Estaba oscuro y a través de la puerta del auditorio se escapaba una luz efímera. Llegué tarde, los músicos ya estaban en plena presentación y para entrar fue necesario atravesar el protagónico escenario y subir entre penumbra las escaleras que llegaban al único asiento libre. Minutos después los asistentes estábamos inmersos en sonidos de instrumentos y ritmos que nos llevaban por ríos o montañas de Colombia y veíamos en escena a un grupo de jóvenes que cantaba con los ojos cerrados, bromeaba o explicaba sus canciones a un público que sonreía, aplaudía y comentaba en voz baja. Un integrante del grupo anuncia la canción Emilia y la emoción se expande en el recinto sin dejar inmunes: “(...) Guardate las prisas, bajate el cansancio, mi fin de camino...