Dicen los habitantes más añejos que los cimientos de la Nueva Villa de Aburrá son más profundos que los edificios que componen este barrio. Ubicado en Belén, occidente de Medellín, tiene más de 950 apartamentos, entre viviendas, locales comerciales y oficinas; sus paredes y vigas son gruesas, como las construcciones típicas de Medellín de la década de los 70.
Lo más tradicional del sector es su plazoleta en forma de herradura, que comúnmente se conoce como “La Villa”, pero que en realidad se llama Cincuentenario. En este espacio que está declarado como privado pero de uso público, se reúnen en las noches, sobre todo los fines de semana, jóvenes en busca de un lugar de dispersión.
Desde el aire, los bloques de la urbanización, en ambos costados de la carrera 80, se ven incrustados entre los árboles que parecen algodones verdes; también sobresalen en los techos unos paneles solares instalados para calentar el agua con la que se bañan sus moradores.
Aunque Arturo Álvarez llegó a vivir al barrio apenas en 2006, es un conocedor de la historia de su fundación. Cuenta que antes de ser apartamentos, allí habían lotes y mangas donde incluso había un terreno del que explotaban arcilla para fabricar tejas.
La construcción de los edificios de cinco pisos del lado occidental de la avenida 80 concluyó antes de 1980, mientras que las obras en el lado oriental terminaron en 1982. Álvarez relata que para aquella época la vía que divide las dos etapas no existía como se la conoce hoy en día, o al menos no era tan ancha como ahora.
Los paneles solares
La Fundación Centro Experimental Las Gaviotas fue quien lideró la instalación de este tipo de energía para la Nueva Villa de Aburrá. Con más de 30 años de experiencia, reseñan en su página web que la de este barrio de Medellín fue en su época la instalación “más grande del mundo”.
Independientemente de la veracidad de la afirmación, lo cierto es que hasta el sol de hoy los paneles siguen funcionando y aliviando el consumo de electricidad de los vecinos.
“La construcción de la urbanización significó una gran innovación para los proyectos residenciales de la ciudad, (...) fue la primera en usar la energía solar para el calentamiento del agua”, señala la ingeniera civil y residente María Elena Uribe Rivera.
Con el paso de los años, Álvarez reconoce que hace falta quizás hacerle un mantenimiento a los contadores de los sistemas, pero saca pecho porque mientras que en Colombia apenas toma fuerza el tema de paneles foto voltaicos, su barrio fue pionero hace casi 40 años.
La herradura
El movimiento del rock en Medellín ha tenido cinco grandes epicentros, los parques Obrero de Boston, el del Periodista en el Centro, el de El Poblado, las Torres de Bomboná, y sin lugar a dudas la plazoleta Cincuentenario de la Nueva Villa del Aburrá.
Por este espacio en forma de herradura, pasaron bandas musicales como Ehkymosis y Perseo. En la década de los 90 se convirtió en un lugar donde confluyen diferentes culturas: punkeros, metaleros, skaters, raperos, entre otros.
Alejandro Cardona, quien vive en el lado oriental, recuerda que desde su infancia los rockeros se tomaron la plazoleta, mientras que otros intereses llenaban el resto de zonas públicas del barrio, donde es normal encontrar a personas disfrazadas, con espadas, participando de lo que se conoce como juegos de rol.
El Código de Policía, que prohibe el consumo de licor en espacio público tiene su paréntesis en la herradura, pues al ser un sitio privado, está por fuera del alcance de la norma.
“Es un lugar emblemático, donde se pude disfrutar con precios muy baratos. Puede que por eso tomó relevancia y vayan muchas personas para departir al aire libre”, comenta Juan Esteban Oliver, visitante ocasional de la plazoleta.
Límites
En 2009 hubo protestas por la prohibición de darse besos en la herradura, que supuestamente había impartido la administración de la urbanización. Entonces la juventud decidió ir allá mismo y armar una besatón con lo cual terminó el debate.
Pero los residentes no piden otra cosa que consideración en el barrio que habitan. La administradora Luz Adriana Moreno explica que nunca han visto en las expresiones de afecto algo inmoral y solo se trata de un llamado al respeto cuando esas demostraciones pasan a ser obscenas.
La música en los locales está permitida hasta las 11:00 p.m., cuando los vigilantes privados piden a quienes se encuentran en la plazoleta salir del lugar para no afectar la tranquilidad de aquellos que solo pretenden conciliar el sueño en sus hogares.
La Nueva Villa del Aburrá tiene varias caras: en las mañanas y tardes desfilan por sus calles deportistas con sus mascotas, niños en sus triciclos, y ancianos en sus paseos diarios; las noches huelen a juventud y cerveza. Tal es la magia del barrio, que parece que tiene cabida para todos.