Haciendo uso de mi derecho al desahogo, me permito hacerle al señor Alcalde, como cabeza visible de las autoridades de la ciudad, el siguiente cuestionario:
¿Sabe que hay conciertos diferentes a los de Madonna?
¿Se “deleita”, como nosotros en los barrios, con los conciertos de balas ofrecidos por los delincuentes cada noche? ¿Conoce el significado de la palabra “aterrador”? ¿Sabe que “aterrador” es sinónimo de horrible, pavoroso, espeluznante, terrorífico y espantoso? ¿Sabe cómo suena un concierto de balas? Como una disfonía de sinónimos.
¿De verdad siente que la ciudad está bajo control? ¿En serio?
¿Le parece muy significativo el aumento de 3,7 a 3,9 en la calificación de seguridad según la última encuesta de Medellín Cómo Vamos ?
¿Cree usted que el Estado tiene la obligación, que no el deber, de garantizar la seguridad a los ciudadanos?
Además de recorrer las calles del centro custodiado por sus guardaespaldas, ¿qué otro deporte de alto riesgo practica? ¿Alguna visita a un barrio popular, solo, después de las nueve de la noche, por ejemplo?
¿Sabe cómo nos queda el corazón cuando nuestros hijos universitarios salen de casa a las cinco de la mañana a tomar el bus para llegar a clase de seis? ¿Encogido de miedo? ¡Correcto!
¿Reconoce la diferencia entre alcalde y relacionista público?
¿Conoce la nueva modalidad de atracar a los taxistas especialmente en los barrios altos? Una vez que se baja el pasajero, de la nada aparecen dos o tres atracadores, rodean el carro, miran el taxímetro y, revólver en mano, exigen al conductor la mitad de lo marcado.
¿Qué es impotencia? Estar comprando algo en la farmacia de su sector, coincidir con el extorsionista que va por la vacuna y no poder decir ni mu, porque es la voz o la vida. ¿Cree que así es posible el desarrollo y ejercer el derecho al trabajo?
Eso de: “Los tenemos identificados. Pertenecen al combo tal, que actúa en…, los estamos investigando y…” ¿ustedes se lo creen?
¿Sabe que hasta el pelo largo de las mujeres se lo están robando? Sé de varias que han sido víctimas del cartel de las tijeras. ¡Horror!
¿Cómo se les quita poder a los dueños de cuadras que siembran el terror y marcan fronteras invisibles, evidenciadas por muchos muertos inocentes?
La delincuencia no empezó el día de su posesión, pero aun conociendo la situación de la ciudad, se comprometió a hacer de “Medellín, un hogar para la vida”. Con la mano en el corazón, dígame: ¿Siente que en momentos como este, su eslogan es un monumento a la ironía?
Me dirá que los ciudadanos somos cobardes y que no denunciamos. Punto a su favor. Y que también ha habido aciertos, cierto, pero son opacados por la inseguridad, que nos llena de zozobra. ¿Hay programas sociales de largo aliento que auguren mejores vientos por venir?
Ahora, si usted considera que estas preguntas no tienen ninguna pertinencia, a la papelera con ellas. Y disculpe… Tal vez sea problema de simple percepción.
Lamento parecer la primera página de un periódico sensacionalista pero, ante la desesperanza de la inseguridad, la indiferencia no es una opción para este pecho.
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