En asuntos de mercado, una simple etiqueta puede marcar la diferencia, y más si se trata de sellos verdes, que se les otorgan a empresas que no solo trabajan con respeto por el medio ambiente sino que, además, sus procesos productivos también se desarrollan con responsabilidad social y económica.
Esta ha sido la tendencia de muchas empresas colombianas en los últimos años, que más allá de buscar beneficios económicos por el ejercicio responsable de su actividad, aportan a la sostenibilidad y la justicia social.
Alejandro Zapata Arango, director de Portafolio Verde, una firma consultora de Medellín asociada al programa La Andi del Futuro y que acompaña a muchas empresas en su ruta hacia el desarrollo sostenible, afirma que en el mundo hay más de 400 sellos verdes, todos enfocados en alguna temática relacionada con la sostenibilidad.
“Antes, cuando se hablaba de sellos verdes, se aludía al tema meramente ambiental, pero ahora se va más allá: se pueden reconocer con sellos verdes productos elaborados con procesos de baja emisión de carbono; o certificar las empresas en conjunto y no productos específicos”, señala Alejandro.
Entre los sellos más reconocidos y a los cuales han accedido muchas empresas colombianas están el Rainforest Alliance, el FSC, el Global Gap y el Fairtrade.
¿Acreditaciones para qué?
Según Arango, la sociedad cada vez ejerce más presión en el tema de la sostenibilidad. Esto lleva a que los consumidores prefieran adquirir productos que han sido elaborados respetando los bosques, la fauna y la diversidad.
“Significa que los sellos verdes son integrales, porque evalúan componentes más allá de lo ambiental, como el relacionamiento con los empleados y cómo se aporta al desarrollo económico”, añade.
Un producto que tenga sello verde eleva su categoría en el mercado, pero también le suma estatus a la compañía.
Al decir de Sergio Ignacio Soto, director ejecutivo de Fenalco Antioquia, obtener sellos verdes es una preocupación de la mayoría de empresas, porque cada vez los beneficios son más altos al comercializar los productos.
“Esto lo premian los consumidores, porque los sellos muestran que una empresa trabaja con responsabilidad social y empresarial y ejerce buenas prácticas ambientales”, resalta Soto.
Añade que el proceso llega hasta la comercialización. De poco sirve elaborar productos muy limpios si la cadena de distribución está plagada de prácticas contaminantes.
“Esto funciona como un clúster, se valora la producción, comercialización y el servicio y la tendencia mundial es valorar los procesos amigables con el planeta”, dice Soto.
EL COLOMBIANO muestra ejemplos de algunas empresas acreditadas con sellos verdes.