Solo se habían cumplido 16 días de la muerte del Papa Juan Pablo II, el 2 de abril de 2005, y el nombre de monseñor Darío Castrillón, el prelado de la iglesia Católica en Colombia que más lejos ha llegado en la carrera episcopal, sonó para ocupar el trono de San Pedro, y aunque no ocurrió, Castrillón siguió siendo el representante del sacerdocio colombiano ante El Vaticano.
Ayer, tras una agonía que duró más de 2 horas, el cardenal nacido el 4 de julio de 1929 en Medellín, murió en Roma. La noticia la confirmó a EL COLOMBIANO el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón.
“Es una gran pérdida para la Iglesia Católica”, dijo Tobón en el momento de la confirmación del fallecimiento.
Un pastor polémico
Los últimos días de Castrillón en Roma los pasó lejos de los cargos de El Vaticano, sin embargo, se quedó viviendo en un edificio de esa ciudad, como lo recuerda Juan Gómez Martínez, exembajador de Colombia ante El Vaticano y cercano a monseñor.
“Era muy ortodoxo, combatió mucho las nuevas tendencias religiosas y se opuso a monseñor Marcel Lefebvre cuando salió con sus teorías modernas. Fue fiel a la Iglesia, respetuoso y amigo de los Papas”, comentó.
Gómez agregó que el purpurado tenía muy buena amistad con las altas cortes de la justicia italiana e, incluso, sus cumpleaños se los celebraban siempre en casa de alguno de los magistrados.
Su compromiso con la Noviolencia y con los pobres siempre estuvo presente en todos sus sermones, tanto que el senador Antonio Navarro recordó ayer en su cuenta de Twitter que lo conoció durante el proceso de negociación con el M-19 y lo calificó como un hombre de paz.
“Mi sentido pésame a la familia, amigos y miembros de la iglesia cercanos al cardenal Darío Castrillón. Nos encontraremos de nuevo en unos años, monseñor Darío”.
Sin embargo, algunas acciones del alto prelado lo pusieron en el ojo del huracán. La frase “yo mismo he recibido dinero de la mafia y lo he repartido entre 105 pobres”, lo llevó a ser criticado por algunos sectores de la sociedad colombiana.
Hernán Olano, vaticanista y experto en Derecho Eclesiástico del Estado, explicó que la importancia del cardenal colombiano radicó en que fue el jefe de todo el clero mundial mientras presidió la Sagrada Congregación para el Clero, es decir, de él dependían más de 700.000 sacerdotes.
“En 1971 llegó a Pereira como obispo coadjutor y ahí empieza la polémica debido al apoyo que en alguna de sus actividades le brindó el narcotraficante Carlos Lehder y también como arzobispo fue cuestionado por sus testimonios en relación con estos temas. Estando en Roma suscitó el escándalo porque envió una carta de felicitación a un obispo, quien a su vez, había encubierto actos de pederastia de uno de sus sacerdotes”, explicó Olano.
Según el experto, en Roma, Castrillón jugó un papel muy importante ya que fue quien promovió toda la informatización de El Vaticano a través de las páginas de internet, empezando por la del clero.
65
años de ejercicio sacerdotal, desde que terminó estudios en la Diócesis de Santa Rosa.