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El pequeño taller de Envigado que cada día comparte una frase

A menos que llueva, nunca faltan una cita célebre, un dato curioso o una reflexión en la tapicería de Hernán.

  • En la esquina superior izquierda de la reja de su taller en Envigado, Hernán Ovidio Posada, tapicero de oficio, cuelga el tablero todos los días a las 6:00 a.m. FOTOS JAIME PÉREZ Y JUAN CARLOS VALENCIA
    En la esquina superior izquierda de la reja de su taller en Envigado, Hernán Ovidio Posada, tapicero de oficio, cuelga el tablero todos los días a las 6:00 a.m. FOTOS JAIME PÉREZ Y JUAN CARLOS VALENCIA
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04 de junio de 2018
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“El buen conversador es el que deja hablar”, fue una de las tantas citas que eligió cierto día Hernán Ovidio Posada para espolvorear con tiza sobre las dos caras de un pequeño tablero. Luego, como todas las mañanas, lo colgó a las 6:00 a.m. en la entrada de su taller, ubicado dos cuadras arriba de la avenida El Poblado en la canalización de la Ayurá, Envigado, y solo en ese momento comenzó a trabajar.

Sobre el pizarrón negro, que no medirá más de un metro por 40 centímetros, no faltan cada día las frases escritas con tizas de colores que ponen a pensar a aquellos ojos que tienen tiempo y se detienen a verlas. Reflexiones que quizás uno esperaría encontrar en una biblioteca, un colegio o cualquier universidad, pero que sorprende encontrar en un pequeño y modesto negocio donde se tapizan muebles y asientos de vehículos.

Lo más parecido que existe en la ciudad lo tendrán presente todos aquellos que pasan por la Universidad de Antioquia. Allí, Miguel Valencia García, mejor conocido como Miguel Carteles, no escribe frases sino noticias desde hace 30 años, pero también lo hace con tiza sobre tableros colgados sobre las mallas que circundan la sede de Ciudad Universitaria.

Amor por los libros

La tradición de Héctor nació hace 22 años. Cuenta que ni siquiera mandó a fabricar su tablero sino que él mismo lo hizo. Aunque solo cursó año y medio de primaria, leyó gran cantidad de libros, que ya ni recuerda cuántos, hasta que en un momento lo desbordaron las ganas de compartir con la gente las enseñanzas que le dejaban sus lecturas.

—¿De dónde vienen esas ganas por llenar de frases su taller?

—Es como una ansiedad, un interés por la intelectualidad. Como me encanta leer, pensé que quizás era buena idea compartir las enseñanzas que me quedan para que las personas que las ven reflexionen, así estén de acuerdo o no, pero que pongan a pensar.

Hernán tiene carnet de varias bibliotecas, de la Pública Piloto y otras dos en Envigado que le quedan más cerca. En estos lugares busca relatos históricos o textos de astronomía, las temáticas que más lo encarretan.

En su casa, mal contados estima que tendrá cerca de 130 libros, de los que también extrae las citas que lo deslumbran y que cada día siguiente pondrá en su tablero para su clientela y los transeúntes frecuentes, entre los cuales ha ganado muchos amigos.

Nunca faltan las frases

Sin vacilar afirma que las líneas que más le llamaron la atención hasta ahora fueron unas de Séneca: “¡Qué necio es hacer planes para la vida cuando no se es dueño ni siquiera del mañana!”, recita Hernán y con los brazos extendidos da a entender que no hay que decir nada más.

En el pequeño taller, sobre una estantería reposan varias revistas de datos curiosos y libros con recopilaciones de colmos, porque el humor, de vez en cuando, también aparece escrito en su tablero.

Cuando el trabajo lo absorbe por completo y no le queda tiempo para buscar frases, aquellos transeúntes y clientes que pasan por su negocio le regalan algunas reflexiones. Le dicen que las escucharon en alguna película, que las leyeron en alguna novela, y luego él las escribe en una libreta. Así nunca le falta material para sorprender a su público.

—¿Qué es lo que le queda de esta costumbre y cómo lo recibe la gente?

—Me quedan muchos amigos, porque muchos pasan, ven la frase y se quedan conversando conmigo. Que una persona se pare en mi taller a tomar una foto del tablero para mí es un orgullo, después me muestran que lo han compartido en Facebook.

Hay otros curiosos que no se animan a entrar y hablar con Hernán, pero son fieles seguidores de sus frases. Así le pasa a Juan Carlos Valencia, que tiene una bodega cerca y por eso, siempre que puede, pasa por la tapicería a cazar líneas escritas en tizas que lo dejan pensando todo el día.

“Es llamativo que se tome el trabajo de hacer eso, es muy entretenido. No conozco al dueño pero me imagino que debe tener mucha sensibilidad. Siento que es una forma que tiene de hacer pedagogía”, expresa Juan.

Los únicos días en que no hay frases son cuando llueve, y eso porque la tiza se borra. Tampoco tiene muchas faltas de ortografía y cuando se le va alguna, corre de inmediato a cambiarla cuando alguien le dice o él mismo se da cuenta, porque eso sí, para Hernán, eso hace parte del respeto que les debe a sus clientes y los lectores fieles de su pizarra.

22
años lleva Hernán escribiendo frases en un tablero que él mismo fabricó.
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