La madurez democrática que ha alcanzado Chile después de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) es tan inobjetable como el triunfo del candidato de centroderecha Sebastián Piñera, el pasado domingo, y deja importante lecciones para Latinoamérica que, sin duda, serán definitivas para decidir el rumbo político en la región.
Chile habló claro y decidió dar un giro después de 20 años de gobiernos de centroizquierda. El legado de Ricardo Lagos y de Michelle Bachelet son bases sólidas sobre las cuales Piñera podrá seguir en la consolidación política y económica del país austral, visto en la región como un ejemplo de cambio, desarrollo y liderazgo.
Los chilenos son los grandes vencedores de esta justa democrática. El primero en hacérselos saber fue el propio Piñera, que en su discurso de triunfo invitó a la unidad nacional y tendió una alfombra roja a todos los partidos políticos, para "sacar a Chile, de una vez por todas, del subdesarrollo", pero también una estrategia para buscar alianzas en el Congreso, de mayoría opositora.
De Perogrullo, el triunfo de Piñera no sólo es una derrota para Eduardo Frei y su coalición de Concertación, con Bachelet a la cabeza, sino también para Hugo Chávez. Se puso una contundente barricada al llamado Socialismo del Siglo XXI.
El rápido reconocimiento del triunfo de Piñera por parte de Frei es otro hecho importante, porque aleja la polarización política que acompañó la campaña electoral y pone a todos los chilenos en el objetivo de consolidar un modelo de desarrollo que no le pertenece a ningún partido, pues se convirtió en una política de Estado. Mantener esa unidad en torno a intereses comunes será parte fundamental del mandato de Piñera.
El resultado electoral de antier, 51,6 contra 48,3 por ciento, no es un cheque en blanco para Piñera. Tampoco una demanda por regresar al pasado o por ensayar caminos aventurados o estrambóticos. La ruta seguida por Chile desde la década del 80 no admite atajos. Su ingreso per cápita, que está en 15 mil dólares y la notable reducción de la pobreza, han puesto al país a la cabeza de América Latina (casilla 40) en materia de desarrollo humano.
No obstante, hay nubes grises en el firmamento: las fallas en la educación, el desempleo y la creciente delincuencia, como producto de los vacíos en las dos anteriores. En política exterior no son menos los retos. Las disputas limítrofes con Perú, y el reclamo de Bolivia de tener derecho a una salida soberana al mar, estarán en la primera línea de su agenda.
Colombia, por su parte, ha ganado un aliado fuerte dentro de su objetivo de firmar un TLC con Estados Unidos, ingresar a la Cooperación Económica Asia-Pacífico (Apec) y conseguir más simetrías en la lucha contra la guerrilla, el narcotráfico y el terrorismo.
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