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Así definen las bandas las fronteras de Medellín

Interceptación de la Fiscalía muestra como cabecilla del combo del barrio Córdoba dividió una zona de Robledo.

  • FOTO CORTESÍA POLICÍA
    FOTO CORTESÍA POLICÍA
Así definen las bandas las fronteras de Medellín
21 de junio de 2017
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Después lidiar con una guerra de combos durante cuatro meses, que lo obligó a huir del barrio, alias “Molacho” debió sentir alivio cuando se enteró de que el nuevo “patrón” de la zona lo estaba buscando para ayudarle.

“Parcero, créame que la vida les va a cambiar – le dijo el cabecilla por celular - ¿Qué más que ya no va a haber conflicto? Es que ya vamos a ser una empresa, parcero. Van a regar la bola en el barrio y le van a decir a la gente que ustedes ya son de ‘la Oficina de Córdoba’, que trabajan conmigo y que ya no hay fronteras invisibles”.

Quien hablaba en ese tono era Alejandro Álvarez Arroyave, alias “Alejo Cachama”. El apodo comenzó a sonar en mayo de 2016, cuando se desató una disputa de bandas en la frontera de las comunas de Castilla y Robledo, que afectó los barrios Córdoba, Caribe, El Progreso y El Volador, y los sectores El Hueco de la Candelaria, Ciudad Central, Los Bloques y Nuevo México.

El motivo de la contienda fue una rebelión dentro de la “Odín Robledo” (Organización Delincuencial Integrada al Narcotráfico), la confederación que agrupa a varias bandas del Occidente de Medellín. Su líder es Freyner Ramírez (“Carlos Pesebre”), quien está en prisión, pagando 36 años por homicidio.

La división la lideraron “Alejo Cachama” y su lugarteniente “Gordo Arepas”, que coordinaban un combo del barrio Córdoba. Durante 120 días, el pleito con sus antiguos jefes produjo balaceras, 18 homicidios selectivos y zozobra en la comunidad.

Según la Dirección de Fiscalías contra el Crimen Organizado, Álvarez pidió apoyo a la “Odín los Chatas”, la estructura que delinque en Bello, la cual le suministró respaldo bélico por orden de su jefe Juan Carlos Mesa Vallejo, alias “Tom”.

Así quedó consignado en interceptaciones telefónicas que el ente acusador presentó en las audiencias de garantías, tras la captura de “Alejo Cachama” el pasado 31 de marzo. “Yo ya estoy trabajando directamente con los señores de la Ofi, con ‘Tom’”, reconoció el procesado en el diálogo con “Molacho”.

EL COLOMBIANO tuvo acceso a los audios presentados por la Fiscalía en la diligencia ante el Juzgado 3° Penal Ambulante de Antioquia. El más comprometedor es del 20/8/16, la facción disidente se reparte la frontera de Robledo y Castilla, en una práctica que la mafia impone en Medellín desde los 80 y que todavía, pese al esfuerzo institucional, no desaparece.

Las nuevas fronteras

Tras la insurrección, que terminó en agosto del año pasado, “Alejo Cachama” rebautizó a su grupo como “la Oficina de Córdoba”. Empezó a llamar a cabecillas de otros combos para informarles que ahora el jefe no era “Carlos Pesebre”, sino él, o como dicen en el argot, que ahora había una nueva “razón”.

Determinó quiénes serían los coordinadores de zona, ordenó que cesaran las confrontaciones entre pandillas del área y asignó una nómina de $1 millón mensual para mandos medios y $500.000 para integrantes de menor rango, asegurando que tenía “100 peludos” a su cargo.

En el diálogo con “Molacho”, quien coordina un sector denominado La Favela, definió los límites entre el barrio Caribe y el barrio Kennedy, donde actúa la banda enemiga “la Matecaña”.

- Cachama: “voy a cuadrar pa’ que le suban 500 lucas y una máquina (arma) buena, pa’ que si esos pirobos de ‘la Mate’ llegan a pasar por allá o por La 26, no les nieguen bala”.

- Molacho: “otra preguntica, ¿La Dinamarca es parte de quién?”.

- “La Dinamarca ya es de ellos. ¿O usted tiene pelaos ahí? Dígame cuál es la zona suya, a dónde vamos a limitar”.

- “La parte mía es: Cuadro, Luli y donde limitamos nosotros”.

- “Ya lo de nosotros no es frontera. Necesito saber es dónde limitamos con ‘la Mate’”.

- “Todo el Lineal del Cuadro, padre, y Dinamarca”.

- “O sea, La 26 es de esos manes, de La 26 pa’ acá es de nosotros”.

- “Exacto. De la Iglesia pa’ abajo”.

- “Listo, ya sabe que el límite de nosotros es ahí. De ahí pa’ acá todo es mío. Lo que es Los Lamentos, López de Mesa parte baja, Córdoba, Ciudad Central y Los Bloques era la frontera con ustedes, pero ya no, porque ustedes ya son de esta familia”.

Al menos de palabra, porque siempre ronda la traición, pertenecer a un clan superior genera a los combos el acceso a una nómina, apoyo armamentista y beneficios extra, como lo dijo “Alejo Cachama”: “conmigo van a contar pa’ todo, es más, a usted le puedo poner un abogado mío pa’ que coja el caso suyo de una vez”.

En el mundo del hampa del Valle de Aburrá hubo dos distribuciones importantes de sectores en la última década, según investigadores policiales consultados por este diario. La primera ocurrió tras una ruptura interna en la organización “la Oficina” en 2008, cuando los capos Maximiliano Bonilla (“Valenciano”) y Ericson Vargas (“Sebastián”), así como las bandas bajo su control, se trenzaron en una guerra por el trono ilegal.

La pugna concluyó en 2011, con victoria para “Sebastián”. Su enemigo cedió territorios en Castilla, Santa Cruz, Robledo, San Javier, Itagüí y Caldas. Con la extradición a EE.UU. de ambos cabecillas, esa zonificación empezó a tambalear.

Los mismos investigadores señalan que la siguiente división territorial se pactó en 2013 entre “la Oficina” y “los Urabeños”, y el resultado fue que este último grupo estableció sociedades con bandas de La Sierra, San Javier, San Cristóbal, Altavista y San Antonio de Prado. Dicho acuerdo, que produjo una reducción en el índice de homicidios, perdura hasta la fecha.

A pesar de este pacto de la macrocriminalidad, que disolvió la mayoría de fronteras entre comunas, desde 2014 se han encendido algunos conflictos que, si bien son de menor envergadura, no dejan de provocar muertes y desplazamientos.

Entre ellos estuvo el del combo “Córdoba” contra “Robledo”, y ahora hay tensiones en los territorios limítrofes de “los Chivos” y “los Pájaros” (Altavista), “La Libertad” y “San Antonio” (Villa Hermosa), y el “Clan Osorio” y “La 24” (Guayabal).

Fijar los límites espaciales es crucial para una estructura criminal, pues ello le permite definir las plazas de vicio, el cobro de extorsiones y las responsabilidades ante el mando superior.

“El que no quede con nosotros, queda objetivo, porque ya vamos a ser una vuelta donde si ustedes se salen de la línea el que respondo soy yo. Tienen que ser derechos hasta la muerte, pa’ cuando el día de mañana usted esté encanado, yo le puedo hacer respetar su vuelta. Igual como me la van a hacer respetar a mí los señores el día que yo no esté”, prosiguió “Alejo Cachama”, dando a entender que en su jerarquía, al menos de palabra, no le arrebatan el sector a un cabecilla cuando cae a prisión, sino que puede seguir gobernando desde la celda.

La guerra fría

Similar al mundo de la política, en la esfera criminal también hay alianzas, traiciones y derrocamientos que se dan con frecuencia, máxime si se tiene en cuenta que en el Valle de Aburrá hay más de 300 combos.

A juicio de los investigadores, el 65% de estas estructuras hace parte de “la Oficina”, una entidad ilegal que se consolidó en el 2000 y desde entonces ha regido los hilos del narcotráfico, sicariato, extorsión y corrupción institucional. Operativos de la Fuerza Pública, extradiciones, disputas con otros grupos y fracturas internas ocasionaron que hoy esté en su quinta generación de jefes.

Esta era se caracteriza porque no hay un jefe supremo, como antaño lo fue Diego Murillo (“don Berna”), sino una mesa directiva con representantes de cada territorio, que suelen ser los líderes de las confederaciones que la Policía llama Organizaciones Delincuenciales Integradas al Narcotráfico (Odín).

Los más poderosos son “Tom” y José Leonardo Muñoz Martínez (“Douglas”), quien está en la cárcel pagando una pena de 32 años por secuestro y concierto para delinquir.

Según la Policía, el primero está con la “Odín los Chatas”; el segundo, con la “Odín la Terraza”. Ambos están envueltos en una guerra fría, con conspiraciones de lado y lado, pero sin desatar una batalla frontal, pues una carnicería directa podría destruirlos a los dos.

Así pasó con “Valenciano” y “Sebastián”. Pelearon por tres años, hubo 7.000 homicidios en Medellín y al final perdieron dinero, socios y la libertad. La justicia empezó a perseguir cabecillas que antes vivían a la sombra y “la Oficina”, que otrora controlaba al 100% de las bandas, redujo la supremacía.

Las diferencias entre “Douglas” y “Tom”, el heredero de “Sebastián”, nacieron en 2013, con la consolidación de “los Urabeños” en la escena local. El jefe de “la Terraza” no estuvo de acuerdo con permitirles el ingreso, mientras que el de “los Chatas” formó con ellos una sociedad que le permitió incrementar su fortuna.

El abismo se profundizó a mediados del año pasado, cuando “Douglas” inició un acercamiento con las autoridades, buscando someter a las bandas bajo su control a cambio de beneficios judiciales. A su idea se sumaron otros líderes encarcelados, como “Carlos Pesebre”, “Pichi Gordo” y “Barny”, y en la práctica eso se tradujo en la entrega voluntaria a la justicia de 10 integrantes de combos.

Pero “Tom” y sus aliados, que estaban en libertad, se opusieron. “Douglas” no logró convencer a todos los representantes de “la Oficina” y esto le restó poder de negociación. La propuesta de acordar un sometimiento a la ley quedó sepultada en el primer semestre de 2017, con las capturas por concierto para delinquir del desmovilizado Julio Perdomo (marzo 15) y la directora de la ONG Guadalupe Social, Mara Toro (abril 25), piezas clave de la iniciativa.

Tanto las huestes de “Tom” como las de “Douglas” reclaman ser “la verdadera ‘Oficina’” y esta división influye en los clanes más pequeños.

Por eso en el diálogo, “Alejo Cachama” le advirtió a su interlocutor: “no estoy inventando parce, yo tengo unos jefes, yo estoy es con los de la Ofi. Todo lo que hago, lo reporto. Cuando yo me le paro a ese man de ‘Pesebre’, a mí me dan el aval de coger eso allá donde ustedes (...). Hablo con esos manes de ‘la Matecaña’ para que sepan que todo eso ahí es de nosotros, para que sepan que si tocan con ustedes tocan conmigo (...)”. Y más adelante: “le voy a explicar la vuelta. ‘Pesebre’ y ‘la Matecaña’ es la misma razón, ellos son ‘Douglas’, ¿si sabe? Nosotros somos ‘Sebastián’”, reiterando que está en el bando de “Tom”.

La silenciosa discordia entre estas dos líneas de “la Oficina”, guardando las proporciones, se asemeja a la de EE.UU. y la antigua Unión Soviética en los días de la Guerra Fría, en especial en el fenómeno de las guerras de laboratorio: no chocaban de frente, sino que patrocinaban pleitos en otros países para medir sus fuerzas. Aterrizando en nuestro contexto, cada bando irrumpió en los terrenos del otro al apoyar, por ejemplo, los levantamientos de “la Oficina de Córdoba” en Robledo y de “la Libertad” en Villa Hermosa.

Al mismo tiempo han matado a personajes vinculados a la organización, lo que para los investigadores demuestra que hay fricciones: el expolicía Edward García (“Orión”), estrangulado y abandonado en un carro en Envigado, el 16 de diciembre; el comerciante Carlos López (“Cejas”), abaleado en Rodeo Alto a los dos días; y el comerciante Elkin Agudelo (“Gnomo”), hallado el 25 de abril en El Escobero, dentro de una maleta.

¿Son o no son “la Oficina”?

A pesar de evidencias de este tipo, la Policía sostiene que “la Oficina” no existe. Su director, el general Jorge Nieto, en entrevista con este diario el pasado 22 de enero, declaró: “ya no existe ‘la Oficina’ como tal. Aquí ha habido golpes fuertes contra esa estructura, pero quedan unas organizaciones que nos preocupan (...). Trabajan independientes, con economías ilegales. Pero una ‘oficina’ como esas que existían hace mucho tiempo, no creo que exista”.

Esa percepción no es compartida por otras entidades. El Gobierno de EE.UU., por medio del Departamento del Tesoro y la DEA, incluyó a “la Oficina” en su lista de objetivos desde 2014 y aplicó sanciones financieras a más de 100 personas y entidades, sindicadas de participar en sus redes de lavado de activos.

El pasado 31 de mayo cuatro ciudadanos y cinco empresas ligadas a los empresarios Pedro y Santiago Gallón Henao fueron incluidas en la Lista Clinton. Según el Tesoro, su enlace con “la Oficina” es “Tom”, por cuya captura los estadounidenses ofrecen hasta 2 millones de dólares.

La Alcaldía de Medellín también considera que él es la cabeza visible de esta organización y lo ratificó el 2 de junio, cuando en su cuenta de Instagram publicó que las autoridades han detenido a 17 objetivos de alto valor y que solo les falta el susodicho cabecilla de “la Oficina”.

Lo cierto es que, llámese como se llame, los combos de la ciudad obedecen a una estructura superior, a la que le rinden cuentas de finanzas, le aceptan subcontratos criminales, le piden apoyo para librar batallas y permiso para incursionar en nuevos territorios.

La muerte de Jonathan Buriticá, alias “Gordo Arepas”, a manos de su propio combo el pasado 20 de septiembre, fue el episodio final de la disputa entre “la Oficina de Córdoba” y la “Odín Robledo”. El móvil fue que pretendía entregarse a la justicia y delatar a sus socios.

“Alejo Cachama” aceptó los cargos que la Fiscalía le imputó por homicidio, concierto para delinquir, cohecho, tráfico de armas y drogas, y está en la cárcel de Cómbita, Boyacá.

Quizá ahora lamente las promesas que le hizo a su lugarteniente: “parcero, empiéceles a inculcar a los pelaos que ya son los mismos y que lo digan con orgullo, porque ustedes ya están es con bandidos de verdad”.

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