4610 días. Ese es el tiempo que ha transcurrido desde la última vez que *Lucía vio a su esposo, Arles Edisson Guzmán. Fueron segundos difusos aquellos de ese 30 de noviembre de 2002 que se le quedaron para siempre en la memoria: en la oscuridad de la noche, dos hombres lo agarraron de la camisa de cuadros amarillos y negros que llevaba puesta y lo montaron a un taxi con rumbo desconocido.
“En una hora se lo devolvemos”, atinaron a decir los “muchachos”. De ahí hasta el presente han pasado más de 12 años y siete meses. Sin saberlo, esa tensa escena contra su esposo de la que fue testigo en el barrio 20 de julio (comuna 13), se convertiría en una agonía que aún no termina.
“De ese día recuerdo que estábamos muy felices porque ya venía diciembre y pensábamos que podía ser, en términos económicos, el mejor mes del año. Arreglamos la música, surtimos bien el negocio e hicimos planes para irnos a pasear apenas terminaran las fiestas de navidad”, narra Lucía, quien pensó que lo peores días en el barrio se habían ido con las tanquetas y los helicópteros de la Operación Orión.
El negocio del que habla Lucía en su relato fue un asadero de pollos que Arles y ella decidieron arrendar, a pocas cuadras de su casa, y en el que trabajaron día y noche juntos durante dos años para comenzar a soñar con que algún día tendrían casa propia.
La historia de un amor inconcluso
Corría 1996 cuando Lucía y Arles se conocieron ahí, en pleno barrio 20 de julio, donde vivía él y a donde había llegado ella con apenas 14 años para pasar vacaciones donde unos familiares. Lucía recién cursaba séptimo grado y vio en ese hombre sencillo y noble que le presentaron y que no tomaba licor ni fumaba, el prospecto de novio que siempre había soñado.
Fueron tres años de novios. Época de cortejos y detalles que Lucía recuerda con nostalgia antes de que se casaran en la iglesia de Bello en 1999.
El primer año de matrimonio vivieron en Montería donde pusieron una tienda en todo el centro de la ciudad pero el insoportable calor los hizo devolver y establecerse de nuevo en Medellín, en la comuna 13, el sector donde todos distinguían a Arles Edisson.
Búsqueda infructuosa
En medio de su dolor, Lucía salió esa fatídica noche a recorrer en carro, en compañía del hermano de Arles y de uno de los mejores amigos, los callejones de la Comuna 13. Preguntaron aquí y allá y dieron aviso a las autoridades pero no obtuvieron más que falsas esperanzas.
En la búsqueda les entregaron un croquis que explicaba cómo llegar a una propiedad en San Cristóbal donde se rumoraba llevaban a la gente que desaparecía de la Comuna 13: “Era una finca que parecía abandonada, solo vimos algunos jóvenes en la carretera con radio teléfonos que parecían cuidando. Logramos ver a través de una ventana un bulto de ropa amontonada pero ahí no estaba la de mi esposo. A los pocos minutos de estar ahí tuvimos que salir corriendo porque llegó un hombre y nos amenazó”.
Con tan solo 20 años Lucía sintió que la vida se le derrumbaba. Estuvo de psicólogo varios meses y volvió a regresar a la casa de sus padres en el barrio 12 de octubre de donde se había ido seis años antes enamorada y cargada de proyectos. Así se convirtió en una de las tantas mujeres en la comuna 13 a las que el conflicto armado le cortaron de tajo sus sueños.
Versiones de algunos reinsertados del Bloque Cacique Nutibara y Héroes de Granada de las Auc y habitantes de la comuna 13, han señalado una arenera que se convirtió en botadero de escombros como el lugar donde fueron tirados en su momento los cuerpos inertes de muchos desaparecidos en ese sector de la ciudad.
Casi trece años después la búsqueda no culmina. A pesar de que logró rehacer su vida, Lucía llevó su caso hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos desde el 4 de enero de 2011 y con la ayuda del Grupo Interdisciplinario de Derechos Humanos han tocado puertas para que se aclare la verdad de este doloroso proceso.
En La Escombrera reposa una esperanza
El próximo 27 de julio comenzará el complejo proceso de excavación del primer polígono en el que se calcula hay cerca de 25.000 metros cúbicos de tierra y materiales en el sitio conocido como La Escombrera.
Durará cerca de cinco meses. Algunos estiman en 300 el número de muertos que podrían encontrar en ese sitio ubicado en lo alto de la comuna 13. Jorge Mejía Martínez, consejero para la reconciliación, la convivencia y la vida calcula en unas 90 las posibles víctimas.
Desde que se anunció la reactivación del proceso de excavación, luego de tantos ires y venires, a Lucía se le volvió a perturbar el sueño. Volvió a contar la historia y las lágrimas afloraron de nuevo. ¿Porqué? ¿Dónde? ¿Cómo? Tantas preguntas que le retumban en la mente mientras el reloj sigue implacable, devorándose el tiempo.