En jaulas del Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre, CAV, del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, en el corregimiento El Hatillo, de Barbosa, recuperan para tratar de devolverlos a su medio ambiente a ocelotes, tigrinas, yaguarandis, cusumbos, guaguas, guatines, monos, tortugas, zarigüeyas, mapaches, boas, guacamayas, loras y pericos.
Aunque estas especies son extraídas por traficantes de las selvas de todo el país, es preocupante un gran número que es sacado de los pocos bosques que le quedan a Antioquia, en Urabá, el Magdalena Medio y el sur del Valle de Aburrá, de sectores como El Escobero, en Envigado, y La Romera, en Sabaneta, del que no hay registros.
A esta lista hay que sumarle un cachorro de puma que fue separado de su familia, detectada en el sector de El Escobero, en Envigado, y llevado como mascota a una vivienda, según informó el biólogo Víctor Manuel Vélez, de la Subdirección Ambiental del Área Metropolitana del Valle de Aburrá y encargado de fauna silvestre y conectividad ecológica del CAV.
A pesar de los esfuerzos de los científicos, en el CAV no fue posible rehabilitarlo para regresarlo a los bosques del oriente de Envigado, ya que, según Vélez, “estaba muy improntado (domesticado) y se comportaba como un gatico”, y tuvieron que remitirlo a un zoológico o centro de colección en el departamento de Risaralda con el fin de terminar allí la evaluación, pero para dejarlo como un animal de exhibición.
Por su parte, la jefe de Policía Ambiental del Valle de Aburrá, subteniente Érika Ortiz, reportó que hasta el 15 de junio habían decomisado o la ciudadanía les había hecho devoluciones voluntarias de 1.656 animales silvestres.
Comentó que una vez es recuperada esta fauna, la dejan a disposición de la autoridad ambiental del Área Metropolitana, que las estabiliza en una jaula de paso, ubicada en el Jardín Botánico, nororiente de Medellín, y trasladada luego al CAV, donde se rehabilitan y, después, se liberan en áreas protegidas. Advirtió que las especies más decomisadas por la Policías en estos momentos son pericos, guacamayas, boas, tortugas e iguanas.
Las normas
Mediante la Ley 99 de 1993 se reestructuró el Sistema Nacional Ambiental y se les establecieron obligaciones a las autoridades ambientales para velar por los recursos naturales y por la fauna silvestre. Por este motivo nacieron los centros de atención y valoración como el CAV, de El Hatillo.
Por consiguiente, como autoridad ambiental, relató Vélez, cuando el Área Metropolitana detecta a una persona que tiene como mascota una especie de la fauna silvestre, se le informa sobre el ilícito que está cometiendo, pero en especial se le ilustra sobre el daño que les está causando al ambiente y al equilibrio natural.
En el caso de especies como las loras, que las tienen en muchas casas enjauladas como mascotas, dijo que se le explica al poseedor el rol de estas aves en el ecosistema, ya que esparcen semillas al alimentarse.
“Les enseñamos que si en el día esta ave solo deja caer una semilla, entonces nacerá un árbol, pero si dura diez años enjaulada dejará de surgir en la naturaleza un bosque de 3.650 árboles, y esto sin contar los hijos que puede tener este animal cuando está gozando de su hábitat y de la libertad”.
Pero si la estrategia falla, advirtió el funcionario, se procede al decomiso, porque estos animales son un bien del Estado colombiano.
Luego se le aplica a esta persona la parte sancionatoria de la Ley, que establece de 4 a 9 años de cárcel y multas que pueden llegar hasta los 300 salarios mínimos mensuales legales vigentes.
Proceso
Luego del decomiso, los animales son transportados en una ambulancia con equipos asistenciales medicoveterinarios, a la estación de paso del Jardín Botánico, donde los estabilizan y les hacen la primera evaluación.
Acto seguido, son remitidos al CAV, que es un verdadero hospital especializado, donde les realizan un proceso de atención desde las ópticas física, clínica, comportamental y social, con el fin de recuperarlos e iniciar todo un proceso de rehabilitación para que reaprendan todos los procesos naturales, y cuando estén listos, devolverlos al entorno natural.
“El CAV no es un zoológico, no se permiten visitas, debido a que el objetivo es romper el vínculo traumático con los humanos”, anotó el biólogo Vélez.
El CAV de El Hatillo consta de una zona de clasificación, un laboratorio especializado para hacer toda clase de exámenes y pruebas. Una cocina, donde expertos les preparan el mejor alimento que encuentran para cada especie, ya que el objetivo es fortalecerlos físicamente para la liberación.
Otra prioridad es que el animal salga sano, bien readaptado a su medio, para que pueda escapar de los depredadores y, si es carnívoro, para que pueda capturar presas.
Según Vélez, en estos alimentos el Área Metropolitana gasta de 18 a 20 millones de pesos mensuales. En total, en el CAV, la inversión mensual puede llegar a los 85 millones de pesos. La parte científica del CAV está a cargo de la Universidad CES. El personal profesional está integrado por tres veterinarios, un biólogo y dos bacteriólogos.
Vélez señaló que aunque los animales que más llevan al CAV son tortugas, loras y pericos, también llegan, aunque en menor proporción, felinos, que están en la cúspide del triángulo antrópico, lo que preocupa.
Finalmente, aseveró que las liberaciones de los animales se hacen después de un riguroso estudio para dejarlos en su hábitat y en los lugares donde existan más individuos para que puedan sobrevivir. Han sacado animales de sitios tan lejanos, que en muchos casos requieren de la colaboración de la Fuerza Aérea para llevarlos en aviones debidamente acondicionados. En sitios con problemas de orden público, la Armada y el Ejército acompañan a los científicos.
Entorno selvático
Al recorrer el CAV se ve que las jaulas están llenas de maleza, para convertirlas en una especie de entorno selvático. El césped solo es cortado en los senderos de tránsito de los empleados y hay abundantes árboles frutales y un humedal donde están las tortugas, que atraen iguanas, aves, lagartijas y nutrias de las orillas del río Medellín, que es su vecino.
El concejal de Medellín y defensor de los animales, Álvaro Múnera, resaltó que ninguna otra región del país tiene un centro como el CAV de El Hatillo, el cual cuenta con una extraordinaria infraestructura y unas jaulas que son lo más cercano posible al entorno natural de las especies que les llevan.
Otra fortaleza, afirmó, es que científicamente es manejado por la Universidad CES, con una gran capacidad que les permite hacer cirugías de alta complejidad y una gran experiencia en el manejo de fauna no doméstica.
También, añadió Múnera, es muy positivo el trabajo de las autoridades ambientales y hoy, de tres especies decomisadas, la ciudadanía les entrega siete.
Alertó que si la gente sigue comprando fauna silvestre, esto conlleva a que alguien trafique y lo hace en forma cruel.
Por ejemplo, para quitarle la cría a una perezosa la tienen que matar, porque estas osas nunca se separan de sus bebés, los que luego en cautiverio, van a morir de pena moral.
Por ello, Múnera invitó a la ciudadanía a que si quiere tener una mascota adopte un perro o un gato o que cambie la fauna silvestre que tiene en la casa, por un animal doméstico.
Trabajo en Envigado
César Augusto Mora, secretario de Medio Ambiente y Desarrollo Agropecuario de Envigado, informó que en el municipio está vigente el Acuerdo 009 de 2016 (Sistema Local de Áreas Protegidas), que son 3.290 hectáreas las que representan el 45 por ciento del territorio envigadeño.
Recordó que a través de filmadoras que se disparan cuando notan movimientos en un sector de la Loma de El Escobero detectaron un puma, especie que se pensaba ya no existía en el Valle de Aburrá.
Contó que con la Universidad CES le hacen un detallado seguimiento y estudio a la fauna silvestre que tiene el extremo oriental de Envigado, dominado por la cuenca de la quebrada La Ayurá, donde hay presencia de ocelotes, tigrinas, tigrillos lanudos, zarigüeyas, perros de monte, zorros y gran variedad de aves, entre otras especies.
Informó que Envigado declarará tres vías parque: la Loma de El Escobero, la de La Catedral y la Transversal de la Montaña, para proteger la fauna y flora que aún les queda a esos sectores.
De igual manera, se construirán otros 14 puentes de paso de fauna en estas vías, los cuales reforzarán los 4 existentes en El Escobero, donde en 2015 los carros mataron un centenar de animales silvestres.