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¿El Estado está preparado para asumir el control?

Zonas como el norte de Antioquia, donde las Farc han tenido presencia histórica, piden presencia del Gobierno.

  • Entre el norte de Antioquia y sur de Córdoba los campesinos solo cuentan con caminos de herradura para movilizarse. En la zona está el frente 18. FOTO Donaldo Zuluaga
    Entre el norte de Antioquia y sur de Córdoba los campesinos solo cuentan con caminos de herradura para movilizarse. En la zona está el frente 18. FOTO Donaldo Zuluaga
¿El Estado está preparado para asumir el control?
Infográfico

La población en la que el equipo periodístico de EL COLOMBIANO se reunió con el frente 18 de las Farc, en el norte de Antioquia, es un pequeño caserío de unas 20 casas, una iglesia, una placa polideportiva, y una escuela con tres profesores en la que los niños estudian hasta grado séptimo.

Hasta allí llega una carretera por la que solo transitan los caballos, las motos y la chiva veredal. Hacia adentro, el camino se vuelve arriero y es utilizado a diario por los labriegos que viven en otras veredas en donde no hay acceso vehicular y no hay internet ni señal de celular.

Los pobladores de esa región se acostumbraron a las Farc y a sus reglas, sin embargo esperan que el Estado refuerce su presencia social, con servicios básicos y oportunidades de desarrollo. La región montañosa, es rica en recursos hídricos, cuenta con un clima y tierra que permiten la cosecha de productos como café, maíz, frijol y plátano. Sin embargo, las oportunidades y opciones son pocas para los campesinos, quienes en esta época tienen dudas con el proceso de paz entre el Gobierno y la guerrilla.

Para analistas y expertos en el conflicto armado colombiano, el reto del Estado de llegar a las zonas donde históricamente han estado las Farc es inmenso, no solo por la necesidad de la gran mayoría de los campesinos que desean trabajar sus tierras en paz, también para evitar que esas personas, y los jóvenes que hacen parte de los grupos armados una vez se desmovilicen, no queden nuevamente a merced de otro grupo armado ilegal.

En su análisis, Javier Ciurlizza, director para América Latina del International Crisis Group, cita una frase que le escuchó al padre Francisco De Roux sobre uno de los principales problemas en Colombia: “el país siempre ha tenido más territorio que Estado”.

Para Ciurlizza, esa frase no solo compromete a una nación que sufre un conflicto armado, también a una que “tiene una fractura estructural y una poca capacidad del Estado para estar presente, prestar servicios públicos, por lo que habitantes de regiones con presencia histórica de las Farc tengan la percepción de que el Estado y la autoridad es un ente ajeno, extranjero y por eso cuando el Gobierno ha intentado estar muchas veces ha sido recibido con desconfianza y hasta con hostilidad”.

Dice el analista que es normal ver a los habitantes de esas zonas organizados para sobrevivir como puedan y con quien esté de turno en la región, por eso asegura que el desafío del posconflicto para el Gobierno Colombiano no se trata solo de restablecer la autoridad del Estado, una autoridad que estuvo ausente, sino de establecerla en muchas zonas por primera vez “y eso implica un esfuerzo muy grande para conquistar muchas mentes y corazones de toda esa población, porque no solo se trata de respeto y leyes, también de legitimidad”.

Camilo Gómez, excomisionado para la paz en el gobierno de Andrés Pastrana, tiene clara la necesidad de fortalecer o hacer cambios profundos en la justicia ordinaria para afrontar el posconflicto.

“A mi juicio es el elemento más critico hoy en día, si hay justicia y presencia estatal, ningún grupo armado ilegal podrá llegar hacer suplantaciones como las que se han presentado en algunas regiones muy apartadas”, dice.

En su tesis, Gómez plantea que una simple pelea o conflicto entre dos campesinos, termina siendo resuelta por un tercero, “y en esas regiones, ese tercero es la guerrilla, que es la que tiene la autoridad allí”, por eso el “esfuerzo grande se debe dar en justicia y presencia institucional”.

Afirma el excomisionado que otro de los elementos críticos es el narcotráfico, “porque los guerrilleros que decidan seguir con ese negocio, con los cultivos ilícitos en ese tipo de áreas inhóspitas, se van a convertir en un problema grande para las autoridades y su intención de llegar a esos sitios”.

No hay capacidad
En el país se conoce cual es el principal reto del Gobierno con las comunidades con ausencia estatal; la pregunta que surge ahora es si hay capacidad para intervenir y permanecer.

Para varios conocedores, en la actualidad no hay capacidad para llegar a todos esos rincones en los que la autoridad es ejercida por la intimidación y el fusil. A esa conclusión llega Jaime Jaramillo Paneso, analista político y exmiembro de la Comisión Nacional de Reparación, quien asegura que todo proceso social es “lento y requiere de mucho tiempo y preparación”, y también “es necesario hacer un censo de toda la población y las necesidades de esas familias para poderles dar alternativas”.

Javier Ciurlizza no ve fortaleza en el Estado para afrontar esa problemática, “simplemente no se tiene la práctica, porque acá se es fuerte en el centro pero profundamente débil en la periferia; en las zonas alejadas las relaciones del ciudadano con el Estado están mediadas por una serie de estructuras informales e ilegales y mucha gente se acostumbró a eso”.

El representante de International Crisis Group dice que el posconflicto no puede esperar y la población menos, por eso “es importante apoyarse en las estructuras locales que existen como iglesias, colectivos de víctimas, en aquello que si funciona y que tiene la credibilidad de la comunidad”.

Un plan para lo que viene

La experiencia del excomisionado de paz en el periodo presidencial de Andrés Pastrana Víctor G. Ricardo, lo lleva a afirmar y pensar que el Estado debe tener un plan para asumir lo que viene.

“El Gobierno debe tener previsto si tiene la capacidad o no de llegar a esas zonas, si las negociaciones de paz están tan avanzadas, es porque debe de existir un proyecto sólido para entrar de una manera firme a esas áreas de influencia histórica de las Farc. Esa es una de las claves para tener una paz estable y duradera”, asegura.

El excomisionado concluye con la larga espera que han tenido muchas generaciones de habitantes de las zonas rurales de tener oportunidades y el goce de sus derechos fundamentales con un Gobierno que responda por ellos. “Las gentes, habitantes de esos lugares, con seguridad van a tener alegría de que el Estado llegue a sus áreas, los deben de estar esperando hace mucho tiempo, por eso es importante que se tengan proyectos productivos, que al campesino se le llegue con carreteras, con oportunidades. No se puede volver a dar la oportunidad para que existan vacíos que se convirtieron en el argumento para la creación de las guerrillas”.

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