La Corporación para la Participación Ciudadana (Conciudadanía) realizó este fin de semana un seminario internacional llamado "Reconciliación y construcción de confianza cívica desde lo local". Tan diciente o más que el título fue el lema que se incluyó en las piezas publicitarias del evento: "la reconciliación es ahora, si no ¿cuándo?". De este modo este organismo no gubernamental ha llamado la atención sobre el tema fundamental, en mi opinión, en la Colombia de hoy y de los próximos años.
¿Por qué la idea de reconciliación que tuvo tanta fuerza en los momentos más duros de la guerra ahora ha perdido fuerza entre los agentes políticos? Podemos decir que no es por imprecisiones conceptuales. Hay universales disensos acerca de la manera de entender la paz, la justicia y la democracia, pero el significado de la reconciliación en el plano político está bien definido, incluso en el diccionario. La Real Academia propone una acepción bella. Reconciliar es "volver a las amistades y acordar los ánimos desunidos".
Mi sospecha es que los agentes políticos tienen objetivos e intereses que no casan bien con la idea de la reconciliación. Hace poco el profesor Iván Orozco Abad, quizás la mayor autoridad colombiana en los temas normativos de la guerra y la paz, hablaba de un escenario en el que predominan las tensiones entre quienes quieren una "revolución judicial" y quienes buscan una "justicia de vencedores". Revolución judicial es el intento de subvertir el orden político desde los tribunales, justicia de vencedores es la pulsión de borrar al enemigo de la faz de la tierra una vez se le ha vencido.
Ni los intrigantes de la subversión judicial, ni los pregoneros gubernamentales de la justicia dura tienen en sus agendas la idea de "acordar los ánimos desunidos". El ambiente que existe entre las diversas instituciones del Estado, los partidos políticos y los generadores de opinión demuestra más bien que existe un afán enorme por crear un ánimo de conflicto y desestabilización. Un entorno así sólo es favorable para las bandas criminales emergentes y las agónicas huestes de las Farc. En un clima como el que se está creando, el terrorismo podría tener frutos.
El seminario convocado por Conciudadanía tuvo tres momentos muy dicientes. Una presentación de las experiencias locales en que autoridades y organizaciones sociales mostraron sus trabajos por el restablecimiento de los lazos comunitarios. Una sesión de trabajos y reflexiones académicas sobre las condiciones de la justicia en tiempos de transición de la guerra a la paz. Y un panel político en el que los voceros del Polo Democrático y del Partido Liberal se esmeraron en demostrar que este no el momento de la reconciliación. Lo que quieren decir estos partidos es que no desean la reconciliación, porque en política los diagnósticos reflejan las intenciones. Notables líderes políticos no desean "volver a las amistades", sólo perpetuar su pelea de gatos.
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