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La plata que Medellín “entierra” en la basura

Por falta de reciclaje, separación y excesiva generación, cada familia gasta miles de pesos al año y genera impactos ambientales altos.

  • Foto: Jaime Pérez Munévar
    Foto: Jaime Pérez Munévar
Basuras en Medellín: la plata que todos enterramos
29 de julio de 2018
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$50
mil paga, en promedio, un hogar de estrato 6 por aseo, según Emvarias.
3
kilos de basura por día genera, en promedio, una casa: Emvarias.

Imagínese que el carro de la basura deja de pasar una semana por su casa. ¿Qué ocurriría? ¿Cuántas bolsas se acumularían y cuántas plagas rondarían su casa?

Según Emvarias, empresa encargada del aseo, en Medellín se recogen diariamente 1.800 toneladas de basura: más o menos 62 contenedores. Eso quiere decir que usted solo genera cada día una libra y media de basura aunque no se dé cuenta.

A ese ritmo, explica Jorge Lenin Urrego Ángel, gerente de Emvarias, el vaso Altaír (el trozo del relleno sanitario La Pradera que está acondicionado para recibir la basura) estará lleno en los primeros meses del año 2023. Y cuando ese terreno de 22 hectáreas se cierre, se habrán acumulado allí más de 5,5 millones de metros cúbicos de basura; es decir, unas 2.217 piscinas olímpicas repletas de desechos.

La empresa está alistando otro vaso, que podría recibir nuestras basuras por 7 años más (hasta 2030), pero entre más pasa el tiempo el panorama se hace más preocupante.

“¿Cuántos rellenos como La Pradera vamos a necesitar en 80 años, y dónde los vamos a tener si nadie quiere un basurero como vecino?”, se preguntó el funcionario.

Radiografía de la bolsa

En promedio, de cada casa o apartamento de Medellín salen 3 kilos diarios de basura. Los análisis de Emvarias demuestran que el 60% de esos productos son biodegradables: cáscaras, huesos, restos de comida. Y el otro 40% se divide –en proporciones iguales– entre reciclables (papel, cartón, lata), residuos peligrosos (papel higiénico usado, toallas femeninas y pañales), y algún residuo adicional (colillas de cigarrillo, o un bombillo, o una prenda vieja).

En teoría, 1.080 de las 1.800 toneladas de basura de Medellín se podrían aprovechar para hacer abonos orgánicos, pero no es así. Según Urrego, el problema es este: todo está revuelto y así no sirve.

“En la bolsa que la gente saca al carro de la basura se mezclan esos orgánicos con cenizas, plásticos, cartones mojados. Por eso nosotros no podemos compostarlo y comercializarlo porque pierde la calidad y en Colombia los requisitos para vender abono son muy altos”, dijo el funcionario.

Con los elementos reciclables pasan cosas parecidas. A veces la gente no enjuaga la lata de comida o el envase de vidrio, y la comida que contenía termina dañando papeles o cartones.

José Arturo Pérez, reciclador desde hace 20 años, asegura que el gesto sencillo de enjuagar las latas o vidrios, triplica la posibilidad de que esos elementos sean reciclados. “Si la gente supiera que algo tan simple hace un bien tan grande, seguro lo haría más seguido”, declaró.

Lo que cuesta la basura

Con factura en mano, Cecilia Barrientos acaba de descubrir –a sus 61 años– que cada mes paga 20.400 pesos para que recojan la basura de su apartamento estrato 4; es decir, al año “echa” a la basura 244.800 pesos. Ella no sabe cuántos residuos produce porque nunca ha hecho la cuenta, y cada vez que se llena una bolsa, solo la arroja al shut. “Es increíble que uno pague hasta para eso”, comentó, intentando descifrar a dónde va a parar esa plata.

El gerente de Emvarias explicó que la tarifa incluye un cobro por la recolección en la fuente: salario de los operarios y conductores, el camión, el combustible y hasta peaje, pues el relleno sanitario de Medellín queda en Donmatías, 57 kilómetros al norte.

“Pero no solo eso. También se cobra la disposición final, que es lo que hacemos en el relleno sanitario, y el tratamiento de lixiviados, que son los líquidos que genera esa basura cuando se descompone, que son altamente contaminantes”, explicó Urrego.

A todo eso se suman otras actividades de Emvarias: el trabajo administrativo y de facturación, la limpieza de espacios públicos (el salario de “escobitas” y conductores de barredoras), poda de árboles y hasta lavado de puentes peatonales.

Según la ley colombiana, una persona paga según lo que bota y el estrato en el que vive. Eso quiere decir que aunque a usted no le pesen la bolsa de basura en la puerta, sí hay un estimado de cuántos metros cúbicos salen de allí. Si saca más, Emvarias lo visita y hace un nuevo cálculo para cobrarle lo debido.

Pero la ley no se aplica siempre. Mariana Matija, creadora del blog de sostenibilidad “Cualquier cosita es cariño”, lleva dos meses sin sacar bolsas de basura porque en su casa composta residuos y recicla. Pero aún así, en su factura de servicios públicos sigue pagando la misma tarifa de aseo.

“Hasta donde sé, como vivo en un apartamento, hacen el cálculo de cuánto se genera y eso se divide para todos. Me parece un poco increíble que yo que no saco nada, pague lo mismo que la señora que saca una bolsa diaria”, comentó.

Una bolsa más pequeña

Mariana empezó desde hace varios años a reducir su basura. Empezó reutilizando bolsas de supermercado, luego las cambió por bolsas de tela, más tarde abandonó muchos empaques y se decidió por comprar su comida a granel en las plazas de mercado, y más recientemente aprendió a fabricar elementos cotidianos como shampoo y crema dental con ingredientes sencillos.

En la cocina de su casa instaló una compostera de barro –por la que pagó $150.000– para convertir las cáscaras en abono para sus matas y con autorización de la administración de su unidad, instaló una paca digestora, una cama de restos vegetales que descompone casi cualquier elemento orgánico en unos 6 meses. “Ese es un invento de Guillermo Silva, un señor de Belén; y gracias a él en 3 años hemos convertido en tierra unas 2,3 toneladas de residuos, porque las vecinas ya también llevan hasta huesos”, contó.

La clave para reducir el tamaño de la basura es, según Mariana, empezar con una cosa a la vez. “Una de las fallas que veo en la gente que quiere cambiar sus hábitos es que quiere hacerlo todo y si no logra algo, siente que lo demás no valió la pena”, explicó y confesó que, por ejemplo, aún no ha encontrado una alternativa más ecológica para la arena y la comida de sus gatas.

Sergio Andrés Orozco, secretario de Ambiente de Medellín, reconoció que la educación y la consciencia en el impacto que genera la gran cantidad de residuos que generamos, es precisamente, la gran debilidad.

Por eso recomendó, desde su experiencia, cambios sencillos que aportan mucho: “yo, por ejemplo, ya tengo bolsas de tela en el carro para que no me den en el supermercado y elijo productos con menos empaques y estoy pensando en hacer compostage”..

19,4%
de la basura que se generan en Medellín se recicla: Secretaría de Ambiente.
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