No hay verdad ni reparación. Ese es el resumen de lo que ha ocurrido en La Chinita (un barrio de Apartadó en el Urabá antioqueño) 25 años después de la masacre que enlutó sus calles en una noche de jolgorio.
Los excomandantes de las Farc les pidieron perdón a las víctimas el 30 de septiembre de 2016, pero fue una solicitud “tímida, sin una reflexión profunda y sin verdad”, anotó Mario Agudelo, desmovilizado del Epl quien fundó Esperanza Paz y Libertad, grupo contra el que se ensañó la guerrilla al cometer esa masacre.
Las palabras de Iván Márquez en aquel momento fueron: “compenetrados con el más profundo sentimiento de humanidad y de respeto, hemos venido a La Chinita, 22 años después de aquel triste 23 de enero, con el corazón compungido a pedirles perdón con humildad por todo el dolor que hayamos podido ocasionar durante el transcurso de la guerra”.
Y agregó que el hecho que hoy cumple 25 años fue un error. “Jamás debió ocurrir lo sucedido en esa noche de alegría y de verbena popular. Nunca el mando de las Farc ordenó tal atrocidad”, dijo Márquez, sin aclarar quién lo ordenó ni por cuál motivo.
Y eso es lo que las víctimas de la masacre, quienes vieron a sus 35 seres queridos morir a manos de hombres armados que de forma indiscriminada dispararon en medio de una fiesta, reclaman.
“Ellos no vinieron a matar a alguien que haya robado o matado, ellos vinieron a acabar con un movimiento político que estábamos construyendo en Urabá”, comentó Ciro Abadía, presidente de la Asociación de Víctimas de Antioquia, refiriéndose al exterminio por parte de las Farc de Esperanza Paz y Libertad, quienes además de la masacre de La Chinita —una invasión promovida por ese movimiento—, perpetraron otras como las del Bajo del Oso y los Kunas en 1995 y Osaka en 1996.