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Libros que hablan de Medellín

Muchos cuentos, novelas y poemas tienen a la capital de Antioquia como personaje o escenario de acontecimientos. Mencionamos algunos, como una forma de invitar a la lectura.

  • ilustración Elena ospina
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  • Libros que hablan de Medellín
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05 de octubre de 2016
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Medellín es asesina y utilitarista; amada y odiada... antigua y contemporánea. La ciudad en la literatura es ideal y permanece en un eterno presente.

Y la nuestra ha habitado en las páginas de los libros, por lo menos, desde el siglo diecinueve. Y lo ha hecho de dos maneras: como escenario de acontecimientos y como personaje o, mejor dicho como entidad personificada con quien uno puede hablar.

No pueden dejar de mencionarse varios libros de Tomás Carrasquilla, quien a finales de ese siglo, 1896, publicó una de las primeras novelas urbanas de Colombia: Frutos de mi tierra, en la que habla de características de sus gentes, que permanecen: el ascenso social, el arribismo y la simulación.

Estos mismos aspectos se aprecian en Grandeza y Ligia Cruz, otras dos novelas del dominicano. Cuentos de ciudad también escribió Tomás, y un sinnúmero de crónicas y cuadros en los que describió barrios, calles, quebradas y parques.

“La Medellín de los libros es un eterno presente —señala Darío Ruiz Gómez, quien ha escrito novelas y cuentos que suceden en este suelo—. Esa ciudad no desaparece nunca. Me permite realizar una requisitoria sobre mí y sobre el presente. Volver a imaginar callejones y lugares ya inexistentes, acudiendo, por ejemplo, a la magistralidad de Tomás Carrasquilla”.

Dicen, Jorge Orlando Melo entre ellos, que Oropel, Aventuras de dos montañeses en la capital, de Camilo Botero Guerra, puede considerarse la primera novela centrada en la Villa de la Candelaria de Medellín. Fue publicada tres años antes que Frutos...

Al hablar de este tema, a Darío Ruiz Gómez, autor de los Cuentos de la Estación Villa, se le viene a la mente el libro La ciudad de las desapariciones, del ensayista inglés Iaim Sinclair, en el que registra un recorrido por Londres, contrastando lo que han destruido, con lo existente. Sin olvidar en ese registro, la música que había en ciertas zonas de la ciudad y ya no hay.

El escritor colombiano agrega que ha notado cómo la música ha desaparecido de la narrativa colombiana. Hasta se atreve a apostar que para muchos narradores, mencionar que crecieron con la Sonora Matancera o con los tangos, se ha tornado en algo vergonzante. Lo mismo que las descripciones de lugares, y las precisiones geográficas de los escenarios de los libros.

“Todo recorrido de ciudad se ha convertido en un acto político”, dice Ruiz que sostiene Sinclair.

Una ciudad infinita

A principios del siglo veinte aparecen los escritos de Luis Latorre Mendoza, en los cuales intenta plasmar, con estilo alegre, la Medellín real, con las formas arquitectónicas, los olores de los espacios públicos, como la Plaza de Guayaquil. Un libro suyo se recuerda con especial interés: Historia e historias de Medellín.

En Esteban Gamborena, de Arturo Echeverri Mejía, se lee:

Apáticos caminaban a lo largo de la avenida Primero de Mayo hacia el cruce con Junín. Miguel Ortelade comenzó a marcar el ritmo de sus pasos con el lomo de un periódico contra el ángulo de su rodilla. Carlos le ofreció cigarrillos. Luego dijo:

—Esa es la realidad. ¿Pero la causa? ¿Cuál es la causa?

—La deificación del dinero.

La Medellín de Esteban Gamborena es escenario de una sociedad conformada por los hijos de los migrantes del campo, que ya cuentan con más información proveniente del resto del mundo por el desarrollo de los medios de comunicación. Seres que habitan la ciudad de día y de noche y buscan entretenimiento. También muestra discusiones de temas universales...

“La Medellín de las novelas es idealizada —señala el escritor Jorge Franco—. En los libros siempre quedan plasmados los espacios de la urbe que más nos han marcado y que, tal vez hoy no existen”.

El autor de Rosario Tijeras tiene entre sus evocaciones la novela Los días azules, de Fernando Vallejo, en la que quedó para siempre dibujada con palabras la Medellín anterior a la época del narcotráfico, de lotes sin construir, solares grandes, casonas inmensas... Y el libro Obra Negra, de Gonzalo Arango, donde este cuestiona y critica a la sociedad. De Medellín a solas contigo, incluido en este libro, un trozo:

Oh, mi amada Medellín, ciudad que amo, en la que he sufrido, en la que tanto muero! Mi pensamiento se hizo trágico entre tus altas montañas, en la penumbra casta de tus parques, en tu loco afán de dinero. Pero amo tus cielos claros y azules como ojos de gringa.

Y, ¿cómo olvidar Aire de tango, la novela de Manuel Mejía Vallejo que inmortalizó el barrio Guayaquil, agitado y bohemio?

Medellín es personaje y escenario. Siempre vital. De ella siempre se puede decir mil cosas distintas, incluso opuestas. Por eso es recurrente en la literatura.

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