En la cara, en el cuerpo y en el alma se les veía el frío. La mayoría de ellos había nadado más de cuatro horas en las aguas del embalse Guatapé-Peñol.
El solo terminar era todo un acto de heroísmo que, para algunos, los menos afortunados, concluyó con los visos de la hipotermia en el hospital.
Verlos salir del agua era como apreciar a los sobrevivientes de un naufragio.
Por fortuna, todos aguantaron, unos en mayor o en menor medida ante el reto de nadar distancias que resultan de asombro y que hacen del triunfo o de la derrota toda una antología de la resistencia.
Johanna fue socorrida con prontitud. Las toallas volaron, lo mismo que sobre la humanidad del moreno Alexánder. El telón de fondo fueron los compañeros, para después ser abrigados desde la cabeza hasta los pies, incluso hasta con cobijas para devolverles el estado natural a sus agotados y ateridos cuerpos.
Y eso que el día fue bueno en Guatapé, un escenario que cobró más vida deportiva con la Villa Náutica, donde Indeportes puso su larga y generosa mano.
Todos fueron héroes de la resistencia en esos 6 mil y 20 mil metros, los que incluso fueron afrontados por partida doble por algunos atrevidos retadores de las largas distancias de los Juegos Fedecas.
Por eso, los triunfos de Johanna Alegría, Alexánder Jiménez, Jairo Alberto Taborda, los tres de Antioquia, y Lina Arango, de Bogotá, fueron doblemente gratificantes, porque resultaron tan resistentes que ni la naturaleza los pudo vencer. ¡Héroes!
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