. Restaurar una casa es muy fácil, pero cuando le vamos a poner características de museo, que reciba visitantes de todo el mundo, hay que hacer un diseño y una inversión especial”.
Así que, y aún sin cifras, es claro que es un proyecto que requiere recursos. “Con plena certeza –explica Prieto– eso solo no se hace, y hacer un museo implica que se tengan en cuenta las normas que requieren los museos, porque se trata de proteger y preservar una memoria y que sirva de ejemplo para las futuras generaciones, y eso tiene que tener una inversión”.
Será importante, además, que se sumen otros actores, como el Ministerio de Cultura y los municipios de Medellín y Envigado, o incluso Sabaneta. La ley proponía la construcción de un centro educativo en este último municipio para enseñar artes y hacerle homenaje al escultor. María Elena señaló en 2013 que Sabaneta incluso había cedido el terreno en comodato.
Cualquier apoyo será bienvenido, aunque no sea en dinero. Puede ser incluso acompañamiento técnico. “Nosotros vamos a poner el pecho a la brisa, a impulsar, pero aquí se necesita una gran sumatoria territorial”, concluye el director del Área.
¿Y si no se dan las cosas? Es posible, porque el proyecto apenas empieza a construirse, y deberá tener los pies en la tierra, que sea un proyecto sostenible. “No podemos enfrascarnos –complementa él– en una aventura sin tener claridad qué tipo de proyecto va a ser, cuánto va a costar, cómo va a funcionar”.
Sin embargo, un fracaso no lo consideran. Prieto indica que tanto el gobernador como él son personas de palabra.
Ya está entonces, no el primer ladrillo, pero sí la primera palabra.
¿Por qué es importante?
Para el curador Alberto Sierra, director de la galería De la Oficina, “Rodrigo Arenas es un artista indispensable en nuestro territorio”. Recuerda que viene de la escuela mexicana, la cual fue de las más importantes en la primera mitad del siglo veinte. La mayor parte de los escultores de América Latina provenía del país azteca, donde Arenas fue alumno de Rómulo Rozo.
“Cuando regresó de México –señala Sierra– le correspondió vivir transformaciones urbanas extrañas. Los dirigentes políticos entendieron que era conveniente hacer un muestreo de la revolución. Fue entonces cuando muchos municipios y ciudades del país comenzaron a tener obra suya, dedicada a rendir homenaje a la revolución de Independencia”.
Con dicho tema, Arenas Betancourt dejó su impronta en ciudades como Pereira, con el Bolívar Desnudo; en Manizales, con el Bolívar Cóndor: en Neiva, con el monumento a La Gaitana, y en Paipa, con Lanceros del Pantano de Vargas, la escultura más grande de Colombia.
Tras coincidir en la valoración del anterior, el curador Óscar Roldán, director de Extensión Cultural de la Universidad de Antioquia, cree que es importante la apertura de ese espacio, porque Arenas generó un hito en las artes plásticas colombianas, conectó la realidad colombiana con la latinoamericana, y porque su polifonía disciplinar fue notable: “él era una persona versada en matemáticas, literatura, fotografía e ideología de izquierda... Fue un ser ilustrado”.
Para Sierra, “al incursionar en la épica, Arenas pierde el encanto del trabajo hecho en México”. Se refiere a obras que dejó el artista en espacios públicos de varias ciudades mexicanas, como el Prometeo en bronce y basalto de la Facultad de Ciencias de la Universidad Autónoma de la capital mexicana, y el Cuauhtémoc en bronce y basalto que embellece el edificio de la Secretaría de Obras Públicas y Comunicaciones de esa misma ciudad.
Sin embargo, Sierra cree que los temas épicos son importantes. “Corresponden a nuestras gestas revolucionarias. Hoy, entre los artistas, parece impensable. Nadie volvió a hacerlos”.
Roldán se refiere a este aspecto señalando que el artista nacido en Fredonia le da importancia al fenómeno de las gestas históricas de América Latina desde la tridimensionalidad.
“Mejor dicho, él trasladó las narrativas del muralismo mexicano a la tridimensionalidad de la escultura. Representó en esta el movimiento de emancipación cultural de América Latina”.
Profesor de escultores
Como sucedió con Pedro Nel Gómez y Eladio Vélez, por los talleres de Rodrigo Arenas Betancourt pasaron decenas de artistas que fueron sus asistentes y aprendices. Sin embargo, pocos lograron trascendencia, a diferencia de los discípulos de Pedro Nel, que varios llegaron a tenerla, como el mismo Arenas, Jesusita Vallejo, Carlos Correa y Débora Arango.
“A Arenas nadie lo iguala dentro de los escultores públicos colombianos”, considera Sierra. Y Roldán lo dice de otra manera: “Arenas es el último gran escultor colombiano. Esto hay que decirlo con cuidado. Lo digo en términos de potencia escultórica. Era muy ambicioso, monumental, en términos formales. Pone el pico más alto en el arte tridimensional”.
El curador de la galería De la Oficina explica que el escultor plasma su sello en la representación de cuerpos sufrientes y que con él apareció el desnudo en la escultura pública en nuestro medio. Y no pasa por alto, tampoco, las esculturas abstractas, como las incluidas en la serie Los amantes, trabajos en piedra de los que hay un ejemplo en el Museo de Arte Moderno, que para Roldán son sus favoritas dentro de la obra areniana.
El artista integral se complejiza con la escritura: escribió Crónicas de la errancia, del amor y de la muerte, y después, crónicas de su secuestro. No ha sido estudiado. También fue autor de fotografía exquisita. Rodrigo Arenas Betancourt llega a una instancia superior en el arte nacional.
En la conversación entra a terciar la curadora Nydia Gutiérrez, del Museo de Antioquia, donde hay obra del artista. Está convencida de la necesidad de abrir ese espacio por la importancia de Arenas. “Su trascendencia es inmensa, por el valor que le ha concedido la comunidad. Existe una conexión afectiva entre la gente y el escultor, no solamente en el panorama nacional sino en el regional. Los grandes monumentos de las gestas de Independencia o los grandes temas como el del monumento a La Vida, de Suramericana, tienen una fuerza que lo vinculan con la humanidad”.
Gutiérrez advierte: “Cuando se abre un espacio así, este debe servir de enganche con el arte actual. No rendir un culto a lo pasado, sino ponerlo a conversar con el presente del arte y de la cultura”.
Sierra tiene una frase que bien puede cerrar este reportaje: “Arenas Betancourt fue un testigo de la historia y la política y las dejó plasmadas en su obra”