Los clásicos son clásicos cuando modelan una época y se convierten en referentes para el presente. Mary Shelley publicó el día de año nuevo de 1818 la primera versión de Frankenstein. Desde entonces han pasado 200 años y aquel monstruo, que reavivó ese temor del creador de ser superado por sus creaciones, sigue vigente.
En algunas de las más intrigantes escenas de la novela aparecen fieros debates y experimentos científicos, en un contexto del surgimiento de la razón en pleno inicio del Siglo de las Luces. También ocurren cuestionamientos de peso ontológico (relacionados con el ser). Un pasaje de la novela dice:
“Esperaba ya que me recibieras así ―dijo el monstruo―. Todos los humanos odian a quienes son infelices. ¡Cuánto odio debo despertar yo que soy el más infeliz de los seres vivientes! Incluso vos, que me disteis la vida, incluso vos me detestáis y me rechazáis, a mí, a la criatura con la que os atan lazos que solo la muerte podrá romper”.
¿Qué mayor poder que el acto de dar vida? Frankenstein se convirtió con el correr de los años en un referente literario del mundo moderno que refleja ansiedades y preguntas de fondo sobre la ciencia, la responsabilidad del hombre, la familia, la alienación, la vida, la muerte, etc.
Una criatura fascinante
La investigación de Christopher Frayling, Frankenstein, The First 200 Years, hace un recuento de la manera en que ha aparecido la historia del moderno Prometeo desde su creación hasta nuestros días y hace énfasis en su evolución estética y su significado en la cultura contemporánea.
El libro cuenta cómo la figura aparece en parodias como The Munsters, Young Frankenstein, The Rocky Horror Picture Show, caricaturas como Los Simpson y en todo tipo de juguetes, todos referentes de la cultura popular moderna.
La obra se mantiene actual porque los postulados que la joven novelista escribió eran tan intrépidos y profundos para su época como para hoy. “La novela fascina porque habla de la relación entre la vida y la muerte”, comentó para la Biblioteca Nacional de Escocia Sorcha Ni Fhlainn, profesora de estudios de cine de la Universidad Metropolitana de Manchester y miembro del Centro de Estudios Góticos de Manchester. “La muerte es absoluta. Así que la idea de reanimar la carne es tanto impactante como cautivadora”.
Sabemos que la crítica es veleidosa y no conoce de clásicos. Cuando fue lanzado el libro de Shelley un crítico de la época hablaba así de Frankenstein: “Es el hongo venenoso más fétido que ha surgido del estiércol de la época”. De hecho, tuvo un tibio recibimiento cuando fue publicado el libro y solo empezó a ser renombrada a partir de las adaptaciones en el teatro y el cine (cuando finalmente salió del “estiércol”).
Inspiraciones
La novela es considerada como un relato de horror o fantástico, aunque también como modelo de la literatura moderna de ciencia ficción. Según la doctora Ni Fhlainn, Blade Runner, Terminator, El joven manos de tijera, IA, Prometeo y decenas de otras cintas pueden considerarse historias “a la Frankenstein”.
A pesar de ser adaptada en múltiples formatos, fue en el cine en el que obtuvo más renombre. Thomas Edison Film fue la primera compañía en hacer un cortometraje para cine de Frankenstein. Era tal la curiosidad que el cartel promocional de la cinta decía: “Se ha intentado eliminar con cuidado todas las situaciones realmente repulsivas y concentrarse sobre los problemas místicos y psicológicos que se hallan en este asombroso relato”. Esta adaptación no es compleja ni mucho menos minuciosa y recurre a lugares comunes del cine mudo propios de las interpretaciones del vodevil de la época, más que a una fiel representación, pero fue la primera adaptación en la pantalla grande de lo que se convertiría más adelante el mito.
No fue hasta el Frankenstein (1931) de James Whale que se empezó a hablar de este personaje mítico en el cine. Incluso la Asociate Film Institute (AFI), la tiene como una de las mejores 100 películas de todos los tiempos.
Un último dato interesante es que Shelley subtituló a su libro como El moderno Prometeo, haciendo alusión al personaje de la mitología griega que robó el fuego a los dioses para dárselo a los humanos, por lo cual fue castigado por Zeus. En el libro, el científico Frankenstein es castigado por tratar de darle a los hombres el poder.
Por eso es enfático el investigador Christopher Frayling en su ilustrada historia de la novela: “El mito de la creación real de los tiempos modernos -la era de la ingeniería genética, los bebés triparentales, la nanotecnología, la inteligencia artificial, la robótica y la singularidad, las interfaces entre humanos y animales y el secularismo- ya no es Adán y Eva en el Jardín del Edén”, dice en uno de los apartes de su libro.
La criatura nació para cuestionar el lugar de la vida y la muerte, de dónde venimos y para qué vivimos. La negación de la creación lo hace vivir. La novela está viva porque es en sí misma un Frankenstein