La tía de Luis David Muñoz no le creyó, aunque ella fue la primera a la que él le mandó la foto del brazo con la frase Libre expresión, con ese y con tilde. Llevaba ocho años con “libre exprecion”, que ella no creyó que los dos errores de ortografía se hubieran ido.
Luis David fue el primero en sentarse en la silla de tatuajes de Carlos Eduardo Herrera, o Pipo, en la primera jornada de corrección de tatuajes en vivo, una propuesta del Instituto Caro y Cuervo y su Festival de la Palabra.
Antes de empezar, el joven estaba nervioso. Hace ocho años se había hecho el tatuaje, y ni él ni el tatuador se dieron cuenta de que había un error. Dos días después, su tía le cortó la emoción: que había un error garrafal en el brazo.
Entonces lo solucionó usando buzos, aunque mucha gente lo veía sin notar el error. “Caen en cuenta porque yo les digo. A muchas personas les falta conocimiento. Tenemos que leer más”.
Por eso para el segundo tatuaje ya puso atención. No se le va más un error de ortografía: Un paso a la vez. Perfecto.
Adiós, error
Pipo se sentó en la silla a organizar los detalles: alistó la máquina, las tintas, los marcadores, el antibacterial, el tarro de basura rojo. Iba sacando todo de una maleta de viaje.
Cuando ya estuvo listo, Luis David se sentó. Qué cuantos años con el tatuaje, preguntó Pipo, que 8, dijo tímido el joven.
El tatuador empezó a dibujar con azul sobre la ce, le hizo una curva y, rápido, ya estaba la ese. “Así sería lo correcto”, le mostró, y volvió a pintar con tinta negra. Luis David miraba.
“El error es que hicieron las líneas muy gruesas. Los trazos míos van a ser gruesos, pero no tanto, y el resto nos va a servir de fondo”. Luego dibujó otras líneas abajo, para adornar, y ahí sí empezó de verdad.
Corregir
Pipo es tatuador hace más de 22 años, aunque hace 15 corrige tatuajes. “Con todos los tatuajes es muy comprometedor, pero lo es más ahora que para la primera persona que lo hizo”, dice.
Además, no todos los dibujos en la piel se pueden corregir. Con los signos de puntuación no hay tantos problemas, pero cuando cambian letras, es más difícil. “Hay unas que, qué pesar, no se pueden. Cuando los espacios son muy grandes, muy saturados, y alrededor no hay piel para coger, por ejemplo”.
Pipo improvisa, se toma su tiempo, piensa qué puede hacer para corregir. Si hay que hacer un dibujo o un detalle, que él llama de desenfoque, para que se vea primero eso, que la corrección. Cada caso es distinto y, muy importante para Pipo, no ser mediocres. “La gente nunca tiene una esperanza, y cree que el error ya se quedó así. Cuando se puede arreglar, el agradecimiento es de por vida”.
Luis David se fue con su libre expresión. Estaba contento, porque lo importante era que la ce se fuera para siempre. “Ahora trato de leer, para no volver a cometer un error de esos, y más sobre mi piel, porque sale muy costoso borrarlo, y si uno no tiene la forma de hacerlo, se queda con él mucho tiempo”.
Lección aprendida, y un error menos que viaja en un brazo.