Cuando se anunció que los Rolling Stones incluirían a Bogotá como destino del Olé Tour, levitamos de felicidad. Para quienes amamos profundamente al grupo y nunca los habíamos visto en vivo, era cumplir y vivir un sueño postergado y anhelado. El paso de Paul McCartney por Bogotá había dejado una huella imborrable e insuperable en todo sentido. Ese día, hasta los temas logísticos, que tanto preocupan, funcionaron a la perfección. Salimos felices hasta más no poder, reviviendo cada momento de ese día inolvidable. Nada, absolutamente nada, empañó la visita de McCartney. Así que estábamos convencidos que con los Stones sería un bis asegurado. Con Sandro Romero hablamos de la logística una y otra vez y nos repetíamos, como dándonos autoayuda emocional, que conociendo el nivel de rigurosidad y orden que exigen los Stones, el evento sería más que impecable. Conocimos el 13 de noviembre de 2015 a funcionarios de Ocesa Colombia. Nos habían invitado a participar de un panel en el programa Semana en Vivo. Los atentados en París postergaron nuestra intervención en el espacio conducido por Eduardo Arias. Eso no nos impidió manifestarles algunas preocupaciones naturales frente al evento. Nos dieron un parte de tranquilidad respecto de todo lo que rodearía la visita del grupo al país. “Solo espero que no inviten a Juanes a cantar la Camisa negra”, bromeó Sandro. Hay que decir que Juanes hizo bien su trabajo.
Las semanas siguientes fueron de mucha ansiedad y emoción para los seguidores del grupo. El primer campanazo de alerta, que algo no estaba del todo bien, se dio con el proceso de la venta de las boletas. No nos digamos mentiras, fue muy complicado. Tu Boleta aún tiene mucho que revisar y mejorar en lo que respecta a eventos masivos. Su plataforma virtual y el callcenter son ineficientes. Mientras escribo estas líneas pienso que el concierto fue maravilloso. Los Stones hicieron su trabajo y de qué forma. Felicidad absoluta durante 2 horas y 15 minutos. A veces quisiera devolver el tiempo y revivir una y otra vez la memorable interpretación de “Midnight Rambler”. Tengo en mi mente la postal de la felicidad que irradian los cuatro Rolling Stones en el escenario, liderados por un incansable Mick Jagger que demostró por qué es el frontman más grande e importante de la historia del rock. También tengo la imagen de Ronnie Wood, feliz hasta más no poder, moviéndose de un lado a otro, dándonos cátedra de buen rock. Imágenes que nunca olvidaremos, como la camisa amarilla de Mr. Watts y la mística de Su Santidad, Keith Richards. Tampoco olvidaremos que canciones como “Beast Of Burden, “Wild Horses” y “Dead Flowers” fueron interpretadas por primera vez en la gira. Y en ese orden de ideas hay que decirle a Ocesa gracias, gracias por darnos la oportunidad de vivir un evento inolvidable.
Pero toda la felicidad que hay en el alma y corazón de 45 mil seguidores del grupo, no evita que me pregunte si Ocesa hizo bien su parte. Tienen mucho que revisar y mejorar. La experiencia de ver a una banda en vivo tiene diversos elementos que en conjunto suman y dan como resultado la satisfacción plena de un cliente. Y en ese sentido hubo muchísimas voces inconformes con el proceso de ingreso al estadio El Campín. El tremendo aguacero y tormenta eléctrica del 10 de marzo alteró la logística y retrasó, por motivos de seguridad, el ingreso del público pactado a partir de las 4:45 p.m. Entendible, ni más faltaba y hay normas de seguridad que no se pueden violentar a favor de la seguridad del público y esto no es culpa de los organizadores. Pero no hubo un plan de choque para mitigar que 45 mil personas se represaran en los alrededores del estadio y esto generó situaciones muy incómodas para el público, desde soportar ante una tenebrosa oscuridad, filas de más de 2 horas y media y robos a por doquier. Ese día los ladrones hicieron su agosto, pues entorno a las filas, que llegaban hasta el Coliseo el Campín, no había un solo policía. Según Ocesa la Alcaldía de Bogotá dispuso de más de 1000 efectivos para garantizar la seguridad de los asistentes. Pero con el tremendo diluvio, muchos corrieron a refugiarse.
Otro de los aspectos que hay que mencionar es el tema de los filtros de seguridad. Ocesa solo dispuso de cinco filtros preliminares para el ingreso del público. Acá hay una falla seria pues eso nos da una media de 15 mil personas por filtro. En el caso de quienes ingresamos por occidental a la altura de la carrera 30, pudimos observar como un cuello de botella le dio pie a que los amigos de lo ajeno hicieran su agosto a manos llenas. Sería absurdo responsabilizar a Ocesa por los robos, la seguridad era responsabilidad de la Alcaldía y acá fallaron rotundamente. Ahora, son situaciones inherentes a las grandes ciudades y a los eventos masivos. Pasó en Medellín con Madonna, en Lima con los Stones, en París con Michael Jackson y en Buenos Aires cuando tocó Ac/Dc. Quienes hemos asistido a conciertos en grandes escenarios en Estados Unidos o Inglaterra también sabemos y no desconocemos lo complicado que es ingresar o salir en este tipo de eventos y las dificultades en materia de seguridad que ello conlleva. Entonces el problema de fondo es que Bogotá y las grandes ciudades de Colombia, no tienen escenarios adecuados para atender grandes multitudes y esto se debe revisar urgente. Además se debe intervenir pronto el Coliseo el Campín en Bogotá y la Plaza de Toros en Medellín, espacios complicados y desaprovechados.
Por lo pronto no dudo que Ocesa tuvo la mejor voluntad para que este evento fuera perfecto. Hay aspectos, insisto, que se deben revisar y mejorar. Decidí trasmitirle dichas inquietudes a los responsables de la visita del grupo a Colombia, para que en aras del equilibrio, nos ofrezcan su visión de los hechos mencionados y cuestionados. Mucha gente ha señalado, en redes sociales, a Ocesa como el gran responsable de estas incomodidades, de los robos y de las peripecias para entrar al estadio, aunque hay más elementos colaterales que influyen en el restulado final de esta experiencia. Queda por decir que el concierto de los Stones en Bogotá pasará a la historia como uno de los momentos más importantes de quienes hemos seguido con pasión y dedicación a la banda. No sé si partió en dos la historia de la música en Colombia. Tal vez sí la de los conciertos, por una razón: porque por primera vez no nos deleitamos con un individuo-leyenda en el escenario. Era toda la banda, demostrando su talento y experiencia en más de 54 años de vida artística. Los Stones nos dieron antes, durante y después muchos motivos para seguir siendo felices. A Ocesa le toca revisar en qué falló y Bogotá, Medellìn y Cali, urgentemente, tienen que ponerse a la altura de las grandes ciudades del mundo, con escenarios adecuados que briden las comodidades necesarias para eventos masivos. No basta con sentirnos orgullosos con la cantidad de artistas que nos visitan. También hay que pensar en el público, finalmente, gracias a ellos (nosotros), estos eventos son sostenibles. No vivimos la versión latina de Altamont, pero estuvimos cerca.
Respuesta de Luz Ángela Castro, Gerente de Ocesa Colombia:
Respondiendo tu pregunta no pretendo disculpar los problemas sino como bien lo dices ampliar la visión de las cosas. Como viste o viviste ayer estuvimos ante el mayor aguacero y tormenta eléctrica por mucho tiempo en Bogotá, que generó afectación de varias vías e incluso el aeropuerto. En el caso del estadio, se inundaron camerinos, oficinas, e hizo necesario mover el minuto a minuto previsto desde la prueba de sonido que debió ser interrumpida por seguridad, y la apertura de puertas que estaba dispuesta a las 4:45 pm. La llegada del público por el tráfico también se concentró en un lapso corto de tiempo. El dispositivo de seguridad se concentró en muy poco tiempo por los factores que te explico y genero el caos que mencionas. Por protocolos de seguridad, no se debe dar ingreso al público a un recinto sin energía, y con riesgo de descargas eléctricas. Por otro lado todo concierto tiene tres anillos de seguridad, al que te refieres es el primer anillo, que está en el perímetro más externo, donde verifican boletas. Teníamos 5 pre filtros. De allí pasas al segundo anillo donde cada localidad tiene su entrada y pasas al tercer anillo donde las empresas de control cortan el desprendible de la boleta. Este proceso lleva tiempo y procesos de control por autoridades. Lamento mucho lo sucedido. Sé que las disculpas no te sirven, pero igual te las presento. La seguridad externa depende de los policías por norma local, enviaron más de 1000 policías esa noche, le haré saber esta insatisfacción al Alcalde mismo. Hay oportunidades de mejora propias, con las autoridades, con la ciudad y me comprometo contigo en poner en marcha un plan de trabajo para que las cosas funcionen mejor.