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En el parque biblioteca León de Greiff se aprende en cada rincón

Un trabajo in situ, pero también yendo al territorio, es el equilibrio que busca este espacio cultural.

  • Un trabajo in situ, pero también yendo al territorio, es el equilibrio que busca este espacio cultural. FOTO Juan Antonio Sánchez
    Un trabajo in situ, pero también yendo al territorio, es el equilibrio que busca este espacio cultural. FOTO Juan Antonio Sánchez
En el parque biblioteca León de Greiff se aprende en cada rincón
19 de julio de 2015
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El cuaderno de Iván Darío Alzate tiene escrito su nombre varias veces. Al principio estaba preocupado porque no pudiera aprender a escribir con su mano temblorosa, pero ya que la profe le dijo que eso no era problema, está feliz yendo al parque biblioteca León de Greiff La Ladera. Lleva tres clases y ya anda aprendiendo a firmar.

Él hace parte de un grupo de personas en situación de discapacidad. Cuenta Yamilett Gallo, gestora social y cultural, que ellos les preguntaron que no sabían leer y escribir, que entonces qué. Una necesidad que solucionar, porque su interés va aún más allá, las clases en la sala virtual.

Cuando Patricia Giraldo, la gestora coordinadora, piensa en algo que los haga diferentes, señala el trabajo con ellos. Son muchos los usuarios con alguna situación de discapacidad. Óscar, por ejemplo, un chico con síndrome de down que los visita a diario, un buen bailarín y lector.

Por eso es que por estos días van a pasar la sala virtual del segundo piso del primer bloque –el parque tiene tres– al primero, para que sea más accesible.

Los cambios van llegando según las necesidades. Cerca a la entrada había un pequeño lugar que no se usaba para nada especial. Esta semana inauguraron allí una sala de sillones rojos, El rincón de León, y es para que la gente se siente a conversar o a leer. Lo que se les ocurra.

De rincones hay que hablar en el León de Greiff. En la sala de lectura está esa esquina con cojines, tan cómodos que se sienta una familia en compañía de un libro. Muy cerca a la colección general hay un rincón literario, que este mes está dedicado a León de Greiff, por los 120 años que se cumplen de su nacimiento.

Los lugares siguen. En la zona verde que se ve desde la sala infantil, muchas personas se pasean con sus mascotas. Con el Inder propusieron hacer Agility, y ha sido tan exitoso que no hay más cupos.

Las historias de la biblioteca empiezan en el sitio. Antes fue la antigua cárcel de varones La Ladera, de la que queda un arco por el que hay que pasar para llegar a las terrazas. Comenta Patricia que una de las cosas que quiso el arquitecto Giancarlo Mazzanti fue retomar el espacio social, y las terrazas son un lugar de encuentro y un mirador de la ciudad. Allí hacen actividades de formación y hasta conciertos, si bien por estos días están cerradas y en estudio técnico. El piso de madera no funcionó y hay humedades, por lo que se necesita reparar.

Aunque una de las propuestas que tienen en el parque es que además de aprovechar cada rincón, salir a los barrios, acercarse a la comunidad. La gestora coordinadora explica que hay problemas de accesibilidad, y solo una ruta de bus llega, por lo que la gente –cómo será el amor– llega casi toda caminando. Para muchos es costoso tomar un bus o un taxi. Yamilett sabe de niños que llegan a pie, después de 40 minutos de camino.

Trabajo en comunidad

Muchos proyectos implican ir al territorio, lo que les gusta, porque les permite hacer una lectura de este, saber qué se vive, qué pasa, qué le interesa a la comunidad. Han descubierto que hay mucha población campesina y que es importante entonces trabajar las raíces. Así, en Sembrando vida, alrededor de la siembra hablan no solo de alimentación, sino de socialización y folclor. En el costurero, en el que tejen mientras conversan, hacen memoria del barrio.

El tema de la recuperación de la memoria les interesa, y todo lo que hacen en esa idea lo agrupan en Recorderis. Cuatro nombres más tienen, Interletriados, Risomate, Saberes y Parquearte, y en cada uno hacen actividades, a veces jugando, conversando, leyendo, siempre aprendiendo. Afuera o adentro del León de Greiff.

En Interletriados trabajan el tema de lectura, las letras como el pretexto para crear ciudadanos independientes, cuenta Luisa Agudelo, gestora de fomento y escritura. En el parque tienen iniciación a la lectura, en el que trabajan con la familia y han logrado que los papás ya presten libros para ellos y para los niños. Eso en la biblioteca, porque con la Fundación Golondrinas tienen un programa donde las mascotas hacen de puente entre la lectura y la escritura. El perro se para, los niños se paran. El perro parece leyendo, los niños leen. Ya hay unos 600 pequeños.

Patricia precisa que les dan a los usuarios las herramientas para que disfruten. Los de hip-hop van a ensayar, también la red de danza –hasta lograron transporte para llevar a los niños al parque– y los artistas locales exponen sus propuestas en sala Mi Barrio o en las paredes de la biblioteca. La sala de exposiciones es un corredor grande, para sentarse a mirar.

La comunidad, añade la gestora coordinadora, es muy activa y participa en cada propuesta. Hay liderazgo y por eso trabajar en conjunto es lo que les interesa.

Usuarios de hace mucho tiempo –algunos que llegan por una vez, y luego se quedan– tienen varios. Edilma Guzmán va al grupo literario Soliluna desde hace seis años, si bien hace tres llega acompañada por su madre, que tiene 85 años. Asiste, comenta, para aprovechar la ventana cultural que les abrieron. Los libros están a cinco minutos caminando de su casa.

Para Edilma uno de los mejores regalos para la comuna 8 ha sido la León de Greiff. Donde se ubica el parque era uno de esos lugares por donde la gente no se atrevía a pasar. Ahora es distinto, reflexiona, es de donde no quiere salir. Es como “un bálsamo de frescura a un sitio que fue estigmatizado por la violencia”.

En la sala de talleres están en clase. Alveiro se ríe. Es ciego, pero ahí va moviendo su mano. No puede parar de reírse. Está feliz aprendiendo a escribir.

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