El alma en una travesía que pasa por cuarenta minutos de música. Cinco instrumentos en escena, teclado, guitarra, batería, percusión y la voz afro del pacífico de Tanya Makú, y dos instrumentos más, virtuales, en dos pantallas: el didgeridoo, uno australiano que sale de los árboles de eucalipto – explica Sergio Giraldo, el compositor–, y una marimba de chonta, muy colombiana.
También hay diez minutos sin bombillos prendidos, en un mundo oscuro, para que el alma se conecte con las sombras. Porque Sergio quería contar historias que ha tenido con la vida en la música, para decir que aunque haya pensamientos diferentes, ideas distintas, y si bien no parezcamos iguales, dice él, tenemos el mismo origen. En el interior somos los mismos. En esencia.
La travesía del alma es un concierto para conectarse consigo mismo. Sergio dice que cada quién sentirá lo que quiera, pero su intención es dejar las diferencias, de raza, de edad, de pensamiento, para dejar que la música conecte.
Las melodías, explica, son muy afro, muy pacíficas, muy ancestrales y, al tiempo, la percusión es del mundo y la base es rock. El compositor sigue la corriente del World Music, con el interés en las fusiones entre lo étnico y el rock.
El concierto
El trabajo empezó hace cuatro años. El proyecto se llama Senderos de regreso y el concierto espera ser la primera propuesta, de muchas otras.
La idea empezó hace tiempo, con una canción que Sergio compuso y lo llevó a una experiencia de su infancia. En este trabajo están las experiencias de su vida, algunas etéreas, que comparte en esta obra musical que relata el viaje del alma, que ha de encontrarse con la sombra, con la luz, con un llamado a su esencia.
Es una obra de reconexión.
El proceso
Cuarenta minutos, explica el músico (Sergio es el compositor, el director, el productor general, y toca el teclado), es algo técnico. Son 10 canciones que se conectaron para producir un disco, y que se pueden descargar por internet, a cambio de compartir la música.
No hay letras. Tanya Makú canta sonidos, onomatopeyas, una experiencia, un sentimiento, no palabras.
Entonces los sonidos y las ideas se conjugan y decir, a través de la música, que en ese lugar no hay diferencias, aunque cada uno escuche a su manera, y el alma haga travesías distintas.
No obstante, las descripciones no importan, sino el escuchar. El concierto empieza a las 6:30 de la tarde, cuando los músicos le den la espalda a las sillas rojas del teatro del Museo de Arte Moderno de Medellín, y se encuentren con esos que escuchan al frente, en la plazoleta. Lo demás es dejar que .el alma viaje.