En un abrir y cerrar de ojos, a doña Cielo María Cossio Piedrahíta la vida se le volvió un infierno y no propiamente por sus pecados sino porque la naturaleza, esta vez, se ensañó con su pueblo y particularmente con ella, que toda la vida había sido su aliada.
Sentada en un mueble viejo al frente de lo que era su casa, Cielo llora. Las lágrimas ruedan por sus mejillas y tocan sus labios, porque está inconsolable.
La noche anterior le tocó la peor pesadilla de su vida, pues en esa misma casa donde siempre ha vivido, ahora sólo había agua, lodo y enseres inservibles.
La misma morada que construyó con mil esfuerzos a la orilla del Cauca, su aliado en el corregimiento Bolombolo, del municipio de Venecia, y en la que luchaba solita como cabeza de hogar para sobrevivir con sus hijas, su yerno y sus dos nietas, ayer a las 2:00 p.m. estaba sellada, inhabitable, imposible siquiera para entrar a tratar de recuperar algo de lo perdido.
Sumida en su pena, se calmó unos segundos y relató lo que le pasó para quedar tan mal, tan en la ruina.
-Desde el viernes pasado esto se inundó, pero no tanto, habíamos manejado la cuestión, pero ayer (miércoles) a las 2:00 de la madrugada el río se fue creciendo y no nos dio tiempo de salvar nada. Nos tocó salir y dejar la mayoría de cosas-.
Electrodomésticos, ropa, camas, escaparates y hasta el mercado fueron arrastrados por un Cauca crecido hasta niveles nunca vistos en Bolombolo.
Y eso que esta es una localidad acostumbrada a las tragedias, pues casi cada temporada invernal, el río Cauca les "obsequia" una cuota de su poder destructor arrasando casas e inundándolo todo.
Solo que esta vez nadie imaginó que el caudal se iba a trepar hasta dos metros arriba de su cauce y eso iba a generar ruina, incertidumbres y mucho dolor en tantas familias que lo perdieron todo en pocos segundos.
Cielo vive en el barrio La Marvalle, el sector más pobre de este corregimiento en las riberas del Cauca, en el Suroeste antioqueño.
Lo rebasa todo
A pocos pasos de Cielo, Duberney Pareja, que vivía en una casa de bahareque con su esposa, también se lamenta porque la furia del Cauca lo dejó sin techo y su futuro es totalmente incierto, pues de la Alcaldía le ofrecen albergue por tres días en un colegio local, donde están las demás familias damnificadas, pero eso es muy poco para sus necesidades.
-Yo me voy ya, ¿pero después qué, pa'dónde coge uno?-, se pregunta, igual que muchos de sus vecinos, que en el desespero, se llevaron unos pocos enseres que pudieron rescatar y se instalaron en una finca de un vecino a la que llaman El Potrero y de donde los pueden sacar en cualquier momento, según temen.
-Es lo más próximo que tenemos-, dicen.
Pero si eso pasa en La Marvalle, las cosas no son mejores en el propio pueblo. Allí, lo que eran calles se volvieron piscinas en las que los niños, en su inocencia, se lanzan a nadar como si todo fuera una fiesta, unas vacaciones.
Pero a su lado pasan sus padres hundidos en el agua y con alguna cosa rescatada de sus casas anegadas en las manos: llevan un reloj de muro, un cuadro, un equipo de sonido, un televisor, una mesa o una olla.
En esta zona, especialmente en los sectores La Playa y El Mango, el río subió en niveles hasta los dos metros o más, taponando las casas de un solo piso y llegando hasta los balcones de las viviendas de dos plantas o más.
-El señor de esa casa salvó las cositas porque la familia vive en los dos pisos y mientras el río iba subiendo ellos iban trepando las cosas-, explicó un vecino mientras observaba el panorama desde un estadero que también fue inundado por la corriente.
La inspectora local, Gladys Bedoya, explicó que varias familias fueron obligadas a desalojar, y la evacuación es indefinida debido a que no se sabe cuándo el Cauca dejará de crecer y empezará a bajar sus niveles.
-Tenemos la gente albergada en dos colegios, la Administración ha estado pendiente, pero es muy grande lo que pasó-, comentó.
El secretario de Gobierno, León Bustamante, detalló que antes de la madrugada del miércoles había 280 damnificados, pero ya se pasó a 700 familias, que en total suman unas 2.000 personas.
-Nunca se había visto el río en ese nivel. Eso es superior a todas las inundaciones anteriores-, dijo.
Los damnificados han sido atendidos por la Alcaldía y el Dapard, "pero es que esto lo rebasa todo, hasta al mismo Dapard, que ya está reventado", comentó.
Al fondo, el Cauca seguía bajando raudo, fuerte, amenazante, parecía bramar y circulaba el rumor de que de nuevo se iba a crecer en niveles mucho mayores. Dios quiera que no, rogaban todos en Bolombolo.
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