Desde pequeña Sophia Vari sintió la necesidad de expresarse. Descartó que fuera a través de la escritura o el piano, esos instrumentos que por tradición estaban destinados a las mujeres griegas en la década de los 40.
Rayando los 17 años decretó que lo suyo era ser artista. Empezó con la pintura figurativa creyendo que sería un camino fácil. Después llegó a la escultura, aunque vuelve a los pinceles, por ejemplo cuando viaja.
Su casa, dice, es donde esté el maestro Botero. Ese hombre que conoció en una cena en París, donde conversaron en francés sobre arte y hoy, tras 36 años de matrimonio, siguen usando ese mismo idioma para contarse lo que se cuentan los artistas y los esposos.
EL COLOMBIANO entrevistó a la escultora en el estudio de su casa en Rionegro.
Hablemos de su actual exposición en Cartagena que, entendemos, es la segunda que realiza en el país.
“Hace muchos, muchos años tuve una exposición en Bogotá con la Galería de Alfred Wild, pero era una exposición chiquita de cuadros y esculturas. Pero esta es verdaderamente la primera vez que yo hago algo grande, fíjese que son esculturas monumentales, la de menos con cuatro metros de altura. En total son 15. La hice con la Galería Nohora Haime de Nueva York. Ella me propuso que trajéramos la obra a Cartagena cuando estaba exponiendo en La Castellana, en Madrid. Yo trabajo con Nohora desde hace 25 años. Ella habló con la alcaldesa Judith Pinedo de Cartagena, que es esta mujer excepcional, quien se entusiasmó con la idea, tomamos la decisión y las esculturas viajaron directamente de Génova al puerto de Cartagena. Yo tenía un poco de miedo porque Cartagena es una ciudad maravillosa, es la más linda ciudad que conozco, llena de restaurantes y cafés, con una vida tan alegre y no quería perturbarla. No quería que esa sensación de sentirse feliz se viera afectada ante la exhibición de esculturas monumentales. Veía complicado encontrar los puestos perfectos para las esculturas”.
¿Cómo trajeron las esculturas, fue difícil?
“Las esculturas han estado en muchas partes ya: Roma, Génova, Inglaterra, Grecia, Pekín, Tenerife, Madrid, varias ciudades del mundo. Cada vez yo hago la instalación. Sé mucho de eso y le digo la verdad, en Cartagena inmediatamente entendieron cómo eran las cosas con el manejo de las esculturas. Fue difícil porque durante la organización estuvo lloviendo todos los días y trabajábamos desde las 8:30 p.m. hasta las 5:30 am. con el fin de no entorpecer el tráfico. Todo el mundo colaboró mucho. La gente llegaba y preguntaba en qué podía ayudar. Era una maravilla, se volvió como una fiesta. Tuvimos toda la libertad para trabajar. Yo adoro, amo a Cartagena”.
¿Planea traer la exposición a Medellín o Bogotá?
“Me gustaría mucho traerla a Medellín, te digo la verdad, porque Bogotá no se presta mucho para exhibir esculturas monumentales al aire libre. Medellín sí, mucho más porque tiene los parques y muchas zonas verdes, y porque yo me siento muy paisa. (Risas). Me da mucha emoción cuando venimos y visitamos el Museo de Antioquia, después la Plaza Botero, todo impecable, todo perfecto. Y la forma como nos reciben.... realmente yo siento una cosa muy especial. Medellín es una ciudad muy linda. Es que el paisa tiene algo especial: quiere a su país y su ciudad, conserva mucho respeto respecto a todo, además porque es limpio, impecable”.
Ese sentirse más paisa es porque el también se lo ha contagiado el Maestro?
“Claro, y yo muy feliz de este contagio. Me ha hecho una gran impresión porque cuando nos conocimos hace 36 años aprendí una cosa increíble: cómo es de importante tener un amor así por su país. Él verdaderamente tiene un amor profundo por su país, por su región paisa, por Colombia. Ha sido una grata lección para mí. En cualquier parte del mundo donde se encuentre, ya sea París o Pietrasanta, a pesar de que habla varios idiomas, él es colombiano totalmente con acento paisa”.
En Cartagena le entregaron las llaves de la ciudad. ¿Qué sintió al recibirlas? ¿Es la primera vez?
“Sí, es la primera vez. Yo tenía una gran emoción, antes de esto, cuando me regalaron la nacionalidad y el pasaporte colombiano. Esto fue muy grande, estábamos en Italia. Y ahora en Cartagena me dicen “Hija Adoptiva”! Me gusta mucho que me digan así”.
¿Cuándo y por qué decidió cambiar su apellido?
“¿Cuál, Kanellopulus? Hace mucho tiempo de esto. Debes pensar en la época en que nací, años 40 y principios de la guerra. Yo regresé a mi país de Suiza a donde me había ido con mis padres. Después de 10 años me tocó a aprender mi idioma como una extranjera. Grecia, en esta época, era un país de contradicciones muy antiguas. Yo no pienso que sea un defecto, eran así. Cuando ya tenía 17 años la única cosa que tenía cierta era que quería ser artista. En ese momento, una mujer que pensara así no era exactamente bien visto, y mucho más si provenía de una familia de políticos e industriales. Lo que esperaban era que uno tuviera un esposo, muchos hijos y quizás la mínima expresión artística de que tocara piano, si acaso, (risas). Luego cuando me casé y fui a París e ingresé a L´Ecolle de Beaux Arts pensé que lo mejor era asumir mi responsabilidad y no la de mi familia. Fue entonces cuando decidí cambiar el apellido. Además, nuestro apellido Kanellopulus es muy largo. Por eso decidí elegir Vari, que era un pueblito muy chiquito en esa época, donde tenemos la casa de campo y que hoy es ya parte de Atenas”.
Empezó con la pintura pero reconoce que no fue un camino fácil...
“Como toda griega, empecé con pintura muy clásica, si bien la escultura es mucho más relevante en Grecia, más que en Italia. En realidad yo fui siempre una escultora que pintaba y no una pintora que hacía escultura. En esa época me gustaba hacer la escultura a la cera perdida, de la manera clásica como en la época de Miguel Ángel. Es una cosa muy difícil porque uno necesita un gran espacio. Claro que existen los talleres grandes para hacerlo pero era muy costoso. Era muy difícil, estando tan joven, empezar con esto. Era más “fácil”pintar, eso cree uno, pero es mucho más complicado manejar la técnica. Uno piensa que puede hacer cualquier cosa, pero no, porque la técnica de la pintura es mucho más complicada, más exigente que la misma escultura y no es tan complicado en cuanto a los espacios y los materiales para trabajar. Era una pintura totalmente clásica. Yo traté de aprender muy bien a dibujar, recorría mucho los museos, miraba muchos libros. Traté, verdaderamente, de tener una riqueza del conocimiento de todo lo que se llama el gran arte. Después de un tiempo, cuando ya estaba más organizada y estaba en París y tuve la posibilidad de acceder a talleres empecé con la escultura. Llevo en escultura muchos años, 20 o 25. Hubo un momento, después de que empecé con la escultura igualmente figurativa y clásica, en que tuve mucho respeto por lo que se ha hecho a lo largo del tiempo y empecé con la abstracción convencida de que da la libertad que no da la figuración. Para mi y mis convicciones del arte, la composición de los volúmenes y el espacio, la armonía entre ellos, me hizo sentir esclava de la figuración porque no me permitía esa composición, esa melodía que yo quería con los volúmenes”.
Sorprende que en ese entorno griego tan clásico, rodeada por los grandes maestros, hubiera elegido la abstracción
“Cierto. Yo me sentía muy clásica pero si se compara con el arte que se hace hoy, estoy a kilómetros de esto y digo la verdad porque no entiendo lo que hacen. Soy muy clásica en la técnica, sea pintura, acuarela o mármol, lo manejo siempre de una manera muy clásica. Y después, cada aspecto de mi trabajo tiene una atmósfera, una idea, una emoción figurativa, que recoge aspectos del momento, la actitud. Todo es con una manera de hacer las cosas muy barroca, con sensualidad, que deja ver la parte figurativa. Eso es lo importante para mi. Yo tengo una obsesión por la geometría y por la composición de los colores. Hay un crítico en Italia, Antonio Scargli que ha dicho una expresión sobre mi trabajo que considero es muy buena. Él dice que yo humanicé la geometría. Pienso que estas dos palabras dicen mucho de mi. Me gusta mucho la geometría y tengo la convicción de que esto es muy indispensable para el arte; en las obras de todos los grandes artistas de la época se ve la aplicación de la geometría que las hace impecable. Es como la composición y la armonía en la música”.
¿Y qué tan importante es el color?
“Es muy importante porque con el color se hace otra composición. El color es muy difícil, hay unos que van bien juntos, que se maridan. Cuando me decidí por la escultura hace 20 años, me sentía muy frustrada porque ya no tenía la posibilidad de trabajar más con el color. Porque el color es otro problema muy importante de confección, es otro tema importantísimo. Yo tomo la escultura y me pongo a pensar y a estudiar el color a través de los collages con cartones, papeles. En realidad la escultura es algo muy manual, a mi me gusta mucho trabajar con las manos, por eso con los collages siento un amor cercano a la escultura y el color. Las sombras de los papeles dan la dimensión. Después de los collages, empecé con la pintura, los cuadros. Cuando regresé a la escultura yo tenia esta idea que no era en absoluto nueva: las pinturas siempre estaban en las esculturas pintadas de la Acrópolis. Y pensé: ¿por qué no pongo color en las esculturas? Esto fue una parte muy importante de mi trabajo, es muy barroco. ¿Y qué es barroco? Muchos volúmenes que se tocan, que se mezclan, que parten de una lado y salen. Y de otra parte esta la alegría, demasiadas cosas que yo he hecho en estos volúmenes. Y otra parte más de mi que es la plasticidad, las cosas muy esenciales. La primera vez puse las dos cosas juntas: toda la composición barroca de mi escultura con los volúmenes y después con la pintura empecé a pintar las partes importantes que yo creía de la escultura en la composición. Las de Cartagena tienen partes pintadas y una composición más clara”.
¿Qué materiales prefiere a la hora de trabajar?
“Otra cosa de mi origen griego: nunca te atreves a pensar en utilizar un material que no sea noble. Además considero que el arte debe durar para siempre y que no se debe destruir nunca. Esta es una cualidad artística. Para la escultura me gusta el bronce a la cera perdida. Igualmente me gusta el mármol. Uso un mármol exquisito, el mejor del mundo, del cual ya solo existe poco, el Mármol de Paros que es muy blanco, translúcido, tiene como una luz interna. Cada que encuentro pedazos lo compro porque considero que es el mejor que existe. Tiene la gran cualidad de que cuando uno lo trabaja, es muy raro y en el centro tiene una mancha negra. Y esto solo lo descubres cuando llegas a ese punto, uno va trabajándolo y es tan blanco cuando de repente, tas, aparece este negro. Nadie puede saberlo, es imposible saber. El Mármol de Paros tiene una excelente calidad. Es totalmente puro. Y en pintura no existe algo mejor que el trabajo con trementina, sentir el óleo, el lienzo, la acuarela; es parte de la belleza de poder tener el material en mis manos. Esto se diferencia totalmente de los trabajos en acrílico, donde no encuentras sensualidad”.
¿Sigue haciendo las joyas?
“Sí, es otra parte de mi trabajo. Son esculturas pequeñas, uso mucho la plata y el oro. Nunca uso piedras porque son realmente esculturas chiquitas, si acaso utilizo una perla porque necesito un punto blanco o un coral porque necesito un tono rojo. Esto empezó así porque cuando tengo la idea de una escultura la saco en pequeño, en dimensiones que yo pueda tocar, intervenir, corregir. Nunca he cambiado la manera de trabajar. Hago una maqueta chiquita. Y no son solo anillos, son prendedores, collares, todo. Los hago para mi, al momento que veo que me falta algo, un detalle. Luego las amigas se fueron antojando. Muchas de estas maquetas se han convertido en esculturas monumentales”.
¿En qué se inspira?
“Pienso que la inspiración viene de adentro, de la necesidad de expresarse. Quizás solo un cinco por ciento puede uno decir que viene del arte, de la pintura, en alguna cosa y eso provoca la otra. Como estos dos volúmenes juntos, para empezar, explica mientras se pone de pie y se dirige al lienzo. Entonces lo miro y pienso que estas tres juntas se ven bien y voy viendo la composición, así, poco a poco. Después de verlas juntas me provoca poner estas otras para que se equilibre y así me va llevando hasta lograr la composición. Es exactamente como la música, son dos o tres notas hasta que vas llegando a la armonía. Es cuestión de equilibrio de los volúmenes. En una escultura, es mucho más difícil por el espacio. En la pintura o la acuarela, tu tienes la posibilidad de crear el fondo que quieres y creas una ilusión total. En la escultura no. Haces la parte frontal y piensas en la composición de volúmenes, después vas a la parte de atrás y así. Yo digo que una escultura, al fin, son seis esculturas: frontal, posterior, dos laterales, arriba y abajo y cada una tiene que estar perfecta con la otra y el entorno, de manera que cuando pases caminando veas la composición perfecta sin ver un vacío”.
Claro y ahí entonces no hay nada para esconder...
“Exacto, es el gran reto. Por eso me da rabia del arte de hoy que llamen escultura a una obra que solo tiene dos o tres caras, o solo la parte frontal y no más. Verdaderamente la escultura no es una, es mínimo seis”.
¿Qué es lo más difícil al momento de crear?
“¡Uf, es una muy buena pregunta! Se queda pensativa y responde: el pánico. Tu debes pensar que tienes la tela blanca, no más. La tela es linda, el color de la tela me gusta, trabajo siempre con tela de algodón. Pero en la escultura, tienes aquí al lado un bote de barro. Y lo miras, con ese aspecto tan horrible y te dices, ¿qué hago con ese barro? ¿Qué vas a hacer? ¡Es barro! Y sientes entonces un pánico. La única manera de superarlo, de empezar a hacer una pieza, es reconocer y aprender siempre del arte. La única cosa que le ayuda a uno, que están pensando los artistas más grandes en todas las razas del mundo viene con un entusiasmo, una serenidad, una emoción que tienes, como una ilusión de fundirte, de que tu realmente puedes hacer una pieza de arte. Tu sabes muy bien que es imposible, pero piensas que puedes. Y pasa el día y no importa, tienes el entusiasmo para empezar a trabajar”.
Habla de la armonía y de la música. ¿Qué clase de música le gusta?
“Casi todos los géneros musicales que existen, pero no escucho mucha música”.
¿Ni siquiera trabajando?
”No, para mi la música más importante es el silencio. Uno tiene que pensar y debe entonces eliminar las cosas que no son importantes para encontrar el mejor camino como es escuchar su propia voz y no estar con otras distracciones. Tengo mucho respeto por la música y cuando la escucho me siento en una silla a escucharla, para mi no es un fondo. Sé que los jóvenes como mi nieto escuchan música, escriben en el portátil, en los móviles, todo al mismo tiempo. Pero yo no soy así. Tengo mucho respeto y cuando es a escuchar música me siento. Mi entrega por el arte es de tanto tiempo y el día tiene 24 horas no más. Con los años comprendí que ya yo tengo poco tiempo y escuchar música o leer me quita tiempo para el trabajo, porque cada minuto que puedo tener es para mi trabajo. Ya pasaron muchos años, soy realista y tengo la esperanza de que al fin yo pueda hacer una obra buena. Todo lo que hago hasta ahora son experiencias. Nunca pienso que ya he hecho la gran obra”.
Pero tiene muy buena crítica...
”Sí, pero yo en cada pieza voy corrigiendo, como te decía antes. Cada vez que tengo una exposición veo detalles para corregir, mejorar. Soy feliz de entrar a mi estudio para corregir todo lo que vi que no me satisfizo. Por eso uno solo piensa en trabajar, trabajar, trabajar, con frenesí, porque en mi vida quiero corregir las cosas que he hecho con la esperanza de conseguir, algún día, una pieza buena”.
¿O sea que está compitiendo contra el tiempo?
”Sí, totalmente”.
Hablando de esto, cómo hace la artista para combinar con las funiciones de esposa, madre, abuela, ama de casa...
”No soy joven con hijos chiquitos. Eso es muy complicado. Yo tengo tanta admiración por las mujeres de hoy. La mayoría trabaja, regresa a casa a cocinar, lavar, planchar esperar el marido. Mi admiración es total por las mujeres que atienden la casa, el marido, los hijos y el trabajo. Yo he tenido la fortuna, siempre, de contar con ayuda. Esta es una fortuna inmensa. Claro que con el tiempo vienen otras cosas como el trabajo, los viajes, las exposiciones, definir catálogos, el montaje de las exposiciones. Esto me toma mucha tiempo. Sí, es parte del trabajo, pero esto explica en parte por qué hago poquísima vida social, algo que nunca me gustó mucho. Lo hago cuando es indispensable, por trabajo más que todo. Y la cocina... no entro nunca porque soy una pésima cocinera, afirma mientras se ríe. Lo que hacemos nosotros, como estamos todo el tiempo encerrados en los estudios, es que siempre salimos en la noche a un restaurante donde, además, nos sentimos vivos entre la gente. Contrario a quienes trabajan en una oficina y no ven la hora de que llegue la noche para descansar en la casa”.
Ya que menciona al maestro, le preguntamos hace poco cómo se conocieron y nos dijo que en una cena. Queremos conocer su versión.
“Fue la cosa más banal. Yo quisiera encontrar otra forma de decirlo, más divertida. Nos conocimos en una comida. Empezamos a hablar en francés porque yo no sabía ni una palabra en español, lo hablo muy mal, ahora me defiendo. Fue en París, algo muy clásico, una cena con bastante gente, una gran mesa. Yo conocía poquísimo su obra, casi nada. Conocí primero al hombre antes que al gran maestro y luego pasó bastante tiempo porque yo tenía problemas que resolver y el también. Él se divorció y yo también”.
¿Siguieron hablando en francés?
”Sí porque mi infancia fue en Suiza. Además él me dice que si no practica conmigo lo olvida y yo quería que él me hablara español para aprenderlo. Me falta mucho vocabulario, quiero hablar en términos más técnicos por mi trabajo, pero debo confesar que soy perezosa con los idiomas, me gusta hablarlos sí, pero no estudiarlos”.
Tiene usted una figura envidiable. ¿Cómo lo logra? ¿Qué le gusta comer?
“Creo que en la vida todo es cuestión de disciplina. El trabajo exige disciplina: es tan fácil no entrar al estudio a trabajar. Es fácil quedarse en la cama, que estás cansada, que ya tengo mis añitos, que el efecto del jetlag, que la fatiga, que tuve mucho trabajo por un catálogo, existen muchas excusas. Es cuestión de disciplina: bien, mal, cansada o no entro al estudio a trabajar. Con el resto es la misma cosa. Por ejemplo si un día como mucho al siguiente ayuno”.
¿Pero lleva alguna dieta en particular?
”Tengo una gran ayuda y es que por problemas de salud, por varias operaciones que son otro tema, tengo que estar muy atenta a lo que como. Esto ayuda. Pienso mucho que no es mejor cinco minutos de satisfacción por cinco horas de dolor, no. Por esto tengo una disciplina fácil con la comida. Es otro pánico, si como más sé qué me pasará. Adoro comer, adoro beber, pienso que la comida colombiana es maravillosa, los chorizos, el aguardientito, pero no el tapa azul. Y también la comida italiana, toda mi familia está en Italia. Adoro la pasta. Ahora que estamos aquí nos reunimos con la familia, 20 a 30 personas, y son comidas de tres y cuatro platos, y casi cuatro horas en la mesa. Por eso aquí sí que necesito disciplina”.
¿Sigue alguna rutina de ejercicios?
”No, para nada. Soy fatal para el ejercicio. Me cuido pero el tiempo pasa y uno se afloja. Esto lo disimulo con la ropa, dice riendo. El ejercicio espanta el arte porque en el momento en que estás haciendo ejercicio piensas en tu cuerpo y esto es exactamente lo contrario al arte, porque en el arte tu debes olvidarte que existes. De ahí que muchas veces cuando uno está trabajando uno no siente cansancio ni dolores, estás tan metido en el tema, tan concentrado en buscar la solución, que uno se olvida de uno mismo. Es cuando sales del estudio cuando sientes que te duelen las piernas o los brazos o la espalda. Por eso odio los cócteles, donde tengo que estar de pie sin estar trabajando. No resisto ni dos minutos. Pero llego y me meto en el estudio siete horas de pie y no pienso en cansancio ni en nada diferente a lo que estoy haciendo”.
Cuando se encuentra a una pareja de artistas uno se pregunta si van y se miran lo que hacen, si se hacen críticas. ¿Cómo es esta relación con el Maestro?
“Es muy difícil. Hay casos, digamos en la relación escritor con escultor, músico con escritor, es diferente. Cosa distinta sucede cuando son dos pintores, dos escultores, dos escritores, es siempre muy difícil. Porque el artista está muy concentrado en lo que hace y considera que trabaja en lo más importante, así piensa uno. Es tu pasión. Manejar la pasión de dos artistas es muy difícil. En artes plásticas los grandes artistas, que ya han hecho una gran obra, se entienden más fácil cuando son del mismo nivel. En el caso del maestro conmigo es estar en una cuerda delgada todo el tiempo”.
¿Miran el trabajo del otro?
“Mirar el trabajo es un gran riesgo. Hacemos el trabajo totalmente dentro del desarrollo de una idea que uno la quiere hacer, una idea muy fuerte, muy segura y muy importante. Si en ese momento te hacen una crítica te pueden hacer daño, puede hacer que tu idea, esa en la que estás concentrado te haga daño. Después de que ya está hecha la pintura o la escultura, cuando está terminada, entonces sí. Uno puede ir, pensar, repensar, recorrer museos donde te puedes estar 20 minutos frente a una obra y aprender. Pero lo que no se debe es interrumpir el proceso de creación”.
¿Alguna vez se ha sentido intimidada por la obra del Maestro?
Suspira y hace una pausa. “La palabra intimidada, si la entendemos como traducción de total admiración sí. De hecho no entro nunca en su estudio sin estar invitada porque siento un total respeto cuando él está trabajando. Es la persona que más quiero en el mundo, que más respeto. Cuando entro en su estudio me asombro siempre por su inmenso conocimiento del arte, sabe tanto, sabe tanta técnica. Y no hablo de su estilo, del mundo que ha hecho, sino de la técnica, la manera en que la hace, el respeto que tiene por el gran arte. Con los años que tiene siempre está en función de hacer las cosas mejor. Siempre está estudiando, pensando, mirando para hacer las cosas cada vez mejor. Entendido así, sí me siento intimidada por su obra. Para mi es el más grande artista contemporáneo que conozco”.
Ese respeto por los estudios donde trabajan es entendible. Pero hay momento en que se dice: si Fernando me opinara sobre esto...
“¡Siempre! Fernando me ha ayudado mucho, porque en nuestros 36 años que llevamos juntos con alguna frecuencia me he perdido. Uno se pierde probando esto o aquello y se confunde, y él siempre me pone en el camino de lo que es bueno para mi. Y lo mejor es que siempre me ha hecho sentir a su nivel. Hablamos de arte todo el tiempo, los dos y lo hacemos con una atención profunda, y luego a la hora de la comida hablamos de esto y yo hablo de su trabajo, de la exposición. Y mira mi trabajo con profunda atención”.
La vida de ustedes va siempre de un lado a otro. Casa en París, Nueva York, Italia, Rionegro. ¿Dónde está su ancla?
“Para mi el ancla es donde esté Fernando, ya sea en China o Medellín, y el espacio para trabajar. En todas las casas tenemos estudios. Eso es bueno, disfrutas además porque es bueno cambiar cuando llevas un mes en un mismo sitio. Si te quedas en un mismo estudio uno se va llenando de cosas. En cambio así, sabes que tienes lo necesario. Además, cuando llegas al otro estudio donde no hay nada es como enfrentar esa sensación de que ¡No he hecho nada!
Entonces viajan ligeros de equipaje...
“En mi equipaje llevo tres cuartas partes con materiales de trabajo y una cuarta con ropa. Hoy en día en casi todas partes se puede comprar todo. Pero lo que nunca puedo dejar al salir son mis pinceles, es imposible, son como 20 o 25, no sé exactamente. También llevo conmigo algunos colores que considero indispensables y que no puedo correr el riesgo de llegar y no encontrarlos. Hay ciertas cosas que son indispensables como estas. Otras que al no encontrarlas te obligan a ser recursivo. Todo es una experiencia. Yo paso de una experiencia a la otra”.
Hablando de ancla, ¿tienen ahora una casa flotante?
“Es un barco. En una de las cabinas el maestro le hizo su estudio y se acostumbró al movimiento de las olas y no le afecta. Yo también tengo estudio, pero diferente. Allí es donde trabajo las joyas porque para hacerlas no necesito más espacio que la mitad de esta mesa. Puedo trabajar perfecto. Es un yate que tenemos en Montecarlo y se llama Paloma. Lina se encargó de la decoración”.
¿Por qué tiene un espejo en el estudio?
“El espejo es muy importante en la pintura, al igual que en la escultura, porque cuando miras la obra en el espejo la ves al revés y al hacerlo puedes mirar la composición mucho mejor si está bien o no. No es para yo mirarme”.
Tiene usted, al igual que el Maestro Botero, el agüero de que nadie puede ver una obra inconclusa en el estudio?
“Sí, también. Por eso les dejo ver estas obras que están terminadas”.
¿Qué es lo que más le gusta de Colombia?
“Pienso que lo que más me gusta son las personas. Esa alegría, esa forma de ser que yo definiría casi irresponsable. Siempre dicen: tranquila, ya pasó o no pasa nada. Parecieran no preocuparse por la vida. Pienso que uno aquí en Colombia no se puede morir, sobre todo me refiero a la parte paisa. Ese entusiasmo para hacer las cosas y para expresarlas, son muy extrovertidos”.
¿Cómo ha hecho para sostener esta relación con el Maestro por tantos años?
“Pienso que como en cualquier pareja, necesitas de verdad mucho amor. Amor, que es diferente de pasión porque ésta pasa. También mucho respeto de la libertad e independencia del otro, admiración, inteligencia y paciencia”.
Las frases
"Prefiere trabajar con delantal porque es muy práctico y en su estudio tiene un afiche de una obra del maestro Fernando Botero, su esposo.
"Utiliza una técnica especial para trabajar la acuarela sobre el lienzo, siempre de algodón."
"Siempre trabajo de pie y solo me siento cuando trabajo mis joyas, que son esculturas en miniatura."