La fiesta del fútbol que iba a celebrarse este miércoles por la primera final de la Copa Sudamericana entre Atlético Nacional y Chapecoense de Brasil se transformó en un homenaje. Una emotiva despedida a los jugadores, directivos, periodistas e integrantes de la tripulación del avión de Chapecoense que fallecieron en el accidente el pasado lunes.
Los cánticos sin pausa de “Vamos, vamos chapé” retumbaron en todo el mundo, que vio como el estadio Atanasio Girardot se pintó de blanco, se iluminó con velas y hubo miles de flores para rendirle homenaje a los fallecidos en el Cerro Gordo del municipio de La Unión, Antioquia.
Al cielo también lo decoraron las 71 palomas blancas que se lanzaron para conmemorar cada vida que se perdió.
Habrá querido el destino en una extraña coincidencia que a la trágica partida del Chapecoense se le rindiera tributo en una ciudad que suele pintarse con los mismos colores verde y blanco.
Pero esta casualidad no pasó desapercibida para el presidente de Atlético Nacional, Juan Carlos de la Cuesta, quien prometió que “defenderemos el verde y blanco en Mundial de Clubes en honor a Chapecoense y a toda Sudamérica”, en un discurso en el que tuvo que contener la emoción por momentos.
En el homenaje asistieron los jugadores de Atlético Nacional, las autoridades de la ciudad y el departamento, además de delegados del gobierno de Brasil y del humilde equipo de la región de Santa Catarina.
Visiblemente emocionado, las palabras del Ministro de relaciones exteriores de Brasil, Jose Serra, tuvo que detenerse por momentos para retomar la compostura. “Los brasileros no olvidaremos jamás cómo los colombianos sintieron como suyo el terrible desastre que interrumpió el sueño de nuestro equipo Chapecoense”, aseguró.
Igualmente, recordó que “los colores de ambos equipos siempre simbolizarán esperanza y paz”.
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En un ambiente que envidiaría cualquier final de un torneo de fútbol, los tributos que se sucedieron entre los invitados al homenaje transcurrieron entre cánticos que reafirmaron que la Copa Sudamericana se fue para el cielo junto al ‘huracán del oeste’ de Brasil.
El técnico verdolaga, Reinaldo Rueda, fue una de las intervenciones más aplaudidas. Agradeció a Brasil por su fútbol y recordó de memoria a varios jugadores de Chapecoense, que lograron la hazaña de llegar a la final de la Copa.
Con la voz quebrada, como la mayoría de quienes tomaron el micrófono, el entrenador recalcó que “nuestro corazón está arrugado... Un abrazo de condolencia y solidaridad”.
Por su parte, el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, recalcó que “todo esto que ustedes están viendo tiene nombre, y se llama solidaridad, esto es lo que somos los antioqueños”.
La administración de la capital antioqueña comunicó que se decretó el aplazamiento del inicio de las fiestas decembrinas de la ciudad por respeto a las víctimas y a sus seres queridos.
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Las imágenes de la fervorosa reacción de la hinchada a favor del Chapecoense, pidiendo la copa para ellos, se multiplicaron a través del mundo entero, felicitando al verde paisa por su solidaridad en estos momentos de tristeza.
En Twitter, la etiqueta #GraciasColombia llegó a ser lo más comentado del globo gracias a los brasileños que destacaron el acto, así como a grandes personajes y figuras del deporte que no ocultaron la emoción que les generó ver el homenaje.
Tríbuto entre equipos grandes
Los grandes equipos de fútbol de Brasil se unieron a la conmemoración y de paso, felicitaron a Nacional y a Colombia por el sentido homenaje a su colega de Chapecó.
Algunos se intentaron colar
Con la capacidad del estadio desbordada, miles de personas que llegaron a rendirle tributo a Chapecoense tuvieron que quedarse afuera del escenario deportivo.
Por esta razón, varios intentaron colarse en el estadio colocando en riesgo su propia integridad.
Asistentes al homenaje relataron también que el descontento de quienes no alcanzaron un cupo generó algunas refriegas en las que tuvieron que intervenir miembros del Escuadrón Antimotines, Esmad, y carabineros de la Policía.
Sin embargo, el tema no pasó a mayores y el homenaje pudo finalizar con el ambiente luctuoso pero festivo en el que fue concebido.