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Sueños de sonámbulos

17 de mayo de 2009
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Entre tantas pestes, escándalos y crisis ahora prefiero hablar de una cuya importancia suele ser minimizada, pero el poeta me justifica: "Ese rugido / que llega del estadio en la noche / El alma colectiva se desfoga". Escribió José Manuel Arango viendo espíritu donde otros ven distracción u ordinariez. Porque ahora la roja alma colectiva de la quinta parte de los antioqueños, esa minoría exquisita que somos, está resentida.

Los hinchas del Medellín no nos sufrimos por perder, finalmente Gabriel Romero sigue teniendo razón con aquello de "no necesito que estés arriba". Normalmente los aficionados del Medellín nos damos razones para nuestra lealtad siempre que el equipo intente jugar con un estilo propio y conocido, le gane a veces al rival de patio, clasifique a los cuadrangulares y gane un campeonato de vez en cuando. No es mucho pedir.

Ahora que se cumplen cinco torneos bajo la administración de "Sueños del balón", se ven los saldos negativos: fútbol propiamente, cuatro meses en el torneo anterior; triunfos sobre el contrario, uno; eliminaciones de cuadrangulares, dos; trofeos, cero. No hablemos del desencanto que se ha producido en la afición o la desvalorización del patrimonio. Recibieron un equipo con tres jugadores en la Selección Colombia y ahora no hay ninguno.

Dice Jorge Barraza que el secreto de los equipos sólidos en el mundo es la organización, más que los jugadores o los técnicos. Cuenta la historia de cómo equipos quebrados (Colo-Colo), sin talento (Boca) o sin afición (Libertad) se convirtieron en corto tiempo en instituciones exitosas y atractivas para los inversionistas y el público.

La administración del Medellín da grima. A mí me tocó comprar boletas en una mesa puesta en un garaje alquilado con un patrullero al pie, manejando la plata en un cajoncito de madera como en cualquier tienda de barrio. Ese es un detalle ilustrativo. Lo más grave fue cuando el equipo llegó a la final del campeonato y los directivos salieron a pelear en público por los salarios de los jugadores y antes del primer partido con América ya habían transferido a más de la mitad del plantel.

Los directivos del Medellín en lugar de darnos la quinta estrella, acaban de empacarnos la quinta cola (69, 78, 81, 96). Han agarrado nuestra alma colectiva del cuello y la han abofeteado y pateado. Así se siente el hincha rojo. Después nos sermonean con la asistencia al estadio. Una vergüenza: siempre quedamos más adelante en la lista de taquillas que en la tabla de clasificación.

"Sueños del balón" tiene sus potencialidades. Son gente del fútbol y es bueno que los equipos estén en manos de gente del fútbol; la mayoría son conocidos y respetables; hay al menos uno que pertenece a nuestra alma colectiva y que le duele cada fecha como Hernán Darío Gómez; pero una institución de éstas no se puede manejar con mayordomos improvisados.

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