Llegaron de todos los rincones del Valle de Aburrá en sus ciclas clásicas, modernas, transformadas y hasta de alta competencia. Entre estos ciclistas, familias y los peatones de la ciclovía dominical del Estadio formaron, desde las 9:00 a.m. y en dos oportunidades, una bicicleta humana que quedó, con la frase: “movete en bici” en los registros fílmicos de la Alcaldía.
La de ayer fue una mañana de encuentro familiar y de nostalgias por los recuerdos que a muchos de los asistentes al certamen, realizado en la plazoleta de la estación Estadio del metro, en la celebración del Día de la Bicicleta, les traía su “caballito de acero”.
Uno de los más sentimentales fue el estudiante de Ingeniería Civil de la Universidad de Medellín, Fabián Valencia, que llegó montado en su bicicleta cachona de la desaparecida marca Monark, quien no dudó en afirmar que esta era una herencia que le dejó uno de los tíos que murió hace seis años y la adquirió en 1974.
“La hice arreglar y desde que empecé en a hacer la carrera la utilizo para ir a la universidad. Me he ahorrado $2 millones en pasajes”, comentó este joven que se destacaba en la multitud por el pelo largo y ensortijado.
Relató que a raíz de su bicicleta otros compañeros empezaron a utilizarla para ir a estudiar, por lo que la universidad decidió hacerles parqueaderos especiales y establecer normas para su adecuado uso en el campus.
En otro rincón de la plazoleta estaba Albeiro Rodríguez, quien dijo haber trabajado muchos años en un almacén de bicicletas del Centro.
Con orgullo enseñaba su cicla de carreras marca Raleigh, que compró en Estados Unidos en 1986, por mil dólares. Mostraba el marco de tubos delgado de acero, con el color blanco original y las calcomanías del fabricante, los frenos de herradura con los cauchos originales.