En los próximos ocho meses, el ministro Luis Gilberto Murillo tiene un reto que no será fácil: bajar las cifras de deforestación. Asunto que será maratónico, efectivamente, por la cantidad de áreas impactadas: hay 178.597 hectáreas taladas. La meta a 2018 es bajar a 90.000.
Tampoco será fácil ya que justo las zonas afectadas por el conflicto están siendo invadidas por nuevos terratenientes que están expandiendo sus áreas productivas y, haciendo esto, arrasan todo el bosque. Sin embargo, Murillo está optimista, pero dice que es una tarea de todos los colombianos bajar el indicador.
¿Qué explicación tiene frente al aumento de la deforestación en 2017?
“Es un hecho que preocupa y está muy asociado a las nuevas dinámicas que estamos viviendo. Sabemos que es una de las principales problemáticas que el país enfrenta y que no es exclusiva del sector ambiental. El más reciente reporte del Ideam muestra que Colombia perdió en 2016, 178.597 hectáreas, es decir, la deforestación aumentó en 44 % respecto a la cifra reportada para 2015 que es 124,035 hectáreas, pese a que la meta a 2018, es reducirla a 90.000. Mire, en general se estima que el país ha perdido desde 1990 hasta el 2016, cerca de 6 millones de hectáreas de bosques naturales por la deforestación”.
¿Cuáles son las causas?
“La más significativa ha sido el acaparamiento de tierras que representa un 45 %, los cultivos de uso ilícito con un 22 % y la ejecución de obras de infraestructura 10 %. A pesar de esto, el gobierno mantiene la meta de reducir a cero la deforestación en la Amazonia en el período 2020-2030”.
Ahora bien, ¿usted cree que a julio de 2018 se pueden reducir esos indicadores?
“Estamos implementando una iniciativa para reducir estos indicadores, la cual hemos denominado ‘Estrategia integral de control de la deforestación’. Además, también tenemos en ejecución dos programas clave: Visión Amazonia y Bosques de Paz. También necesitamos celeridad en los proyectos que hemos radicado en el Congreso ya que por cada día que pasa sin que nos aprueben nuestras iniciativas se deforestan 40 hectáreas”.
Quiero insistirle. ¿Se siente frustrado con esas cifras de deforestación? Los colombianos se preguntan: ¿dónde está el ministro de Ambiente?
“Yo también le insisto en que los niveles de deforestación no son solo responsabilidad del Ministerio de Ambiente. Es un tema que involucra a toda la sociedad y está asociado a temas de conflicto y pobreza y la respuesta tiene que ser integral. La deforestación creció en todo el mundo, no solamente en Colombia. Sin embargo, está claro que este es un gran desafío y las estrategias para atacarla deben avanzar. Este es un desafío al que tenemos que responder y soy optimista. Ese es mi principal dolor de cabeza”.
¿Delimitar los páramos es suficiente para su protección?
“No, no lo es. Pero es el primer paso. Realizamos el proceso de delimitación conforme a la ley y con base en una sentencia de la Corte Constitucional. Así las cosas, hemos avanzando en este proceso atendiendo los requisitos. Ya delimitamos 23 y la meta son 37. Mire, es importante que los colombianos sepan que en el país la extensión de los páramos alcanza cerca de tres millones de hectáreas, lo que corresponde al 1,4 % de la superficie del país. Esta cifra indica que Colombia posee cerca del 50 % del total de los páramos existentes en el mundo. Por esa razón, hemos tomado la determinación de establecer fuertes prohibiciones al desarrollo de actividades económicas en esos ecosistemas”.
Entre esos páramos hay uno bastante polémico, le hablo de Santurbán, ¿qué sigue en su delimitación?
“Vamos a cumplir un fallo de la Corte Constitucional. Fuimos notificados de la sentencia el jueves 17 de noviembre de 2017 y, en ese sentido, el término del año se finalizaría el 16 de noviembre de 2018. Por esa razón, estaremos todo el año trabajando en esto”.
¿Qué lecciones le dejó que la Ciénaga Grande de Santa Marta, uno de los sitios Ramsar del país, haya ingresado en la lista de los humedales en riesgo?
“Este es un sistema cenagoso complejo, no solamente en lo ecológico y ambiental, sino también en lo social y económico. En consecuencia los desafíos van mucho más allá de las mismas posibilidades de mí Ministerio y hasta del Gobierno Nacional, en el sentido de que también se debe involucrar al sector privado, a la comunidad y se requiere el acompañamiento de la organizaciones internacionales. Incluir la ciénaga en el registro Montreux nos garantiza un acompañamiento técnico y la posibilidad de acceso a recursos financieros, pero también mantener muy en alto, en la agenda nacional, la importancia de la ciénaga. Lo otro es que este es un tema que toma tiempo, no hay una solución rápida. Es como dar tres paso hacia adelante y dos atrás: ese el ritmo que llevamos”.
¿Cuántos humedales Ramsar espera declarar?
“Tenemos una meta ambiciosa. En este momento estamos en el proceso de designación de nuevos humedales, con la finalidad de ampliar las áreas de protección de los ecosistemas de humedal de importancia internacional. Por esa razón trabajamos en las ciénagas de Ayapel, Barbacoas, San Silvestre y de Zapatosa, en la Cuenca del Río Bita, en los complejo de humedales del Bajo Atrato y del Bajo Sinú; esperamos dejarlos declarados”.
¿Ya tiene la receta para frenar la minería ilegal?
“Es importante recordar que la explotación ilícita de minerales se realiza sin procedimientos técnicos ni los permisos requeridos por la autoridad minera y ambiental. Esto nos genera alta informalidad laboral además de la intimidación de las comunidades, el incumplimiento de pago de las regalías, por ejemplo. Hemos promovido la implementación de buenas prácticas ambientales y el proceso para acceder al uso, aprovechamiento o movilización de los recursos. En articulación con otros ministerios, se ha participado en la expedición de normas que propenden por la minería bien hecha y por la eliminación del uso del mercurio. Aquí es importante destacar que estamos gestionando el proyecto de ley por medio de la cual se establecen disposiciones para la lucha contra la explotación ilícita de minerales. Estoy a la espera de su aprobación”.
A finales del año pasado los indígenas arhuacos bajaron de la Sierra Nevada de Santa Marta, en un acto de protesta, para decir no más minería. ¿Cuál es el camino para que la Sierra esté libre de explotación?
“Nuestro compromiso es por la conservación de la Sierra y por eso hemos venido trabajando en ese propósito. Quiero ser muy claro en esta respuesta: en la Sierra no hay ninguna actividad de minería a gran escala y no habrá. Lo que estamos buscando es un área adicional para proteger cerca de 600.000 hectáreas, esto nos dejaría con cerca de un millón de hectáreas más que estarían como protegidas, eso nos va a llevar a que se congelen 40 títulos mineros, los cuales son, principalmente, de materiales de construcción. Esta declaratoria estará vigente por el término de un año contado a partir de su publicación y con posibilidad de prórroga. Mire, la diferencia que hemos tenido con los pueblos indígenas es que para ellos el concepto de Sierra Nevada está más asociado con algo que se llama la línea negra que cobija cerca de 1,6 millones de hectáreas incluyendo las ciudades de Valledupar, Riohacha y Santa Marta y por eso la delimitación no es tan sencilla”.
El Ideam anunció para los próximos meses el impacto del fenómeno de La Niña. El año pasado, en una temporada de lluvias, el país vivió una tragedia en Mocoa, por eso le pregunto ¿qué aprendimos?
“Definitivamente, trabajar de manera conjunta. La articulación interinstitucional nos dejó un aprendizaje: que no se puede trabajar y tomar decisiones de manera unilateral. Por esto, el conocimiento de las causas y fenómenos que se evidencian dónde estamos viviendo, hace que cumplamos con las normas, por ejemplo, no ocupar los cauces. También aprendimos a conocer los diferentes fenómenos ya que siempre hablamos de inundación y aquí conocimos por ejemplo las avenidas torrenciales. Finalmente, el ordenamiento territorial debe ser integral y actualizarse constantemente realizando los ajustes conforme a las dinámicas sociales, ambientales y económicas de las regiones para que una tragedia como la de Mocoa no se vuelva a repetir”.
Hay una paradoja en su caso: usted es chocoano y justamente es este departamento donde hay más desafíos ambientales, como el de deforestación y la minería ilegal. ¿No ha podido hacer más por su departamento?
“Yo quisiera aportarle más al Chocó, solo es que hay situaciones que generan algunas limitantes, como la presencia de grupos ilegales como las bandas criminales, eso nos ha generado dificultades y claro, eso me genera ciertas frustraciones”.