Una gallina, con tan poco vuelo y tanta bulla es la protagonista de una obra hecha a cuatro manos: las de un escritor y las de una artista plástica.
No es tan gallina porque adivina es el título del libro de adivinanzas de Luis Fernando Macías y Male Correa, en que aluden, no solamente al ave como tal, sino también como metáfora.
Luis Fernando explica que estas aves de corral representan a quienes tienen poca atención y son más bien apocados de entendimiento.
Por eso, al decir que no lo es tanto porque adivina, es otorgarle un atributo mental que contradice esa presunción de falta de inteligencia.
¿Qué pulpa tiene
tanta ternura
cuando está pura?
Solo recuerde
que se ve verde
estando madura.
Este acertijo forma parte del capítulo IX, En la frutería. El volumen tiene otras 13 partes: En la cocina, En la alcoba, En el corazón y En el café son algunas de ellas.
La adivinanza, como forma poética, es en general descuidada por los escritores. Apenas si se ocupan de ella los profesores en sus talleres de clase y quienes escriben libros de enseñanza de la lengua.
¿De dónde viene el interés de Luis Fernando Macías por estos juegos literarios?
Cuenta que cuando comenzó a escribir, en 1972, apareció un concurso de literatura infantil. Con él, se abrió una discusión sobre lo que era esto. Desde entonces, comenzó a estudiarla.
Casa de bifloras y La rana sin dientes son dos novelas suyas, finalistas en ese premio en años diferentes.
Más tarde publicó el libro El juego como método para la enseñanza de la literatura a niños y jóvenes. Un volumen para docentes en el que exploraba las adivinanzas, las retahilas, los retruécanos y otras formas divertidas de la lengua.
Y en cuanto a estos acertijos, tiene los libros Quien no la adivina bien tonto es y Señor, señora... Adivine ahora, a los que se suma este de la gallina.
Luis Fernando, quien, además de escritor y profesor, ha sido tallerista, cuenta que las adivinanzas son de los juegos que consiguen reunir a más personas. Los ha planteado a ancianos, adultos y adolescentes “y todos se comportan como si fueran niños”.
“La vida es un enigma y cada segundo debemos resolver el camino al futuro”, sostiene.
Añade que la existencia está colmada de encrucijadas que deben resolverse y cada solución determina el porvenir. “La adivinanza, en tanto, es un enigma sencillo y, al resolverlo, se produce un descanso del dolor de no saber”.