Después de la captura de “Tom”, jefe de “la Oficina”, en diciembre del año pasado, Medellín vivió dos meses de violencia que le hicieron recordar esos años en que, por la guerra entre combos y narcotraficantes, era común encontrar cadáveres en las calles, escombreras y terrenos baldíos.
El 31 de enero de 2018, cinco cuerpos fueron hallados por los vecinos de tres comunas de la ciudad: Robledo, San Javier y Laureles, todas en el occidente de Medellín.
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Dos de los cadáveres habían sido envueltos en sábanas; los otros dos, en cobijas térmicas. Cuatro de las cinco víctimas pertenecían a la misma familia. Era claro que los crímenes tenían un mismo autor y un mismo móvil: solo faltaba dar con los responsables.
Un día después, el comandante de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá, general Óscar Gómez Heredia, reveló que los principales sospechosos del crimen eran los criminales de la Odín Robledo, que habrían asesinado a sus víctimas por una disputa territorial relacionada con el microtráfico.
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Según la Policía, Cristian Camilo Mazo Castañeda, alias “Sombra”, dio la orden que supuestamente fue ejecutada por el “Zurdo” y el “Oso”. El alcalde Federico Gutiérrez ofreció por cada uno 20 millones de pesos de recompensa.
Este domingo, casi tres meses después de la masacre de los “embolsados”, “Sombra” fue capturado en una finca del Oriente antioqueño. Las autoridades revelaron las conversaciones telefónicas que lo involucran a él y a sus subalternos con los cinco homicidios de finales de enero.